Valdés

El concejo de Valdés se encuentra enmarcado en la zona occidental del litoral asturiano, limitando, lógicamente, por su parte norteña con el mar Cantábrico, por el este con los concejos de Cudillero y Salas, en el oeste con Navia y Villalón y por el sur con los de Tineo y Salas. Comprende una extensión total de 352 km2.

Valdés se encuadra dentro de la morfología estructural del occidente Asturiano, es decir, está compuesto por grandes unidades montañosas y valles dirigidos preferentemente en dirección norte-sur. Con esto se pueden distinguir tres unidades geomorfológicas claramente diferenciadas. La costa litoral, la zona montañosa y los valles interiores. La zona de la rasa costera presenta una mezcla de acantilados, estuarios, dunas y playas, destacando el cabo Busto con 60 metros de altitud, así como las playas de Otur, Barayo, Touran, Tablizo, Cadavedo, la Cueva y las tres de la villa de Luarca. La zona montañosa pertenece en su totalidad al periodo paleozoico inferior, con formaciones silícico clásticas que están afectadas por la orogenia herciana. Las alturas más importantes de Valdés se localizan por el sur en el límite con el concejo de Tineo, siendo las sierras de Adrado, Silvallana, Estoupo y Buseco sus accidentes más importantes, no llegando ninguna de ellas a sobrepasar los 1.100 metros de altura. Por último la zona de los valles interiores, presentan una orientación preferente norte-sur, como ya dijimos anteriormente, siendo de poca amplitud y estando encajonados la mayoría de ellos, salvo las vegas situadas en las mestas de los cursos medios fluviales.

Dentro de su red hidrográfica, dos son los ríos más importantes, el Esva (también llamado Canero), y el río Negro, que desemboca en la capital del concejo. El Esva entra en el municipio por la parroquia de paredes, atraviesa el concejo de sur a norte recorriendo un total de 29 kilómetros, tomando el nombre de río Canero al entrar en la vega de su mismo nombre. El río negro proviene de La Montaña, al límite con el concejo de Villayón, recorre un total de 19 kilómetros, hasta llegar a la capital, la cual parte en dos, donde desembocan sus aguas. Ambos ríos siempre fueron prolíferos en truchas, siendo el Esva, a su vez uno de los salmoneros de Asturias.

El clima de Valdés se presenta influenciado por la cercanía al mar, así como por las características de su relieve. Así, nos muestra diferencias notables, según nos encontremos en la zona interior o en la zona costera, siendo aquí las temperaturas mucho más agradables, tanto en invierno como en verano, llegando a tener hasta una diferencia de entre dos y cuatro grados. Con todo esto podemos afirmar que el municipio valdesano presenta un clima templado con transición al fresco, y variaciones considerables entre las zonas interiores y las costeras.

De la misma forma que sucede con el clima, la vegetación también presenta variedades según la zona en la que nos encontremos. Así en la franja costera tenemos especies aerohalófitas y halófitas en los acantilados, amnophiletea en las dunas, halófitas de praderas salinas en las marismas y muestras de ballicos y tréboles en la rasa. Hay que destacar aquí el paisaje que tenemos en la playa de Barayo, que ha sido declarado como reserva natural parcial. Por otro lado, en las zonas interiores se mezclan los matorrales, generalmente brezos y tojos, con especies autóctonas como castaños, robles y abedules, y también especies repobladas como son los pinos y los eucaliptos.

En cuanto a su fauna todavía se pueden divisar en el concejo aves marinas como los ostreros, los mazarinos y otras limícolas, además de las gaviotas. También tenemos especies de agua dulce como los salmones, truchas y anguilas, habitando aun las zonas interiores espacies como los jabalís, lobos, zorros y corzos.

 

Demografía de Valdés

Varias son las etapas en las que podemos dividir la evolución de la población en el concejo de Valdés durante el último siglo y lo poco que llevamos de este. Así desde que a principios del siglo XX, Valdés presenta una cifra aproximada de 26.000 habitantes, ésta se ha mantenido estacionaria hasta la década de los sesenta, fecha en la cual este estacionamiento se rompe de manera brusca, produciéndose en el siguiente intercensal un descenso de casi 6.000 personas, derivado sobremanera de una fuerte emigración. La década de los 70-80 nos deja una leve variación positiva en el flujo poblacional, recuperándose un poco la cifra, situación esta pasajera, pues a partir de este momento, la evolución vuelve a tornarse negativa, durando esta etapa hasta nuestros días en la que tenemos una cifra de 15.060 habitantes.

El fenómeno migratorio siempre estuvo muy presente en la vida de Valdés, siendo los destinos ultramarinos los elegidos por la población joven de Valdés en los comienzos del siglo XX, destino que cambió justo a mediados de centuria, donde las áreas centrales asturianas, españolas y europeas se llevaron muchos de estos movimientos. De igual manera, comentaremos el fuerte incremento que se produce en la población durante las épocas estivales, siendo Valdés uno de los concejos preferidos de toda la región asturiana para el disfrute del verano. Con todo ello las estructuras demográficas que se nos presentan, empiezan a mostrarnos un envejecimiento de la población, siendo éste más acusado en las zonas del interior, que cuentan con una población mucho más reducida que en las zonas costeras. En estas últimas partes, es donde se concentra el mayor número de población, siendo las localidades de Luarca, Trevias, Cadavedo y Barcia los núcleos de población más importantes.

En cuanto a la estructura económica del municipio, hay que decir que aunque el sector turístico presenta una importancia cada vez más grande en todo Valdés, todavía la mayoría del empleo local se lo lleva el sector primario, generando el 49% del empleo total. La agricultura y la ganadería son aún las actividades más trabajadas, siendo los terrenos favorables de las rasas y las vegas de los valles interiores, los que más se cultivan. La ganadería se centra sobre todo en el cuidado del ganado vacuno, presentando una producción claramente dirigida hacia el sector lácteo. La pesca también tiene su importancia dentro del territorio, siendo el puerto de Luarca el más importante del occidente asturiano y el tercero de la región detrás del de Avilés y Gijón. Entre las especies que se capturan destacan las del bonito, bocarte, merluza, sardina y congrio.

