Ribadesella

Ribadesella es un concejo asturiano situado en el oriente que limita al norte con el mar cantábrico, al este con Llanes, al Sur con Cangas de Onís y Parres, y al oeste con Caravia. Comprende una extensión de 84,73 Km2 presentando dos zonas muy diferenciadas: la costera y la interior. La villa capital es el principal núcleo de población.

Sus principales vías de comunicación son la N-634, que viene de Parres, la N-632, por la costa y la comarcal AS-263, contando, asimismo, todos los núcleos rurales con unos buenos accesos rodados. Así mismo, y como muchos concejos vecinos, nuevas infraestructuras en materia de carreteras se están acometiendo en la zona, tal como lo demuestra la ejecución de la obra de la autovía del cantábrico, que tiene previsto que se abra al público el tramo Caravia-Ribadesella en este año 2002. Del mismo modo cuenta con una buena infraestructura ferroviaria.

Desde el punto de vista geológico, Ribadesella se enmarca dentro de una faja estratigráfica que se desarrolla, casi en su totalidad, dentro del terreno carbonífero, con la única excepción de una zona meridional que presenta una alineación de capas de caliza y margas cretáceas. A ambas márgenes de la desembocadura del río Sella, el subsuelo se marca con los aluviones de él, prolongándose en dirección oeste una vez vierte sus aguas al mar. Siguiendo en esta dirección, encontramos arenisca, espato, pudingas y margas irisadas del jurásico y triásico.

Como ya se dijo líneas arriba, el relieve del concejo presenta dos partes claramente diferenciadas. La zona interior del concejo presenta alineaciones montañosas de caliza y cuartiza en las que destacamos la sierra de Escapa, cuya altitud máxima es el pico Mofrechu de 897 metros y desde donde se pueden ver estupendas panorámicas de la desembocadura de la ría y de los picos de Europa, la sierra de las Pandas con el pico de Jorao de 749 metros, la sierra del Fito y la sierra de las Coronas cuyo techo es el pico Jabarico (465 m.)

La franja costera es estrecha y de un relieve mucho más suave formado sobre calizas carboníferas con la única excepción de la parroquia de Berbes. Su línea costera es abrupta a excepción de las playas del concejo (Vega, Santa Marina y La Atalaya).

No obstante el accidente más destacado de la geografía riosellana es el río Sella que divide al concejo en dos mitades prácticamente iguales formando un estupendo estuario en su desembocadura. Otros ríos importantes son los del Acebo que desemboca en la playa de Vega, el San Miguel, el San Pedro, que es un afluente del Sella, y el río Aguamía, que hace de frontera con el concejo vecino de Llanes.

Su climatología presenta los mismos rasgos que todos los concejos marítimos de la región, caracterizándose por tener unas condiciones benignas en todo el territorio, con unas temperaturas suaves y templadas, y un porcentaje de humedad bastante alto. Así la temperatura media anual, se sitúa en torno a los 16ºC, siendo predominantes los vientos de dirección norte, presentándose con una mayor frecuencia los del nordeste.

Debido al clima del concejo, suave y húmedo y gracias, sobre todo a las últimas repoblaciones, abundan las coníferas y los eucaliptos, siendo escasa la superficie ocupada en relación con el total.

 

Capital

La capital del concejo es la villa de Ribadesella, situada justo en la desembocadura del río Sella, rodeada por las playas de Santa Marina y la de la Atalaya, y que hoy en día concentra a más de la mitad de la población total del concejo. De gran importancia comercial en el pasado, hoy se ha convertido en una villa eminentemente turística, destacando en ella y sobre manera la celebración del descenso internacional del río Sella que convierte a la villa en la capital de la diversión y la alegría.

