Somiedo

Somiedo es un concejo montañoso situado en la zona sur-occidental de la región en el límite con la provincia de León por su parte meridional, y que está encuadrado todo ello dentro del parque natural homónimo. Limita al norte con Belmonte de Miranda, al este con Teverga, al oeste con los concejos de Tineo y Cangas de Narcea y al sur como ya comentamos anteriormente con León, donde actúa de límite la cordillera cantábrica. Es uno de los concejos con mayor extensión de Asturias, con 291,4 km2. Todas sus comunicaciones se articulan en torno a la comarcal AS-227, que atraviesa el concejo de norte a sur, llegando hasta la vecina provincia de León.

Desde el punto de vista geológico el territorio está enclavado en una unidad conocida como el Manto de Somiedo, en la cual está representada toda la serie estratigráfica paleozoica Asturiana, desde pizarras, areniscas, cuarcitas hasta las calizas. La desigualdad litológica origina una competencia distinta que determina un relieve diferencial que ha modificado la actual red hidrográfica que se abre camino entre los niveles duros cavando varios desfiladeros a lo largo de su curso.

La topografía es una de la más accidentadas de todo el Principado de Asturias, teniendo alturas importantes, sucediéndose frecuentemente a lo largo de la superficie, las elevaciones y las depresiones. Las sierras arrancan de la cordillera cantábrica en dirección sur-norte. De esta sierra destacan los picos del Cornón con 2.194 metros y la Peña Orniz con 2.190 metros. En la parte oeste del concejo en el límite con Tineo y Cangas se encuentra en dirección norte la sierra de la Serrantina, que continua con la sierra de la Cabra. Paralela a La Serrantina vemos la sierra de Perlunes unida por el sur con el Páramo. Más al este del cordal del Perlunes distinguimos Peñavera, Peña de Valdepuerco, Brañeta y Palomar. En una zona más oriental y más al centro encontramos Peñalba, Condiellas y Llampaza. En el límite con Teverga tenemos los cordales de La Mesa y Cueiro. En la parte suroriental están Bobia, Tarambico y Camayor y ya en la parte septentrional encontramos la sierra de la Buestariega. Toda esta sucesión de cordales delimitan los inmensos valles del municipio y que son estos: El valle de Somiedo, el Valle del Pigüeña, el Valle del Lago, Saliencia y Las Morteras.

El sistema hidrográfico de Somiedo lo representan los ríos que dan lugar al nombre de los Valles, teniendo la particularidad de que una parte del terreno que drenan, va a verter sus aguas a través del arroyo del puerto, al océano atlántico. Los ríos Saliencia, Las Morteras y del Valle, nacen en la parte norte de la cordillera cantábrica y ceden sus aguas al río Somiedo que a su vez las fluye en el Pigüeña. Casi la totalidad de la red hidrográfica de Somiedo es aprovechada para su transformación en energía eléctrica en las centrales de la Riera, La Malva y Miranda. Por otra parte hay que destacar que el modelado glaciar de las áreas a mayor altitud del Parque ha dado lugar a frecuentes cubetas de excavación que albergan lagos, lagunas o turberas, mostrándonos paisajes naturales de una gran belleza.

Respecto a su clima, hay que destacar que éste es oceánico, con abundancia de nieblas, humedad y lluvias. La elevada altitud media del concejo le concede algunas características de continentalidad, pudiendo afirmarse que se encuentra en una zona de transición entre el clima templado de Asturias y el continental de la meseta. Elemento importante de Somiedo es la permanencia de las nieves durante gran parte de la estación invernal.

Su vegetación es una de la más ricas de todo el principado, mostrándose bosques de hayas, que se dan en las zonas umbrías de las laderas y entre las que se encuentran incluidas especies protegidas como el acebo y el tejo. También podemos ver manchas de robles, abedulares y carrascales. En las zonas silíceas menos lluviosas observamos los rebollares y en los aluviales de las vegas las alisedas. Además de todas estas especies de árboles es frecuente la aparición de matorral en las partes más altas de las montañas, donde no hay lugar para vida vegetal más rica.