El sector secundario tiene una escasa representación en la zona, ocupando únicamente a un 12% de la población activa, siendo las ramas de la alimentación y la madera las que cuentan con una mayor presencia de personas empleadas. Hay que comentar dentro de este sector, la desaparición paulatina que sufrió una de las industrias que mayor peso tenía dentro del concejo, y que era la conservera. Por lo que respecta a la construcción, ésta si que ha seguido una tónica eminentemente positiva, observándose un fuerte crecimiento durante estos últimos tiempos.

El sector terciario, últimamente empujado al alza gracias a la pujanza del turismo, genera un total del 39% de los empleos, siendo el que mayor renta genera dentro de los tres sectores representando un 55% del producto interior bruto local. La actividad comercial y la hostelera son las que actualmente generan más trabajo, siendo la capital del concejo el principal centro distribuidor de estos bienes y servicios, seguida de la localidad de Trevías.

 

Historia de Valdés

Las primeras noticias sobre poblamiento humano del actual territorio del concejo de Valdés datan del Paleolítico Inferior y Medio, concretamente del período cultural achelense, en cuyo transcurso se estableció por algún tiempo en el cabo Busto uno de los más antiguos pueblos que se asentaron en el norte peninsular. El lugar elegido era especialmente apto para la caza y la recolección, y sus moradores nos dejaron interesantes muestras de sus líticos utensilios diarios: bifaces, raederas, hendidores, etc. El yacimiento, uno de los más antiguos de Asturias, fue descubierto por José Manuel González; en 1992 el equipo dirigido por el profesor José Adolfo Rodríguez Asensio emprende una investigación sistemática de la zona del cabo Busto, que, según sus palabras, «posiblemente pueda aportar importantes datos en relación a los momentos de paso entre el Paleolítico Inferior y el Paleolítico medio». Los resultados de esas excavaciones arqueológicas recientes han puesto de manifiesto que estos lugares estaban ocupados por el hombre hace aproximadamente 50.000 años, en el periodo comprendido entre las dos primeras etapas paleolíticas. Otros testimonios, como el dolmen de Paredes o el menhir de Ovienes, permiten suponer que dicha presencia se prolongó a lo largo de la Prehistoria, continuando en época castreña —lo cual es avalado por la presencia de varios castros— hasta llegar a la dominación romana.

Como afirman Mónica Díaz y M.ª Teresa Costales, «otros grupos humanos, probablemente desgajados del anterior [achelense], imprimieron sus huellas, en evolución hasta el Musteriense de tradición achelense, por Caroyas, playa del Bozo o Ribón, huellas que perviven durante los primeros estadios de la glaciación würmiense».

El hallazgo de instrumental propio de la cultura asturiense en tierras de Valdés y Cudillero confirma la existencia en el centroccidente asturiano de población epipaleolítica, con una alimentación basada fundamentalmente en moluscos y mariscos. La industria lítica de entonces es tosca y muy pobre, y se caracteriza por el «pico asturiense», un utensilio de arranque tallado en cantos de cuarcita de forma alargada y aplastado, como el descubierto en la rasa de San Martín de Santiago, cerca de Luarca.

Las necrópolis tumulares megalíticas se sitúan en zonas fronterizas con los concejos de Cudillero, Salas, Tineo y Villayón, o del interior, caso de La Granda, San Pelayo de Teona, La Ronda, Piedrafita y Villauir. La más destacada es la necrópolis megalítica de Xugadoiro (aldea de Los Corros – — parroquia de Ayones), formada por siete túmulos, alguno todavía con cámara ortostática.

La representación castreña es abundante por estos lares. Son ocho los castros identificados: La Cogocha, en San Miguel de Canero; Peña Castiel, en Luarca; El Castiecho, en Otur; La Porida, en Trevías; El Castiecho, en Barceda (La Montaña); El Castro, en Carcedo; El Castiecho, en Cajós (La Montaña), y el Cerco los Moros, en Paredes. Como ninguno ha sido excavado, no resulta posible fijar su fundación. Según J. M. González, todos ellos estarían emplazados en un área «periférica» respecto de las posiciones de los pésicos, pueblo prerromano que habitaba en el convento de los astures, pero que debía de poseer algunos rasgos propios que lo diferenciaban de otros más específicamente astures. M. Díaz y M. T. Costales sostienen que la mayor parte de los castros del interior se relacionan con explotaciones auríferas de tiempos romanos, en tanto los costeros, más sencillos y pequeños, parecen estar vinculados con el control de la vía romana hacia Lugo (Lucus Augusti). La reja de arado de Llendecastiello, hallada en el castro de La Porida, es muy posiblemente de época romana, aunque ligada a las formas prerromanas (celtibéricas).

La colonización romana, explicable en gran parte por la riqueza aurífera de la comarca, supuso la adscripción de estas tierras al Conventus Asturum. Esta etapa histórica dejó constancia monumental y epigráfica a través de la estela funeraria de Ovienes y la lápida con inscripción dedicada a Júpiter, descubierta en El Rellón de Merás y actualmente desaparecida, que fue copiada del original por Rafael Díaz Argüelles en 1830. Pero su legado más importante son los restos de esas actividades mineras existentes en la cuenca valdesana del Esva o Canero: Campo de la Romana y Prado de la Molina —Bustiello de Paredes—; playa de Cadavedo —La Ribeirona—; Carcabones de Merás (Paredes); Muñás de Abajo (Carcedo); Trevías; Agüeras, y Longrey, que se manifiestan tanto en yacimientos en roca como en aluvión.

Es durante la Edad Media cuando adquiere personalidad propia el concejo de Valdés, cuyo topónimo surge de la contracción de la expresión valle de Ese (Esva), el río articulador de este espacio. Con dicho nombre, perdido en 1909 y hoy felizmente recuperado, aparece por vez primera citado en el códice del Libro Registro de Corias con fecha de 1038, año en que Oveco Rodríguez dio al monasterio de Bárcena «unam uillam in Muannes, territorio Ualdes» («una villa en Muannes, territorio de Valdés»). La primera mención escrita a la villa de Luarca se fecha en un documento del año 912, pero tanto éste como otro anterior relativo a algunos lugares valdesanos son falsos diplomas pelagianos (obispo Pelayo).