 

Demografía de Ribadesella

Desde que en 1920 se alcanzara el hito histórico de 9.173 habitantes, Ribadesella se ha caracterizado desde ese momento por ser un concejo migratorio y mal distribuido, pues de pasar la capital de tener el 23% del total en 1920, hoy concentra más del 50%, estando muchos pueblos casi desiertos. Así en la década de los sesenta es donde más se deja ver este fenómeno migratorio, produciéndose al mismo tiempo el proceso de concentración en torno a la capital del concejo. Todo esto nos deja unas estructuras demográficas bastantes desequilibradas, con un progresivo aumento del envejecimiento, ayudado por el descenso de la natalidad, y una relación de sexos bastante más favorable para el femenino.

Respecto a la actividad económica del concejo, el concejo de Ribadesella, siempre se caracterizó por mostrarnos a lo largo de la historia, una dualidad económica muy significativa: una pesquera y comercial en la capital, y otra ganadera y agrícola en el resto del concejo.

Hoy sin embargo la situación ha cambiado considerablemente, destacando sobre todo el sector terciario que se lleva el 57,12% del empleo gracias sobre todo a la actividad turística, siendo el comercio y la hostelería las que ofrecen un mayor número de empleos, presentando un alto grado de equipamiento turístico que le hacen convertirse, junto con el concejo de Llanes, en el lugar preferido por muchas personas para disfrutar de las épocas de descanso.

El sector primario va perdiendo fuerza con el paso del tiempo, ocupando en la actualidad al 16,10% de la población activa, siendo la ganadería la actividad que mayor número de empleos genera. Básicamente se trabaja con el ganado bovino, estando su producción claramente orientada al sector lácteo. El sector pesquero, antiguo soporte de la economía del concejo, también se ha resentido hoy en día, representando actualmente a sólo un 2% del empleo local.

El sector secundario y de la construcción, ocupa el 26,78% sobresaliendo ese último sector, que ha crecido bastante en estas últimas décadas, coincidiendo con el despegue en toda la región. Otras actividades industriales con representación son las madereras, extractivas de metales y alimentación, aunque éstas últimas en claro proceso regresivo. La mayor parte de esta actividad secundaria se concentra en la villa capital y en la localidad de Llovio.

 

Historia de Ribadesella

El asentamiento humano en territorio de Ribadesella es continuo desde los más remotos tiempos prehistóricos. Al hombre de entonces el marco geográfico riosellano le ofrecía ventajosas condiciones para el hábitat. La arqueóloga Yolanda Viniegra apunta a que ello fue posible gracias a la convergencia de varios factores. De un lado, la configuración topográfica, donde sobresale el ancho pasillo costero y el largo curso del río Sella rematado en su desembocadura por un amplio estuario. De otro, la pluralidad de cavernas y abrigos rocosos, que, nacidos de la acción de desgaste del agua sobre los vastos sectores calcáreos comarcales, acogieron a aquellos hombres, sometidos como estaban a la hostilidad de Würm, la última glaciación cuaternaria. Es preciso tener en cuenta, además, que el concejo reúne en un reducido espacio muy distintos biótopos, es decir, territorios o espacios vitales de condiciones ambientales adecuadas para el desarrollo de seres vivos, poseedores en este caso de una gran diversidad de recursos naturales.

Aquellos cazadores-recolectores constituyeron una auténtica civilización prehistórica, de la que se vienen teniendo noticias desde principios del siglo XX gracias al descubrimiento y exploración de las muchas cuevas de interés existentes, un empeño de resultados grandiosos que comprometió a especialistas tan cualificados como el conde de la Vega del Sella, E. Hernández Pacheco, H. Obermaier, F. Jordá Cerdá, éste a mitad de siglo, o Rodrigo de Balbín, en la actualidad. Sin embargo la investigación no cesa, continúa a un ritmo trepidante. El hallazgo de más pinturas y restos arqueológicos convierte a Ribadesella —cuyo periodo de mayor esplendor es el Paleolítico Superior— en una de las cunas mundiales del arte prehistórico y concretamente a Tito Bustillo, la caverna más importante del macizo de Ardines, en uno de los santuarios mundiales de la creación artística paleolítica, de una calidad equiparable a la cántabra de Altamira y a la francesa de Lascaux. Tito Bustillo aparte, Ardines cuenta con al menos doce cuevas de la época del Magdaleniense; para Alfonso Moure Romanillo, catedrático de PreHistoria de la Universidad de Cantabria, las más sobresalientes son La Cuevona, La Lloseta, El Cierro o Cierru, Les Pedroses, Cova Rosa, Cueva del Ríu, Cueva del Tenis y San Antonio; todas ellas situadas al occidente del Sella, excepto la de San Antonio, ubicada en la margen derecha del estuario de dicho río.