También su fauna es una de las mayores de todo el Principado de Asturias teniendo todo el parque una de las más grandes reservas de osos pardos, últimamente cada vez más escasos. Otras especies que habitan en el suelo de Somiedo son los urogallos, venados, jabalís, rebecos, corzos, lobos, liebres, nutrias y aves como el alimoche, el halcón peregrino y el águila real.

 

Capital

La capital de Somiedo es la localidad de la Pola de Somiedo, a donde se trasladó la capitalidad desde Agüera de Belmonte, donde estaba inicialmente establecida a raíz de la otorgación de la carta puebla en 1269. Está encuadrada dentro del parque natural homónimo, declarado en 1988 y que supuso un cambio en la vida social y económica del municipio, teniendo cada vez más importancia el sector de los servicios gracias al turismo, que hace del concejo parada obligada para poder disfrutar de la belleza de la naturaleza.

 

Demografía de Somiedo

La evolución seguida en Somiedo a lo largo del siglo XX, sigue el mismo camino que el resto de concejos montañosos del principado, es decir, pérdida progresiva de la población, sobre todo a partir de los años 40, aunque aquí las tres primeras décadas sucedió todo lo contrario, se incrementó la población, pese a la emigración a ultramar, y se pasó de 5.006 habitantes del principio de siglo hasta 5.558 en 1940. A partir de esta fecha el descenso fue imparable, produciéndose una disminución de la cifra de hasta un 70% hasta dejarla en 1.616 en la actualidad, con una densidad de 5,55 hab/km2, que la convierte en la segunda más baja de Asturias. La causa principal de esta reducción se debe sobre todo a la fuerte emigración hacia las zonas más industrializadas de la región. Últimamente y a partir de la declaración del concejo como Parque Natural, se ha ido frenando esta brusca caída al aparecer nuevos elementos dinamizadores de la economía municipal.

Todas estas causas nos dan unas estructuras demográficas bruscamente alteradas, presentándose una pirámide donde la población mayor de 50 años es la más abundante dentro del concejo, teniendo una de las tasas de envejecimiento más fuerte de todo el Principado. La concentración humana se realiza en el fondo de los valles mayoritariamente, especialmente en Villar de Vildas, La Riera y La Pola, teniendo algunas de las aldeas de montaña una presencia casi nula.

La actividad económica del concejo gira en torno del sector primario, ya que es el que más emplea con un 67,45% y el que mayor riqueza produce al generar un 40% del producto interior bruto. Las explotaciones ganaderas de Somiedo trabajan sobre todo con la cabaña vacuna, presentando ésta una orientación hacia el sector cárnico principalmente, ostentando una de las cabañas más importantes de la raza Asturiana de los Valles.

Del sector secundario industrial hay que destacar que sólo emplea a un 2,94% de la población activa, aunque para tan poca cifra tiene una considerable participación dentro del PIB del concejo. Anteriormente tenía una participación mucho más fuerte dentro de la actividad económica, pero la pérdida de empleos sucedida con el cierre de la mina de hierro de La Cueva y la reducción llevada a cabo en las eléctricas, hacen que actualmente muy poca gente dependa de esta rama de la economía. La construcción es la actividad que mayor número de empleos ofrece.

Donde sí se ha producido una evolución positiva es dentro del sector terciario, sobre todo a partir de la declaración del concejo como Parque Natural el 10 de Junio de 1988, y que en la actualidad emplea al 29,61% de los activos, cifra que posiblemente irá creciendo con el paso del tiempo.

 

Historia de Somiedo

En Somiedo se encuentran aún formas originales de vida que han servido a sus gentes, a lo largo de los siglos, para explotar, modelar y, en definitiva, hacer habitable una naturaleza que impone duras condiciones para su «domesticación», de la que posiblemente fueron pioneros pueblos agrícolas y ganaderos del prehistórico periodo Neolítico, aunque los vestigios arqueológicos más antiguos del concejo correspondan a la posterior Edad de Bronce (2.000 antes de Cristo); de entonces son varios túmulos, como el hallado en las proximidades de El Coto de Buena Madre (El Couto), o el hacha de talón y anillas descubierto en Santullano, lugar perteneciente a la parroquia de Pigüeces.

