Santo Adriano

Santo Adriano es un pequeño concejo que se encuentra en la zona central de la región y es lugar de arranque de la moderna senda del oso que recorre varios concejos de la comarca central asturiana a través de la caja del antiguo ferrocarril minero. Su extensión es de 37,5 km2 y la mayor parte de la población está concentrada en las localidades de Villanueva (Capital del concejo) y Tuñón. Limita con los concejos de Oviedo al norte, al sur con Quirós y Proaza, al este con Ribera de Arriba y Morcín y al oeste de nuevo con Proaza y Grado. La carretera regional AS-228, que recorre el concejo de norte a sur, es su principal vía de comunicación.

El subsuelo de Santo Adriano es devoniano mostrándose en él la arenisca roja propia del devoniano tan cargada de óxido de hierro que toma el carácter del mineral de hierro. El río Trubia según la descripción geológica hecha por Schulz, atraviesa una faja devoniana dura entre Tuñón y San Andrés, cuya garganta con su escobio es ruptura de terreno preexistente al río.

Respecto a su topografía hay que decir que es un concejo muy accidentado, afectado por las estribaciones de las sierras del Aramo y del Oral, que atraviesan el concejo en todas las direcciones mostrándonos una superficie desigual con fuertes desniveles y elevadas sierras calizas. Entre dichos desniveles se abre paso el río Trubia formando unas fértiles y frondosas vegas donde se concentra la mayoría de la población. Los picos más elevados son el Grandamiana con 813 metros, Los Navalones de 756 metros, El Piantón con 750 metros y el Castromayor con 672 metros.

El principal accidente fluvial es el ya comentado río Trubia que atraviesa el territorio de sur a norte formando unas vegas muy fértiles. Además del río Trubia existen numerosos arroyos que dan sus aguas a él, como el río Picarós que desemboca en el Trubia a la altura de la Cuesta de Prados formando límite con Proaza. Otros arroyos que fluyen al Trubia son los de las Xanas, el Rebregáu y el Tresarcu.

El clima aquí es muy difícil de determinar debido a las diferencias de sus paisajes y a las distintas latitudes y orientaciones de las aldeas. Por esto aparecen contrastes reseñables entre unos puntos y otros, siendo mucho más benigno en la vega de Villanueva, donde se dan unas temperaturas muy templadas y poca presencia de nieblas, muy extendidas por toda la región.

Su vegetación es muy rica y variada siendo común ver bosques mixtos de castaños y robles, en las zonas de montaña, y bosques de riberas con presencia de alisos, chopos y salgueros. En las vertientes soleadas se dan las encinas. Por suerte, la implantación del eucalipto aquí es mínima. También hay que destacar dentro del paisaje del concejo el desfiladero de las Xanas, declarado paisaje protegido por el PORNA. En cuanto a la fauna, se pueden ver en las montañas, aunque cada vez en menor cantidad especies tales como lobos, zorros, melandros y ardillas.

 

Capital

Villanueva es la capital del concejo de Santo Adriano desde que se llevó a cabo la desamortización efectuada por el rey Felipe II en 1589. Está localizada en la margen izquierda del río Trubia que se salva por un antiguo puente de un solo ojo de origen medieval. Es la localidad que tiene mayor número de personas aunque últimamente se ha producido un descenso considerado de la misma.

 

Demografía de Santo Adriano

La evolución de la población del concejo, al igual que la de los concejos de montaña en Asturias, sigue la misma línea que en todos ellos, es decir, un despoblamiento progresivo que van a dar lugar a la cifra de 323 habitantes de hoy en día, siendo una de las cantidades más bajas de todo el Principado. Desde que en 1900 la población alcanzase su cota más alta con 1.747 habitantes, la cifra poblacional va cayendo poco a poco hasta llegar a los límites actuales y pasar de una densidad de 69 hab./km2 a 16 hab./km2. La causa principal de este descenso se encuentra en los movimientos migratorios a la capital regional y su concejo, sobre todo a la fábrica de armas de Trubia, donde trabajan muchas personas de Santo Adriano. Aunque también otros concejos como Gijón, Proaza y Teverga reciben este saldo migratorio. De este modo la pirámide que presenta el concejo tiene la típica forma invertida con un predominio de la gente mayor de 40 años. La población se concentra en su mayoría, en las vegas, mucho más fértiles y mejor comunicadas que los asentamientos de montaña.

La actividad económica del municipio se reparte sólo entre el sector primario y el terciario. El sector primario genera un 43,75% de los empleos locales. La actividad ganadera es la principal fuente de vida de Santo Adriano, siendo las explotaciones bovinas orientadas hacia el sector cárnico la que mayor se trabaja. Por esta causa, la raza predominante de vacas es la Asturiana de los Valles. La agricultura apenas tiene repercusión en la zona, cultivándose los terrenos para uso doméstico principalmente.