Como ya se ha dicho, las excavaciones arqueológicas en el macizo de Ardines continúan dando resultados muy satisfactorios. Así, en Tito Bustillo, después de que el equipo de Rodrigo de Balbín, catedrático de PreHistoria de la Universidad de Alcalá de Henares, lograse recuperar más de un centenar de nuevas pinturas, además de una inédita capilla dedicada a la sexualidad masculina, los estudios efectuados en julio de 1999 por la prehistoriadora asturiana Ana Cristina Pinto han llevado a descubrir, en una pequeña galería cercana al panel central de la cueva, numerosos restos de osos cavernarios (cráneos, mandíbulas, fémures y centenares de pequeñas piezas), en lo que es el único yacimiento de este tipo conocido hasta el momento en Asturias. Esos enormes plantígrados que habitaron la cueva de Tito Bustillo cuando en Ribadesella mandaba un clima frío en extremo eran muy diferentes al oso pardo actual y superiores en peso y en tamaño a los grizzlies, los grandes osos norteamericanos. El peso de un adulto debía de estar en torno a la media tonelada. Curiosamente, el grupo de investigación ha averiguado que Tito Bustillo era morada para hembras y oseznos, y en ninguna circunstancia para machos. Rodrigo de Balbín había fechado la presencia humana en esta cueva unos 15.000 años anteriores al Magdaleniense, lo que supondría una continuidad de vida de unos 25.000 años ininterrumpidos. La presencia de dichos animales, algo de lo que ya se tenía constancia, multiplica por cuatro ese intervalo temporal, ya que los «restos tienen al menos 100.000 años, pero podrían alcanzar los 300.000», según Pinto.

El Aula Didáctica de Prehistoria, inaugurada en 1987, ocupa el edificio anexo a la cueva de Tito Bustillo. Emplea distintos recursos didácticos para ofrecer al visitante una visión de conjunto de la Prehistoria asturiana, desde los primeros tiempos del Paleolítico Inferior hasta la aparición de la metalurgia: grandes paneles gráficos y, también, vitrinas con distintas reproducciones de piezas arqueológicas, provenientes de varios yacimientos asturianos, entre ellos el de la propia cueva de Tito Bustillo.

En lo que fue la primitiva entrada al sector oriental de Tito Bustillo, pero formando una cueva totalmente independiente hoy día, se encuentra la denominada Cuevona, con un yacimiento arqueológico estudiado superficialmente en la primera década del siglo XX, y con constancia de la existencia de zonas decoradas en sus paredes hoy muy deterioradas por las especiales condiciones climáticas de la localidad. Actualmente se ha instalado un espectáculo audiovisual que trata de crear en el espectador una actitud inquisitiva hacia el origen y significado del arte parietal, presentado, según el guión, como la primera manifestación conocida de una forma de lenguaje y de comunicación. Su visita se organiza a partir del Centro de Acogida e Información de Tito Bustillo.

Los tiempos epipaleolíticos están representados por el Aziliense (X-VIII milenio a. de C.) en la cueva del Cierro y, en mucha mayor medida, por el Asturiense, cultura presente durante cuatro milenios en territorio riosellano y extendida hasta el IV-III milenio a. de C., que se prodiga generosamente por todo el concejo, con asentamientos en Junco, Berbes, Cuerres, Ribadesella, etc. El empobrecimiento cultural caracteriza al Asturiense; no hay creación artística y del raquítico utillaje lítico únicamente puede ser destacado el pico asturiense, tosco utensilio de cuarcita provisto de una punta aguda que servía para recolectar los moluscos marinos y provocar la rotura de sus caparazones; el masivo consumo de ellos dio lugar a los típicos concheros, grandes acumulaciones de conchas que aparecen en La Lloseta o Les Pedroses.