Posteriormente, los astures, siempre extraños a todo contacto con el exterior, encerrados en sus dominios e independientes de Roma hasta finales del siglo I a. de C., fomentaron en estas tierras, donde estuvieron representados por los pésicos —pueblo ocupante de la zona centro-occidental de Asturias—, una cultura castreña, en vigor desde el 500 a. de C. al 300 d. de C., que dejó en Somiedo asentamientos tan importantes como los castros aún por estudiar de El Castietcho en Gúa, La Corona en Pola de Somiedo, del que se ha dicho que posee siete fosos defensivos, y El Remonguilla en La Riera.

Asimismo fechables en la Edad Antigua y atribuibles a una civilización prerromana son varios hallazgos numismáticos. Hacia 1920, el asturiano Aurelio de Llano, egregio investigador y folclorista, anunció haber encontrado un denario ibérico de plata en Gúa. Años después, al cavar el terreno de un paraje cercano, bautizado como El Cavao de las Pesetas (El Coto de Buenamadre), con frecuencia solían quedar al descubierto varias monedas. Un estudio del conjunto numismático efectuado en los años cincuenta concluyó que se trataba de denarios de plata ibéricos acuñados en Segóbriga y datables en el año 130 a. de C., mientras que mucho más recientemente Carmen Fernández Ochoa defendía su pertenencia a un periodo comprendido entre el 105 a. de C. y la época de Augusto. Sin embargo, continúa siendo una incógnita cuándo y cómo llegaron hasta aquí y el porqué de su ocultación o guarda.

La huella de la dominación romana de Somiedo, menos profunda que en el vecino término municipal de Belmonte de Miranda y en otras partes del occidente astur al carecer aquél de oro u otros minerales atrayentes para el invasor, quedó especialmente impresa en la calzada del puerto de La Mesa, más comúnmente conocida como El Camín Real, una vía de alto valor estratégico abierta por los romanos por encima de los cordales para comunicar el centro de Asturias, Lugo de Llanera (Lucus Asturum), con la ciudad leonesa de Astorga (Asturica Augusta), enmarcándose así en la llamada «Ruta de la Plata». La importancia de esta ruta cimera, que era el principal acceso a Asturias desde la Meseta, fue tal que en sus inmediaciones se libraron destacables batallas durante la Reconquista; viajeros y mercancías transitaron habitualmente por esta calzada hasta finales del siglo XVIII. Juan Martín afirma que «resultó clave durante la época romana, la invasión musulmana y la posterior expansión del Reino Astur». En Somiedo, el Camino discurre por los cordales del límite oriental del concejo y atraviesa el alto de San Lorenzo. (Veáse el apartado «Calzada Romana».)

Somiedo, sobre cuyo territorio y primitivo nombre propio, Sumetum, aparecen las primeras informaciones escritas en el periodo altomedieval, a partir de los siglos XI y XII y gracias al gran desarrollo ganadero de Asturias, gana protagonismo, convirtiéndose en un espacio muy apetecible por sus ricos pastos y baldíos para los monasterios de la zona suroeste asturiana, dueños de grandes propiedades ordenadas de acuerdo con una abundantísima cabaña ganadera trashumante y poseedores de un enorme poder social, político y económico, hasta el punto de mandar por completo a finales del s. XII en la tierra somedana. Es el caso del monasterio de Santa María de Lapedo, instalado en Belmonte y ocupado por monjes, que dominaba el valle del Bajo Somiedo y el Pigüeña y cuya influencia a partir de la decimosegunda centuria fue la más determinante; del de Santa María de Gúa, fundado en la segunda mitad del XII por Fernando II de León (1157-1188) y su mujer doña Urraca, habitado por una comunidad de religiosas cistercienses —que en 1412 se trasladaron a Avilés—, a las que dicho monarca otorgó el coto de Gúa («desde la piedra del Puerto que está en el Campo pasado el reguero contra Babia, hasta la otra piedra que está en las tellas de Baldeyane») y regidor del Alto Somiedo y las Babias leonesas, así como del cenobio de San Salvador de Cornellana, en el concejo de Salas, propietario de Urria y el valle de Perlunes.