En los siglos X y XI los monasterios consiguieron la administración total de un vasto territorio sólo en parte de su propiedad. La crisis social y religiosa que padeció Asturias después del traslado de la Corte a León quedó paliada por un apogeo monástico que tiene su momento culminante en el XI, centuria, asimismo, de auge religioso, que se traduce en un creciente fervor popular hacia las reliquias de San Salvador de Oviedo y en el incremento del peregrinaje a la Catedral ovetense y a Santiago de Compostela. En la baja Edad Media, la ruta costera del Camino se poblaba de peregrinos que atravesaban Valdés, un concejo jalonado por albergues y hospitales; la vía jacobea dejaba el término municipal cruzando El Ríu Barayu, éste con malatería próxima desde el siglo XIII.

«Las principales iglesias valdesanas con título monástico eran San Miguel de Trevías, San Martín de Aguía o Aya (Villanueva, Trevías) y San Miguel de Canero que, con otras posesiones y villas, pertenecían a los dos grandes centros monásticos occidentales: San Juan de Corias [concejo de Cangas del Narcea] y San Miguel de Bárcena [concejo de Tineo]» (M. Díaz y M. T. Costales); el primero de ellos comienza a tener propiedades en Valdés a mediados del XI y, entre 1138-1232 —calificada como fase de consolidación del dominio por E. García García—, esta zona es uno de los espacios básicos del patrimonio de Corias, aún en época bajomedieval.

A partir de finales del XIII, la nobleza y las pueblas disputaron y recortaron gradualmente las posesiones y privilegios eclesiásticos.

Un acontecimiento clave en la historia del concejo es la concesión por parte de Alfonso X el Sabio, en la ciudad de Burgos, de la Carta fundacional de la Puebla de Valdés, el jueves 29 de mayo de 1270; desde esa fecha quedan protegidos —por un Fuero o Privilegio real reconocedor de sus derechos— sus habitantes, que, sometidos hasta entonces a la ley del más fuerte, habían pedido con insistencia justicia al Rey porque «rescebían muchos males y muchos tuertos de caballeros e de escuderos y de otros homes malfacedores que les robaban e les tomaban lo suyo sin su placer…», de ahí que solicitasen un lugar «que toviésemos por bien en que poblasen y les otorgásen nuestros realengos». El lugar escogido para el emplazamiento de la puebla fue, en Luarca, el granero de Santiago de Arriba. Los límites territoriales fijados en el texto foral de 1270 casi coinciden con los actuales; la única modificación administrativa se produce a mediados del siglo XIX (Real Orden de 12-3-1851), momento en que se incorporan al concejo las parroquias de San Salvador de la Montaña, Boronas y Hervedosa, desgajadas del término municipal de Navia.

Luarca, la antigua población pesquera convertida en puebla carente de cerca amurallada, nacía con una clara misión de centralización administrativa y económica del territorio concejil. La Carta Puebla, atenta a la vocación marítima de la cabecera comarcal, regula las actividades pesqueras; así, reserva «el Puerto de Vallenación e Portazgo de Luzdes y de los otros navíos que vinieren de defuera parte», exonerando a los «pobladores de esta Puebla y de su alfoz [término] de portazgos ni derechos ningunos de lo que pescaren con los sus navíos». A partir de las prerrogativas fundacionales, el puerto de Luarca llega a lograr una gran prosperidad, transformándose en el motor económico que sitúa a la villa a la cabeza del concejo.

La capital valdesana aportó un navío suyo a la flota que, mandada por el almirante Bonifaz en 1248, conquistó Sevilla luego de remontar el río Guadalquivir. En 1338 Luarca figura ya citada entre los puertos con derecho a la importación y distribución de la sal (alfolí), gracias al Ordenamiento dado por Alfonso IX el 28 de abril de ese año en Burgos. La pesca de la ballena no fue ajena a este intenso dinamismo pesquero, nombrándose en la Carta Puebla de Valdés el Puerto de Vallenación o Vallenarán. Ya en tiempos bajomedievales los pescadores, armadores y comerciantes de Luarca constituyeron la Cofradía de Mareantes para la defensa de unos intereses comunes vinculados a la actividad marítima.

Al amparo del gran desarrollo de la industria pesquera del s. XIII y de los privilegios mercantiles e industriales de que goza (exención de impuestos sobre la circulación de bienes, alfolís, derechos de explotación maderera), Luarca gana en tamaño y relevancia, hasta el punto de llegar a contar en el siglo XIV con una colonia de judíos o judería; en las centurias siguientes el caserío de la puebla se verá notablemente incrementado y sometido a cambios.

Valdés se adhirió prontamente a las hermandades de concejos, que consiguieron pleno protagonismo en los siglos XIII y XIV, activando la vida política municipal. Estas asociaciones, junto con las Cortes, lucharon por defender sus derechos frente a las apetencias de dominación de los señores en momentos de debilidad del poder real. En 1277 Valdés participa en la primera hermandad municipal, rubricada en 1277 en el alto de La Espina; nacía para la mutua defensa de las principales pueblas occidentales: Pravia, Grado, Salas, Somiedo, Valdés, Tineo, Cangas y Allande. En 1315 Ruiz Peláez asiste, en representación de esta puebla, a las Cortes de Burgos que decidieron crear la Gran Hermandad del Reino. El concejo valdesano es uno de los que acuerdan en 1367 apoyar la causa del rey don Pedro contra su hermanastro Enrique. El municipio pierde su condición de realengo al haberlo legado en 1374 el rey Enrique II a su hijo bastardo, el conde don Alfonso; en 1395 la recupera nuevamente. «Una de las últimas manifestaciones de asociación intermunicipal, la de las Cinco Villas, cuya primera referencia aparece documentada en 1462, integró voluntariamente a Grado, Pravia, Salas, Valdés y Miranda en una hermandad que solicitó de la Corona el reconocimiento de una personalidad jurídica y capacidad de gestión unitarias. Los Reyes Católicos dejaron en manos del corregidor del Principado la aprobación de esta integración que acabó constituyendo uno de los partidos de la futura Junta General del Principado de Asturias» (M. Díaz y M. T. Alvarez).