El sector secundario industrial no tiene ni la más mínima incidencia en el concejo, llevándose la fábrica de armas en Trubia mucha de la mano de obra disponible aquí. Por último diremos que el sector terciario de los servicios representa a un 56,25% de la población activa, siendo el que últimamente más ha evolucionado.

 

Historia de Santo Adriano

Expertos de la Universidad de Oviedo hallaron en abril de 1998 un nuevo yacimiento con grabados rupestres en Santo Adriano de Tuñón pertenecientes al Paleolítico Superior. El flamante descubrimiento corrobora la importancia del yacimiento prehistórico del borde del Nalón y de los valles contiguos, proporcionando nuevos datos y fortaleciendo los estudios sobre la presencia del hombre en esta época en el Valle del Trubia. En esta zona, sobre la orilla derecha del río Trubia, se encuentra el abrigo rocoso de Tuñón, un «pequeño santuario» en opinión del catedrático de Prehistoria Javier Fortea, formado por dos paredes que convergen hacia el interior, con gran apertura de boca; descubierto en noviembre de 1994, cuenta con 30 grabados de animales prehistóricos del año 21.000 antes de Cristo (1ª parte de la 2ª mitad del Paleolítico Superior), entre los que destacan cinco ciervos, un caballo y dos o tres bóvidos que bien podrían ser uros; resulta de gran interés el abrigo de Tuñón porque ofrece una muestra de las etapas más antiguas de la expresión artística en Asturias y descubre la unidad y entrelazamiento del poblamiento del Nalón Medio en las etapas antiguas y medias del Paleolítico Superior. Pero mucho antes, concretamente en 1915, el conde de la Vega del Sella había excavado la famosa cueva del Fornu o de Conde, ubicada en las proximidades de Tuñón, de gran trascendencia para el análisis de la prehistoria asturiana, que, estudiada posteriormente por grandes especialistas como Obermaier (1925) y L. G. Freeman (1962), proporciona material del Paleolítico Medio y del Superior e informa de ocupación humana en el año 30.000 antes de Cristo.

En Santo Adriano, donde no se registra ninguna manifestación propia del Neolítico, existen dos castros: El Pico Constancio, en Las Carangas, y El Collaín, en Tenebredo, ambos inventariados por José Manuel González, quien los atribuye al área oriental del territorio de los ástures pésicos; sin embargo, no se conocerá su filiación cultural y cronológica hasta tanto no se excaven.

De época romana quedan la calzada y minas de Lavares. Se trata de una explotación a cielo abierto —probablemente, de mineral de hierro— y la calzada de comunicación asociada a ella en un monte sobre la localidad de Lavares (de clara etimología romana), fácilmente accesibles y localizables. El conjunto principal lo constituye una serie de circos de extracción, hoy día cubiertos de vegetación, pero claramente identificables y algunos de bastante espectacularidad y hermosura. La calzada, probablemente, sería de importancia secundaria, y aunque no conserva en este tramo restos de enlosado, sí se puede apreciar claramente el aterrazamiento, los muros de contención, etc.

Habrá que esperar al reino asturiano para que este pequeño concejo vuelva a tener relevancia histórica, la cual le llegó con la fundación —asignada a Alfonso III y su esposa Jimena— de la iglesia de Santo Adriano de Tuñón, inicialmente una abadía prerrománica. La documentación referida a su erección no está nada clara en su cuanto a su autenticidad. La supuesta carta fundacional fija su consagración el día 24 de enero del año 891. De la controversia, no obstante, se salva la fecha de su establecimiento, que los estudiosos dan por válida.

En esta zona también maniobró el conde Gonzalo Peláez, en su rebelión contra el monarca Alfonso VII, acaecida en los años treinta del siglo XII, pues dicho noble se valió de sus fortalezas en el valle del Trubia, entre ellas la de Buanga, castillo emplazado en la frontera entre los actuales concejos de Grado y Santo Adriano, que fue sitiado por el conde Suero Vermúdiz, enemigo del sublevado Gonzalo.

Tras esta breve digresión, es preciso retomar la Historia de este centro espiritual, porque tanto él como la Iglesia de Oviedo mediatizaron el caminar de estas tierras por la baja Edad Media. Según F. Javier Fernández Conde, catedrático de Historia Medieval, es en el siglo XIII cuando se inicia verdaderamente la vida canónica en Santo Adriano, o al menos cuando ésta se registra documentalmente. Por su parte, el coto de Santo Adriano, en manos de la Mitra ovetense durante todo el periodo bajomedieval, como el resto de los territorios del valle del Trubia, era parte integrante del vasto grupo de bienes del señorío episcopal en la zona central de la montaña asturiana y su gestión correspondía a encomenderos de noble linaje designados por el obispo. En 1348, Gonzalo Bernaldo de Quirós recibe del prelado Alfonso Peláiz, entre otras, la encomienda de Santo Adriano; más tarde recaería el nombramiento en su hijo, Lope González de Quirós.