Sin embargo, como muy bien señala J. Martín, «a mediados del siglo XIII la política de distribución del territorio se modifica sustancialmente. Las donaciones reales a los centros monásticos desaparecen, a la vez que se fundan numerosas polas (pueblas), en áreas ya pobladas pero con una distribución de población dispersa. El objetivo de Alfonso X con estas medidas es potenciar la creación de centros urbanos que atrajesen y concentrasen la población, centralizando la vida administrativa y económica de los núcleos rurales circundantes, contrarrestando simultáneamente el poder de los monasterios», contra el que brota una manifiesta oposición. En 1269 el mencionado monarca concede carta de puebla a los concejos de Somiedo y Belmonte de Miranda, ubicándose inicialmente la pola en el lugar belmontino de Agüera, concedido para tal propósito por el poderoso cenobio tras las negociaciones mantenidas en marzo de ese año por los representantes concejiles con su abad. La primitiva puebla, que había fracasado en el intento de aglutinar ambos territorios y de adquirir estructura urbana, se traslada en fecha ignorada a su emplazamiento actual, la Pola de Somiedo, que en 1277 constituye una hermandad en el lugar de La Espina con el concejo de Avilés y las pueblas de Pravia, Grado, Salas, Valdés, Tineo, Cangas y Allande para garantizar el orden público y la protección de sus intereses frente a la ambición de las entidades monásticas de mayor peso en la comarca, que desde el siglo XIV comienzan un pausada decadencia, en favor de una nobleza laica que asume la defensa y administración de los bienes y derechos del monasterio, en régimen de encomiendas. El primer gran beneficiado de la nueva situación fue la dinastía de los Quiñones. Uno de sus miembros, Pedro Suárez de Quiñones, conde de Luna, en recompensa por su participación en el sofocamiento de las rebeliones del conde don Alfonso, recibe en 1396 de Enrique III, además de los municipios leoneses de Riba de Sil y Laciana, el de Somiedo, rompiendo así el rey su juramento de no enajenar tierra asturiana en favor de noble alguno. La sentencia favorable obtenida por el Concejo en 1496 supone su reversión a la Corona Real durante el reinado de los Reyes Católicos y el fin de una larga etapa de abusos y atropellos cometidos por el linaje de los Quiñones, al amparo del privilegio concedido, y combatidos por vecinos y vaqueiros con sus litigios y protestas ante la Corte. Sin embargo, esta liberación será efímera, pues otra gran casa, la de los Miranda, se hará, junto con los Omaña y los Flórez, con el total control de Somiedo, donde compra con fraude los cotos realengos de Gúa-Caunedo y Aguino-Perlunes, muy en la línea de la innoble práctica caciquil que en lo político y económico la caracteriza desde su ascenso al poder en el s. XVI hasta su desaparición de la escena asturiana en el XVIII. La inevitable decadencia de los Miranda coincide en el tiempo (ss. XVII y XVIII) con nuevos episodios del enfrentamiento por los pastos, como el de la llamada revolución de las cercas, que emprenden agricultores y ganaderos, cuyos intereses chocan con los de la nobleza. Ese agravamiento de la batalla por la propiedad y la utilización del territorio se explica, fundamentalmente, por el crecimiento demográfico. Es también éste el momento del afianzamiento de los vaqueiros de alzada como «grupo social y económicamente diferenciado», brillantemente estudiado en los últimos años por el antropólogo Adolfo García Martínez, quien efectuó su trabajo de campo en los muchos pueblos vaqueiros existentes en Somiedo, entre ellos La Falguera, Perlunes, La Peral, La Llamera, El Puerto y Caunedo (véase apartado «Vaqueiros»). Los miembros de este grupo étnico podrán administrar sus haciendas tras legalizarse en 1781 los cerramientos sobre los comunales, después de un prolongado contencioso del campesinado asturiano contra la nobleza y contra unas Ordenanzas dictadas por el gobierno del Principado que favorecían descaradamente la ganadería trashumante.