En la Edad Moderna (ss. XVI, XVII y XVIII), la jurisdicción del concejo de Valdés abarcaba 13 parroquias y un anexo, con un total de 189 aldeas, lugares y caserías, contando las 42 brañas vaqueiras o de los vaqueiros de alzada (véase apartado «vaqueiros»), un grupo étnico socialmente diferenciado y marginado, ocupante de parte de las tierras altas municipales, en las que establecían sus pueblos de invierno; su género de vida trashumante chocaba con el de los aldeanos sedentarios del retropaís (xaldos) o de la zona costera (marnuetos) y provocaba roces con las autoridades civiles y eclesiásticas.

Las Actas de la Junta General del Principado correspondientes a 1594 recogen la aprobación de la primera división judicial de la provincia asturiana en cuatro partidos: Llanes, Villaviciosa, Avilés y los Cinco Concejos (Grado, Pravia, Salas, Valdés y Miranda).

Para hacer frente con éxito a las ofensivas marítimas de franceses (en 1542 tuvo lugar la Cuarta Guerra contra Francia) e ingleses (flotas regulares o corsarios, varias veces repelidos durante la 2ª mitad del XVIII) Luarca hubo de pertrecharse convenientemente en esos tiempos modernos; el resultado fueron las fortificaciones artilladas de La Atalaya y de La Punta de Castiel. En 1765 se procede a la renovación de la batería de La Blanca, eficaz protectora de la navegación por mar hasta pasada la guerra de la Independencia. En el transcurso de dicho conflicto contra el invasor francés (1808-1814), Luarca llegó a ser, por algún tiempo, capital de la provincia. Aquí se trasladó la Junta Superior de Armamento (4 de marzo de 1810) y otros organismos militares, y aquí llegó también el general galo Bonet (2 de mayo de 1810), quien terminó retirándose obligado por una reorganización de las tropas de Napoleón.

Fenómeno importante será durante los siglos XIX y XX (Edad Contemporánea) la emigración a América, especialmente a Cuba y Argentina, dando muestra de la riqueza de los que de allí regresaron las numerosas casas de indianos que se pueden contemplar en la villa y sus alrededores; algunos de ellos dejaron también una profunda huella benefactora.

Luarca, cuyo puerto contó con su primer dique en el último cuarto del siglo XIX, habría de experimentar, en palabras de Juan Fernández Pereiro, una auténtica expansión desde los años finales de esa centuria, «cuando los antiguos terratenientes van convirtiéndose en los empresarios locales cuyas inversiones irán generando un entramado económico más sólido y diversificado (banca, empresa de transportes, industrias de conservación del pescado, metalgráfica)».

El crecimiento deja huella en la fisonomía urbana a comienzos del siglo XX, colonizándose nuevos barrios (La Carretera de Galicia, Malabrigo).

Pero la contienda civil de 1936 vino a truncar dramáticamente ese estado de progreso. La ocupación de Valdés por las tropas nacionales se produjo transcurrido menos de un mes del Alzamiento (18 de julio): el general Mola entró en Luarca, procedente de Galicia, el 8 de agosto de 1936.

Tras una dura posguerra, marcada por la represión y el debilitamiento económico, el concejo comienza a «desperezarse», a mostrar síntomas de recuperación desde los años 50 y 60. Y en la historia local empiezan a acumularse datos y fechas para el optimismo: en 1956 se crea la Junta Municipal y Oficina de Turismo, una clara apuesta por un sector nuevo, que ya es uno de los principales pilares de la economía municipal; en 1962 se estrena el tramo Pravia-Luarca de la línea de ferrocarril Ferrol-Gijón, completándose en 1972 con el trayecto Luarca-Vegadeo; en 1969 se constituye la primera cooperativa democrática de Asturias: la agraria de Carcedo-Muñás, y al año siguiente, surge Valdés-SAT, una empresa lechera de base cooperativa, que acabó vendiéndose muy recientemente a Central Lechera Asturiana (CLAS); el nacimiento en 1970 del Certamen Nacional de Pintura Luarca, hoy, sin duda, el concurso pictórico y escultórico regional de mayor prestigio y renombre; las recientes mejoras en las comunicaciones, con la inclusión de la N-634 y N-632 en el I Plan Nacional de Carreteras; el cuarto lugar alcanzado por su sector pesquero en volumen de capturas..

 

Patrimonio en Valdés

Numerosas son las muestras artísticas que podemos encontrar en todo el concejo de Valdés.

Así y dentro de su arquitectura religiosa tenemos la iglesia parroquial de Santa Eulalia, situada en las proximidades del puerto. Se encuentra construida en los terrenos que ocupaba una antigua iglesia que había sido donada por Fruela II a la iglesia de Oviedo. Sus elementos artísticos de mayor importancia lo constituyen los retablos y las imágenes conservadas en su interior, presentando el retablo mayor una bonita talla de Santa Eulalia, obra de José Bernardo de la Meana. En su lado norte se levanta un antiguo crucero de piedra, con las representaciones del Cristo Crucificado y Nuestra Señora del Niño.

También en la Villa y divisando toda la capital se encuentra la ermita de la Virgen de la Blanca o de la Atalaya y que ha sido objeto de reconstrucción en 1961. Conserva en el ático una figura de la Virgen con el Niño del siglo XIV.

En la localidad de Trevías encontramos la iglesia de San Miguel, consagrada inicialmente en el año 1000, y que conserva una lápida a la derecha de la puerta, en la que se hace referencia a ello. Guarda en su interior una bonita imagen de la Virgen de la Esperanza, también conocida como de la O. Su imagen actual corresponde a diferentes remodelaciones llevadas a cabo entre los siglos XIX y XX.