Este estado de dependencia continuó hasta la desamortización eclesiástica llevada a cabo en tiempos de Felipe II, que hizo posible la compra por los vecinos de la jurisdicción de Santo Adriano y la formación de Ayuntamiento el 14 de octubre de 1589. La capital se fijó en Villanueva.

Hasta el siglo XIX no hubo ningún acontecimiento de especial relevancia; si acaso mencionar el devastador incendio de 1796. Sin embargo, ya en época decimonónica, el concejo se ve afectado por alteraciones territoriales; en 1827, con la supresión de los cotos jurisdiccionales, el de Linares y el de Las Morteras, tradicionalmente ligados a este pequeño término municipal, se incorporan a Proaza y Soto de Ribera, respectivamente, con la excepción de Lavares, que se desliga del segundo coto para pasar a engrosar Santo Adriano. Posteriormente, el 16 de junio de 1859, las parroquias de Caranga y Proacina ingresan en el concejo de Proaza; y ya en el siglo XX, Santo Adriano del Monte se anexiona a Grado.

«En el siglo XX la industrialización apenas afectó al municipio más que para llevar a buena parte de sus habitantes a trabajar a los centros industriales de Trubia o Avilés y como lugar de paso del mineral de carbón de Quirós o Teverga» (Xosé Firmu García Cosío).

 

Patrimonio en Santo Adriano

La obra más destacada monumentalmente del concejo es la iglesia de Santo Adriano en Tuñón, declarada como bien de interés cultural y monumento histórico nacional desde 1931. Es una edificación prerrománica fundada por el monarca Alfonso III el magno. Su estructura es la básica del arte asturiano, con planta basilical de tres naves con tres tramos, separados por arcos de medio punto que descansan sobre pilares lisos sin impostas y cubiertos con techumbre de madera. La nave central está más elevada mostrándose a cada lado de ella tres vanos rectangulares que se corresponden con cada arco. La cabecera es tripartita y están cubiertas sus cámaras con bóveda de cañón. Adosados en los lados de las naves se abrían dos capillas laterales de las que hoy solamente se conserva una de ellas. El ábside central conserva interesantes pinturas al fresco contemporáneas de la iglesia, y en ellas se puede observar un friso de torres amuralladas y una representación del sol y la luna.

En la capital del concejo tenemos la iglesia parroquial de San Román, de origen románico cuyos restos se observan en la estructura de una sola nave, el ábside semicircular y la cubierta con bóveda de cañón. El resto del edificio pertenece al siglo XVIII, en el que se reconstruyó la iglesia. En el interior de la misma podemos contemplar diversas pinturas murales de estética gótica. Otros templos religiosos de importancia en el concejo son los del Arcángel San Gabriel en Castañeu del monte y el de Santa Catalina en Llavares.

Del arte no religioso se hallan dispersas por varias aldeas numerosas casonas nobles con escudo señorial. Además la capital conserva un puente medieval de un solo ojo que une los dos barrios de la villa. Las viviendas típicas están muy bien encuadradas en el paisaje del concejo, estando bien conservadas la mayoría de ellas y mostrándonos la edificación representativa de las casas de pueblo asturianas.

Por último hay que hacer una reseña a la cueva del Fornu o del Conde, donde se hallaron restos antiguos correspondientes a la etapa paleolítica y que ha sido declarado bien de interés cultural.

 

Fiestas en Santo Adriano

Entre sus fiestas destacaremos:

Las fiestas de Los Mártires en Tuñón el día 20 de enero. Las fiestas de San Antonio en Dosango el día 13 de junio y las de San Juan en Castañeu del Monte el día 24 de junio. Las fiestas de El Carmen en Villanueva el día16 de julio. Las fiestas de San Román en Villanueva el día 9 de agosto.

Ya desde siglos pasados se tiene constancia de los rituales que se celebran en las fiestas del concejo. Así los historiadores Bellmunt y Canella, en 1522, hablan de las fiestas en las que no podían faltar la comida, la misa, la procesión, los bailes y las danzas y los palos de las romerías asturianas. Todas estas tradiciones perduran con el paso de los tiempos en su mayoría, haciendo que los festejos sean amenos y divertidos.

 

Gastronomía típica del Concejo de Santo Adriano

Miman su cocina las gentes de Santo Adriano, concejo que mantiene vivo el «samartín» o matanza del gochu (cerdo), una tradición compartida con otros muchos lugares del Principado de Asturias. Sus embutidos y derivados del cerdo, así como los productos de la huerta, contentan a los más exigentes por su calidad. La gastronomía local recurre a los platos representativos de la cocina asturiana. Sus menús más típicos son fruto del empleo de recetas tradicionales y de una esmerada elaboración.