Ya en el siglo XIX acontece la guerra de la Independencia, obligando a la Junta Superior de Armamento y Defensa de Asturias a refugiarse «en Somiedo, en mayo de 1810 ante el hostigamiento del general francés Bonet, que llega a creerla disuelta. Procedente de Luarca, la Junta recorre la geografía somedana (Las Morteras, La Pola, Villar de Vildas, y Caunedo —Caunéo—), declara al concejo Cantón Militar, y huye hacia León ante el avance enemigo» (J. Martín). Después de finalizar el conflicto bélico, el concejo de Somiedo adquiere su configuración actual, una vez que se abole en 1827 el régimen señorial. De esta manera pasan a formar parte del Ayuntamiento de Somiedo dos cotos que estaban fuera de su jurisdicción: el de Clavillas y Valcárcel, propiedad de la casa de Omaña, y el de Aguino-Perlunes, que pertenecía conjuntamente a los Flórez y a los marqueses de Valdecarzana. Un tercer coto, el de Gúa-Caunedo, antaño en manos de la casa de Miranda, ya había sido adquirido por los vecinos a mediados del siglo XVIII.

La primera guerra carlista afecta al concejo. Aquí, en 1836, se producen «desiguales encuentros entre el batallón Primero de Asturias al mando de José Flores y el ejército liberal» (J. M. Rguez.) y el 26 de octubre de ese año la partida carlista del general Sanz, en su precipitada huida de Asturias ante el contundente acoso liberal, utiliza los puertos de La Mesa y Somiedo.

El concejo somedano entró en el siglo XX manteniendo la hegemonía de las actividades agrarias. En los primeros años la excepción sería la puesta en marcha en verano de 1917 de la Central hidroeléctrica de La Malva, la primera del concejo, explotada por la Sociedad Civil Privada Saltos de Agua de Somiedo; ubicada en el paraje conocido como Cueva de La Malva, en la margen derecha del río Somiedo —aguas arriba de la Mesta del río Saliencia— y al pie del monte Gurugú, desde entonces, ininterrumpidamente, la Central, que luego fue ampliada, sigue produciendo energía. Su establecimiento en la segunda década del siglo trajo la prosperidad económica, sirviendo de momentáneo freno a la emigración en un concejo amenazado por la despoblación. La Malva aprovecha el agua de unas cuencas topográficas que totalizan casi 39 kilómetros cuadrados y produce una energía media anual de 43 GWh.

Durante la guerra civil española quedó fijado el frente de lucha en el contorno de El Puerto, donde resultaron particularmente duros los enfrentamientos invernales entre las tropas republicanas y las de los insurrectos, con dominio alterno, que se rompió en octubre de 1937 coincidiendo con la rendición a los nacionales de la zona central de Asturias, que se mantenía fiel a la República. El 25 de octubre de ese año el teniente coronel Manso y sus hombres protagonizan la marcha definitiva sobre el concejo.

Después de la contienda civil, las actividades agropecuarias continúan siendo el soporte económico de Somiedo, que se especializa en la ganadería enfocada hacia la producción de carne para abastecer a la zona central de Asturias, sometida a una fuerte industrialización, a la que Somiedo permanece ajeno. La Central hidroeléctrica de La Riera, el segundo de los saltos de agua somedanos, que, aprovechando las aguas de los ríos Somiedo y Saliencia, comenzó a funcionar en enero de 1946, produciendo actualmente una energía media anual de 36 GWh, y las modestas explotaciones mineras de Saliencia (hierro) y Caunedo (cinabrio), abiertas entre 1950 y 1978, son lo más representativo de unas actividades no agrarias que siguen teniendo escaso peso en la economía local.