Otras edificaciones religiosas importantes del concejo son: La iglesia parroquial de San Salvador de Barcia que data del siglo XIII. Nuestra Señora, en Méras de finales del XVII. San Pedro, en Cadavedo, San Juan, en Muñas de Arriba, y la de San Miguel en Canero, terminada en 1800 y que guarda rasgos decorativos barrocos.

Su arquitectura civil y popular también es numerosa, pudiendo contemplar en el centro de la Villa, el Palacio y capilla del Marqués de Ferrera, acabado en el siglo XVIII, conservando algunos elementos originales de los siglos XIV y XV. Es la construcción noble más importante de la villa. Está formado por dos edificios unidos mediante un arco escarzano sobre la parte alta de la calle de los Escalerones. Su parte sur es la actual casa de cultura, acogiendo en su interior la sala-museo Jesús Villa Pastur, y un aula dedicada al paleolítico.

Otro buen ejemplo de edificación señorial lo constituye la casa-palacio Gamoneda, del siglo XVIII, destacando su fachada, muy bien terminada y que presenta un gran escudo de la familia Gamoneda. En Villademoros encontramos la torre del mismo nombre, levantado en la Edad Media y que perteneció durante mucho tiempo a la familia Peláez, además de la torre, estaba compuesto por una casona rural y por una panera. La torre presenta una estructura cuadrada, con puerta arqueada en la primera altura, teniendo pocos huecos visibles.

El ayuntamiento de Luarca fue realizado a principios del siglo XX, mostrando grandes muestras derivadas del eclecticismo francés, como son el tejado en mansarda, las buhardillas y el recurso al orden gigante para articular la fachada principal. Otro ejemplo de construcción civil lo configura la fuente de Bruxo, realizada en el año 1764, y que presenta dos pilas y un frontón que contiene tallada la Cruz de los Ángeles.

Además de todas estas construcciones Valdés también nos deja grandes muestras del poder indiano, preferentemente en Villar y Barcelina, localidades próximas a la capital, entre las que podemos destacar Villa Barrera, Villa Argentina y Villa Teresa, en Villar, y Villa Rosario y Villa Excelsor en Barcelina.

 

Fiestas en Valdés

Entre sus fiestas más destacadas tenemos:

En el mes de julio, son las fiestas de Vaqueirada en Aristébano el último domingo, y las de La Virgen del Carmen en Luarca y Barcia. En el mes de agosto, son las fiestas de La Virgen del Rosario en Luarca el día 15, San Timoteo en Luarca el día 22, La Regalina en Cadavedo el último domingo. En el mes, de septiembre, son las de San Miguel en Trevías el día 29.

Multitud de celebraciones se suceden por todo el territorio Valdesano, sobre todo en la época estival, teniendo cada festejo una particularidad diferente. Así en la festividad de la Virgen del Rosario, tiene lugar una procesión marítima con posterior saleo con la imagen de la Virgen, tirándose posteriormente las personas jóvenes a la mar. Las fiestas de San Timoteo son una de las más concurridas del verano Astur, siendo el día 22 de Agosto su día grande, congregándose en el prau del patrón una infinidad de gentes asombrosa. En la Vaqueirada de Aristébano, organizada conjuntamente con Tineo, tiene lugar una tradicional boda Vaqueira. También la celebración de La Regalina, tiene su nota característica, combinando bailes y cantos, realizados por las mozas solteras en honor de la patrona. Además de todos estos festejos, también son destacables en la Villa Blanca, los Carnavales y la Semana Santa, sin duda la más importante del Occidente asturiano.

 

Naturaleza en Valdés

Paisaje Protegido de la Costa Occidental.

  • Estado legal: Sin declarar
  • Superficie: 62.04 km2
  • Localización: Concejos de Valdés y Cudillero
  • Accesos: Por la N-634 que es su límite meridional
  • Vegetación representativa: Comunidades de acantilados
  • Fauna representativa: Aves marinas, principalmente cormorán moñudo
  • Otras figuras de protección: Incluido parcialmente en el Lugar de Importancia Comunitaria de Cabo Busto-Luanco y en el Lugar de Importancia Comunitaria del Río Esqueiro.
  • Incluye al Lugar de Importancia Comunitaria de la Turbera de Dueñas y Monumento Natural de la Turbera de Las Dueñas.
  • Incluido parcialmente en la Zona de Especial Protección para las Aves de Cabo Busto-Luanco

El Paisaje Protegido de la costa occidental constituye una estrecha franja de territorio, de unos 35 km de longitud y de 1 a 3 km de anchura, que abarca la práctica totalidad de las costas de Cudillero y Valdés. Su límite oriental se sitúa en el Monumento Natural de la Turbera de Las Dueñas, apenas unos kilómetros al oeste de la villa de Cudillero, extendiéndose hacia occidente hasta la Reserva Natural Parcial de Barayo, en el límite de los concejos de Valdés y Navia. Su límite meridional se ha situado en el trazado de la N-632 y el septentrional, hasta que sean establecidos los límites con precisión, incluirá una porción del territorio submareal.

El paisaje actual de la costa occidental aparece condicionado por dos variables principales: una gran rasa costera, seccionada sólo por los cauces fluviales principales, y una sucesión repetitiva de litologías silíceas, principalmente areniscas y cuarcitas.

Las rasas asturianas son amplias planicies que se inician en el veril de los acantilados y terminan por confundirse con las estribaciones montañosas más cercanas al mar. Se trata de plataformas arrasadas por el mar en los periodos de transgresión marina y posteriormente emergidas por la elevación del continente. Aparentemente la costa occidental se organiza en una única rasa de considerable altura sobre el nivel del mar, que sin embargo parece ser la conjunción de tres niveles diferentes de arrasamiento marino, apenas reconocibles en la actualidad.

Dicha rasa costera aparece ligeramente tendida hacia el oeste por el basculamiento de los bloques en esa dirección. Así, en el sector oriental los acantilados de Cabo Vidio se sitúan a una cota de 90 m sobre el nivel del mar, que se reduce a 80 m en Cabo Busto y poco más de 50 en las proximidades de Barayo.