 

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Patrimonio en Somiedo

Mucha de la riqueza artística diseminada por el concejo, ha sido perdida durante el paso de los tiempos, por culpa de robos, abandonos, incendios y destrucciones. Dentro la arquitectura religiosa que todavía se conserva en Somiedo tenemos la iglesia de San Pedro de La Riera, edificada en el siglo XVIII, con nave estructurada en forma de cruz latina, con bóveda de cañón rematada por una torre campanario a los pies de ella.

También se conserva en La Pola la iglesia parroquial de San Pedro, también del XVIII y que emplea sillar a la fachada y espadaña lo que le da un toque de mayor calidad. Se puede observa también como conserva un escudo de armas de los Flórez-Estrada.

En la localidad de Endiga encontramos la iglesia de San Salvador, fundada en el siglo XVII y que alberga en su interior unos retablos barrocos de gran importancia. Una de las construcciones más interesante es la iglesia de Santa María de Gúa, por estar erigida sobre restos del monasterio medieval de igual nombre, ocupado por monjas bernardas.

Dentro de su arquitectura civil y popular es frecuente ver por el concejo diversos palacios y casonas como el palacio de Flórez de Estrada, localizado en las proximidades de la Pola que fue construido a partir de una torre cúbica de fines del XVI o principios del XVII. En la capilla, agregada en el s. XIX, pórtico y arco de medio punto sobre la puerta de acceso. Parte de este cercado edificio está destinado a Casa de Aldea.

En Caunedo encontramos el palacio de la familia del mismo nombre. Construido sobre un edificio del s. XV, y que sufrió cambios posteriores. También hay que destacar en Villarín el palacio del conde de Torata de finales del XIX, que cuenta con una profusión de vanos para buscar luminosidad, ligereza y elevación. Otro palacio lo encontramos en Las Morteras, en donde encontramos el hoy abandonado palacio renacentista del matrimonio formado por María Meléndez y Diego Flórez Valdés, que nos muestra una gran calidad de su construcción en piedra. Otras construcciones importantes a parte de los palacios o casonas son las ruinas del castillo de Alba cerca de Pola, del que aún se conservan unos restos de un torreón circular y de muros, y también la existencia de un puente medieval situado en La Riera.

Además de todas estas construcciones, Somiedo destaca también por las construcciones de teito de escoba y por sus brañas, encontrándose en su territorio las de mayor fama de toda Asturias destacando las cabañas de teito de La Pornacal y Mumian, y los corros de falsa bóveda en Sousas y La Mesa. Finalmente hay que comentar que en la capital, se encuentra el centro de recepción e interpretación del Parque Natural, así como el museo etnográfico y que son motivo de cumplida visita.

 

Fiestas en Somiedo

Entre sus fiestas están:

San Antonio en Valcárcel, Valle del Lago, Villarín y La Rebollada los tres últimos fines de Semana de junio.

El Carmen en La Riera, Villar de Vildas y Caunedo, el tercer fin de Semana de Agosto y de Septiembre.

Nuestra Señora en Corés y Pola, el segundo fin de semana de Septiembre.

El Rosario en Clavillas, Gúa, Santullano y Valle del Lago, el segundo fin de Semana de octubre.

Casi todos los festejos que se celebran en el concejo, tienen lugar en la época veraniega al acabar las tareas agrícolas, y en ellas se disfruta de todas las tradiciones propias del lugar, donde nunca puede faltar la gastronomía, ingrediente fundamental en todas ellas. Además en el municipio tienen lugar diversas ferias ganaderas destacando la de la raza Asturiana de los Valles.

 

Gastronomía típica del Concejo de Somiedo

El contundente pote de berzas y el no menos fuerte pote de nabizas son dos de los platos estrella de su cocina. Pero las buenas propuestas se suceden: carnes de caza y roxa de vacuno, caldereta de cordero o cabrito, embutidos, truchas, panes de escanda y trigo, empanadas con rellenos varios, chanfainas… Los maravillosos postres de estas tierras son la mejor guinda a toda buena comida: arroz con leche, dulce de leche, galletas de la nata de la leche, tortilla de leche, requeisón (requesón) o cuachada (cuajada), freisuelos (frisuelos), florones, mazapanes o bizcochos, borrachinos…