El amable paisaje de la rasa costera se interrumpe sólo en los valles fluviales que la seccionan. La emersión de las plataformas de abrasión que forman la rasa supuso el encajamiento de la red fluvial, forzando la erosión de valles profundos y de fuerte pendiente. Los más significativos son de oriente a occidente: el valle de El Esqueiro, que desemboca en la ensenada de San Pedro de Bocamar, al este de Cabo Vidio; el de El Esva, que desemboca en la Playa de Cueva, al oeste de Cabo Busto; y el del Negro, que desemboca en la villa de Luarca. Otros arroyos de menor importancia cortan la plataforma de arrasamiento y, sin poder erosivo para encajarse suficientemente, forman valles colgados sobre los acantilados desaguando al mar a través de pequeñas cascadas.

Hacia el sur, el encuentro de la rasa con las estribaciones montañosas costeras se resuelve con una marcada ruptura de pendiente en lo que debieron ser los acantilados de la primitiva línea costera. Hacia el norte, la rasa se interrumpe bruscamente en el encuentro con el mar, formando acantilados verticales de entre 50 y 100 m de altura. La belleza y majestuosidad de las áreas acantiladas del litoral occidental han sido sin duda una de las causas principales para la propuesta de declaración como Paisaje Protegido.

En esa abrupta línea costera destacan por su entidad los importantes resaltes de Cabo Vidio, en el concejo de Cudillero, y Cabo Busto, en el concejo de Valdés, que constituyen los más destacados accidentes del litoral asturiano tras Cabo Peñas. En ambos casos se trata de la penetración en el mar de bandas de litología cuarcítica, muy resistentes a la erosión, que seccionan la rasa costera con orientación nordeste-suroeste. En contraposición a ellos se abren numerosas ensenadas de escasa entidad que acogen un sinfín de pequeñas playas de cantos y gravas, resultado del desmantelamiento de los acantilados por los embates del mar, los xogarrales.

La presencia de playas de cantos y gravas es una de las características diferenciales del litoral incluido en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental frente al de la Costa Oriental, en el que predominan las playas arenosas. Los únicos arenales de importancia se desarrollan en el área occidental del Paisaje Protegido: las playas de Barayo y Otur, alimentadas por la carga sedimentaria que aporta el río Navia. Más al Este, la escasez de cauces fluviales importantes no propicia el desarrollo de playas arenosas, que no vuelven a ser significativas hasta el área oriental de la desembocadura del Nalón, alimentadas por éste. Las únicas playas de arena se desarrollan en el entorno inmediato de los cauces fluviales de mayor entidad: la playa de Cueva, en la desembocadura del Esva, y la de San Pedro de Bocamar en la del Esqueiro.

En la franja litoral descrita se sitúa como núcleo de población más relevante la villa marinera de Luarca, capital del concejo de Valdés. Otros núcleos de menor entidad y carácter rural son los de Cadavedo, Barcia y Otur, todos ellos en el concejo de Valdés. El resto de la población se reparte de forma desigual por la rasa costera, dando lugar a un caserío extraordinariamente diseminado en el que apenas llegan a reconocerse los límites físicos de las diferentes entidades de población. El turismo ha tenido hasta el momento un desarrollo mucho más limitado que el alcanzado en el litoral del Paisaje Protegido de la Costa Oriental, posiblemente debido a las deficientes comunicaciones del área hasta tiempos recientes. Sin embargo, la reciente mejora de las mismas hace previsible un incremento de la demanda que deberá ser adecuadamente regulado a través de la declaración legal del área como Paisaje Protegido.

 

Geología

La rasa costera occidental, desde el punto de vista geológico, se encuadra en la Zona AsturoccidentalLeonesa. Los materiales que se encuentran en esta zona son, en su mayor parte, Paleozoicos y, desde el punto de vista litológico, se pueden adscribir a dos tipos principales de rocas: cuarcitas y pizarras. La superficie principal de la rasas se sitúa casi a 100 m sobre el nivel del mar; sobre ella se encuentran diferentes tipos de depósitos cuaternarios. Estas planicies, denominadas rasas, tienen su origen en la abrasión del mar, perteneciente por tanto a antiguas plataformas continentales internas, que han sufrido elevaciones en los últimos millones de años

Posteriormente a estas elevaciones y pasar esas superficies de abrasión a estar en superficie y constituir rasas, se instala sobre ella una red fluvial. Así dos ríos fragmentan estas rasas en sus límites occidental y oriental: El Esva, que desemboca en la ensenada de Cueva, por el oeste, y el Sequeiro, que va a dar a la ensenada de San Pedro, por el este. Otros arroyos de menor importancia cortan la plataforma de arrasamiento en algunos puntos. Entre ellos el más destacable es el río Cabo.

Uno de los elementos dominantes del paisaje son los magníficos acantilados de este sector costero. Bajo ellos, en muchas ensenadas, se localizan playas de cantos o “xogarrales” entre los que cabe destacar los de la playa del Silencio. La arena se deposita en las zonas con aportes fluviales, como en Cueva y en San Pedro

 

La vida vegetal

La cubierta vegetal del área incluida en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental aparece condicionada por la monotonía de sustratos geológicos que define el paisaje. La mayor parte del territorio de la rasa costera debió estar ocupada por frondosas carbayedas oligótrofas: bosques de carbayo (Quercus robur) y abedul (Betula pubescens subsp.celtiberica), rotas sólo por la presencia de bosques de ribera en el entorno de arroyos y cauces fluviales.

El intenso uso agrario del territorio, que da soporte a una de las ganaderías más ricas y modernas de la región, ha propiciado la sustitución de los bosques naturales por cultivos forrajeros en la mayor parte de la rasa. Los cañones de los cauces fluviales aparecen ocupados en cambio por plantaciones forestales de eucalipto y pino. La presencia de ésta última especie es también frecuente en el borde costero de la rasa, donde forma cortinas cortavientos que mejoran la productividad de los cultivos situados al interior.

En la línea de costa destacan por su interés las comunidades de vegetación de acantilados, que adquieren especial desarrollo en los cantiles de Cabo Busto y Cabo Vidio. Ésta última es una de las localidades de la región en que mejor se conservan las comunidades vegetales características de los acantilados.

Otros arenales de cierta importancia aparecen en las playas de Otur (Valdés) y San Pedro de Bocamar (Cudillero). Ambas presentan sistemas dunares de pequeña extensión, con cierto desarrollo de las cinturas de duna embrionaria y blanca, conservándose en la segunda algunas poblaciones de nardo marítimo (Pancratium maritimum), especie catalogada como de interés especial.

Las áreas estuarinas son prácticamente inexistentes y sólo puede hablarse de la presencia de autenticas marismas en el pequeño estuario del Esva, al lado de la playa de Cueva, que también dispone de un pequeño sistema dunar. A pesar del escaso desarrollo de ambos tipos de ambientes, el conjunto del estuario del Esva y la Playa de Cueva constituyen por su belleza e interés geomorfológico uno de los elementos ambientales más valiosos del área.

Además, es destacable la turbera litoral de Las Dueñas, considerada como la más extensa y representativa de su tipo en Asturias y declarada monumento natural.

 

La vida animal

La fauna existente en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental está influida por el notable grado de humanización y la pérdida de hábitats potenciales. Por ello, los grandes mamíferos forestales carecen de presencia significativa en el área, siendo las aves el grupo de vertebrados de mayor interés.

En general, la ornitofauna que utiliza el área continental es la común a la mayor parte de las campiñas asturianas. Las aves acuáticas migratorias no disponen de estuarios adecuados para el refugio, por lo que la presencia de anátidas y limícolas es muy ocasional en la mayor parte del litoral.

En cuanto a las aves marinas, es de gran interés la nidificación de cormorán moñudo (Phalacrocorax arsitotelis), especie catalogada como de interés especial de la que podrían criar en el litoral asturiano unas doscientas parejas, la mayor parte en los acantilados del Paisaje Protegido de la Costa Occidental. Las áreas en que se concentra la cría son los cantiles de Cabo Vidio y La Caladoria, en Cudillero, y El Castellón, en Valdés. En los cantiles e islotes cercanos a Cabo Vidio es también abundante la nidificación de gaviota patiamarilla (Larus cachinnans).

Las áreas de mayor interés son sin duda, al este del Cabo Vidio, las ensenadas de San Pedro de Bocamar y la Concha de Artedo, en cuya aliseda pantanosa es frecuente la cría de aves acuáticas de vocación más bien dulceacuícola como el rascón europeo (Rallus aquaticus) o la gallineta (Gallinula chloropus). También es frecuente la presencia en invernada de ánade azulón (Anas platyrhynchos), garza real (Ardea cinerea) o cerceta común (Anas crecca).

El Cabo Vidio destaca además por ser uno de los puntos más adecuados para la observación de aves marinas como alcatraces, pardelas, charranes o págalos que durante el otoño migran en grandes bandos siguiendo rutas cercanas a la costa de oriente a occidente.

Se puede señalar la presencia del salmón (Salmo salar) en el río Esva, que se encuentra en el límite occidental de la zona, y la entrada más ocasional en los ríos Negro y Esqueiro.

Entre los invertebrados destaca la presencia de la babosa moteada (Geomalacus maculosus) y del caracol de Quimper (Elona quimperiana), además de la madreperla de río (Margaritifera margaritifera), que se puede encontrar en los ríos Esva y Esqueiro. La pequeña libélula (Coenagrion mercuriale) se encuentra repartida por pequeños arroyos y charcas.

Paisaje Protegido de la Cuenca del Esva.

  • Estado legal: Sin declarar
  • Superficie: 460.26 km2
  • Localización: Concejos de Valdés, Tineo y Salas
  • Accesos: A través de la N-634
  • Vegetación representativa: Alisedas ribereñas
  • Fauna representativa: Nutria. Salmón
  • Otras figuras de protección: Incluye al Lugar de Importancia Comunitaria del Río Esva.
  • Incluye el Monumento Natural de las Hoces del Esva.

El Paisaje Protegido de la Cuenca del Esva se distribuye por los concejos de Valdés, Tineo y Salas, en el tercio occidental de la región. En él se incluye la totalidad de la cuenca hidrográfica del río Esva, que se extiende por una superficie total de 460 km2. El espacio así definido comprende el río Esva, sus afluentes principales (Navelgas, Bárcena, Llorín y Mállene) y los pequeños arroyos que vierten a éstos.

Entre las grandes cuencas de Asturias, la del Esva es la que conserva en mejor estado tanto su área de abastecimiento como sus características hidrológicas. El resto de las grandes cuencas hidrográficas soportan importantes aprovechamientos hidroeléctricos, como ocurre en el Navia o en el Narcea, o han sufrido cierta degradación vinculada a una intensa actividad minera o industrial, como ocurre en el Nalón.

La cuenca del Esva aparece claramente delimitada, al oeste por la Sierra de Carondio y su prolongación hacia la costa a través de la Sierra de Buseco, y al este por la Sierra de Tineo y las Sierras de los Vientos. En el paisaje es muy evidente la monotonía silícea del relieve, dominado por una secuencia repetitiva de pizarras, areniscas y cuarcitas, a las que sólo puntualmente se añaden algunos roquedos de calizas y mármoles.

La parte alta de la cuenca se organiza en un relieve abrupto, de fuertes pendientes, valles encajados y sierras de amplias planicies terminales. Sin embargo, ya en el tramo medio y dentro del concejo de Valdés, la confluencia del Esva y el Naraval da lugar a las amplias vegas sobre las que se sitúa el pueblo de Paredes. Las vegas de Paredes, a menudo encharcadas por las aguas del Esva, constituyen un punto en el que la transformación humana del medio natural ha dado lugar a los más hermosos paisajes.

Por debajo de Paredes, la presencia de fuertes relieves cuarcíticos vuelve a estrechar el valle para dar lugar al desfiladero que constituye el Monumento Natural de las Hoces del Esva, tras el cual el paisaje se abre a las anchas vegas que el curso meandriforme del río forma en Brieves y Trevías.

El poblamiento es escaso y sigue dos patrones diferentes análogos a los del relieve. Mientras en la mitad meridional los pueblos tienden a situarse en las cimeras de las sierras, en la mitad septentrional de valles más amplios, el caserío desciende hacia el valle y ocupa las vegas ribereñas. Los principales núcleos de población son los situados entono a Paredes, en el tramo medio, y Brieves y Trevías en los tramos más bajos.

 

Geología

La cuenca del río Esva se encuentra próxima al límite oriental de la Zona Asturoccidental-Leonesa. Su estructura geológica viene marcada por grandes estructuras (principalmente pliegues y cabalgamientos) orientadas a grandes rasgos de norte a sur. Las rocas sobre las que se excava la cuenca son casi exclusivamente rocas sedimentarias siliciclásticas (pizarras, areniscas y cuarcitas).

La edad de las rocas abarca desde el Precámbrico al Paleozoico inferior. Dentro de las formaciones precámbricas destacan las litologías silíceas (pizarras y areniscas de la formación Pizarras del Narcea); entre las formaciones cámbricas destacan litologías mixtas (calcáreas de la Formación Vegadeo y cuarcíticas de la Formación Herrería) y por último, las formaciones paleozoicas con predominio de las cuarcitas (Formación Cándana y la Serie de los Cabos).

Sobre este sustrato pueden aparecer materiales más modernos relacionados con la dinámica fluvial y la evolución de las laderas de la zona. Sin embargo, lo abrupto del relieve no favorece el desarrollo de formaciones cuaternarias importantes. Así, los depósitos fluviales y las vegas sólo tienen un desarrollo importante, por ejemplo, en las proximidades de la desembocadura.

 

La vida vegetal

La cubierta vegetal del Paisaje Protegido de las Cuenca del Eva ha sufrido intensamente las numerosas repoblaciones de pino realizadas en las décadas de los años cincuenta y sesenta.

Fruto de las llamas, la antigua superficie repoblada aparece hoy ocupada por extensos matorrales de brezo rojo (Erica australis subsp. aragonensis), comunidad característica de los suelos silíceos más degradados del occidentes astur.

No obstante, son todavía numerosos los valles y vallejas con masas bien conservadas de carbayeda oligótrofa, que en los lugares más umbríos se acompañan frecuentemente de haya (Fagus sylvatica). En el área septentrional del Paisaje Protegido, dentro ya del concejo de Valdés, abundan castañedas muy envejecidas y escasamente explotadas, por lo que en su seno pueden reconocerse las especies y comunidades características de las carbayedas, hacia las que lentamente evolucionan.

Las masas de bosque más representativas son sin duda las alisedas. Salvo en las riberas más alteradas de las vegas de Paredes y Brieves, el Esva conserva a lo largo de su curso algunas de las riberas menos alteradas de la región. En ellas parecen helechos de ámbito tropical como la píjara (Woodwardia radicans), especie catalogada como de interés especial. Lugares especialmente valiosos son el de las Hoces y el tramo bajo próximo a la desembocadura en la playa de Cueva.

 

La vida animal

Los principales valores ambientales del Paisaje Protegido de la Cuenca del Esva se ciñen a las riberas y cauces fluviales y de igual modo ocurre con la fauna.

Las riberas del Esva mantienen lo que probablemente constituya la más nutrida población de nutria (Lutra lutra) de los cauces asturianos. Este hecho da prueba de la enorme riqueza piscícola que albergan sus aguas, principalmente de trucha (Salmo trutta) y salmón (Salmo salar), pero también de anguila (Anguilla anguilla). El cauce del Esva presenta para todas ellas la ventaja de no disponer de presas significativas, aspecto fundamental en el caso de la anguila, especie para la que todavía no han desarrollados sistemas de escala equivalentes a los utilizados por el salmón.

Sorprende, sin embargo, la ausencia de lamprea (Petromyzon marinus) en un cauce que parece reunir características apropiadas para su presencia y que se encuentra en un óptimo estado de conservación.

Además de las especies características del medio fluvial, esta zona mantiene poblaciones de especies cinegéticas como el jabalí o el corzo. En las sierras altas del borde meridional no es rara la presencia del principal de los predadores: el lobo (Canis lupus), que puede alcanzar esta área desde los núcleos reproductores cercanos de Carondio y Valledor.

 

Otros valores

En las sierras altas del borde meridional de la cuenca se sitúan algunas de las brañas de invernada de los vaqueiros de alzada, grupo social que llegado el verano se desplazaba con su familia, ganado y enseres a los pastos altos del actual Parque Natural de Somiedo o a las brañas de Cangas del Narcea. La mejor conservada es sin duda la Braña de Aristébano, en el concejo de Valdés, pero muchos de los pueblos situados a mayor altitud deben su origen a los asentamientos invernales de los vaqueiros.

Otro elemento de notable interés es sin duda el caserío original del pueblo de Brieves, con una proliferación de arcadas, voladizos y pasos altos entre edificaciones situadas a ambos lados de la calle que crea un conjunto arquitectónico de singular valor etnográfico y oscuras raíces.

 

Gastronomía típica del Concejo de Valdés

Pescados y mariscos del Cantábrico —como productos de la mar— constituyen lo más renombrado de la amplia oferta culinaria valdesana: calderada, merluza, congrio, pixín (rape), bonito, sardinas, parrochas, bocartes, calamares de Luarca, centollos, langostas, lubricantes, andariques (nécoras), percebes, oricios…. Los de la tierra no les van a la zaga: verduras de huerta, carne de la montaña valdesana, elaborados de la matanza del cerdo, pitos (pollos) de aldea, embutidos artesanales… Las setas son muy abundantes y apreciadas en tierras valdesanas. De postre se recomienda queso Valdesano, arroz con leche, frixuelos, tartas, pasteles, natas y requesón vaqueiro.