El Neolítico ha dejado aquí endeble huella. En el conchero de Les Pedroses se encontraron varios fragmentos cerámicos que permitieron reconstruir una vasija de respetable tamaño. Tal hallazgo da pie a suponer la coexistencia durante determinado tiempo de dos formas de vida diferentes, la asturiense y la propia de las primeras comunidades neolíticas. Las creaciones megalíticas son hasta ahora escasas. Este periodo, no obstante, nos ha legado un hacha de piedra pulimentada proveniente de Cuerres y enterramientos o túmulos localizados en las estribaciones del Fito.

La Ribadesella prerromana estuvo habitada por el pueblo cántabro de los orgenomescos; el historiador latino Pomponio Mela cita, asimismo, a los salaenos. Tenían como capital a Octaviolca —junto al Sella— y extendían sus dominios hasta Colunga, Arriondas y Llanes. Aunque el solar riosellano ya estaba poblado en el Paleolítico, las primeras referencias escritas son del s. I a. de C. y pertenecen al griego Estrabón, que mencionó la ría de Noega, separadora de astures y cántabros. Hacia mediados del s. II d. de C., Ptolomeo (Geographike Hyphegesis) hizo referencia, asimismo, a Noega Ucesia, que se ha identificado con el río Sella y la población ribereña de Ucio (Ucesia).

La romanización no fue aquí excesiva, aunque sí hubo restos romanos, como las dos estelas funerarias del Forniellu (Leces), que ejemplifican la aceptación de las deidades romanas al tiempo que el mantenimiento del culto indígena, además de una moneda del año 354 d. de C., unas cerámicas y unos ídolos antropomorfos de piedra. Tras la victoria de las legiones sobre las indómitas tribus astures, Roma decidió dividir ambos pueblos por el río Sella, incluyendo a los astures en la provincia de Lusitania y a los cántabros en la Tarraconense.

Ya desde la época de la monarquía astur, el espacio de Ribadesella estaba integrado en una circunscripción territorial, denominada en las crónicas asturianas del ciclo de Alfonso III Primorias o provincia premoriense, definida por el medievalista J. I. Ruiz de la Peña como «marca oriental de Asturias», que abarcaba desde el Sella al Deva y desde los Picos de Europa al mar Cantábrico. «Este espacio ocupaba la margen derecha del río Sella o territorio de Melorda y la margen izquierda o territorio de Leduas» (Ana Belén de los Toyos Castro). Con el correr de los siglos medievales, la circunscripción premoriense terminaría dividiéndose en un grupo de territorios menores. En la Alta Edad Media, dos instituciones religiosas, San Salvador de Oviedo y el también ovetense monasterio de Santa María de la Vega, merced a sus posesiones, ejercían una gran influencia sobre Ribadesella.

En el siglo XIII se da un hecho de capital importancia, la fundación formal, hacia 1270, de la puebla y el alfoz de Ribadesella, bajo el reinado de Alfonso X el Sabio. Se unificaron entonces los territorios de Leces (Leduas) y Melorda (Meluerda), uno a cada lado del río, y se formó la unidad municipal que se ha mantenido hasta hoy. La nueva población, dotada de una carta de derechos civiles, no conservada, y de un gobierno tutelado por la Corona, pasaba a formar parte de un sistema de villas diseñado por la monarquía castellana para fortalecerse frente al poder emergente de la nobleza feudal. Según J. I. Ruiz de la Peña, la creación de este villazgo perseguiría la reorganización socioeconómica del alfoz, la concentración de la población dispersa en el distrito rural, el fortalecimiento de las estructuras político-administrativas con la creación de un concejo fuerte que hiciese frente con garantías a la rebelde nobleza local, además del fomento del desarrollo urbano y la reactivación económica del villazgo, lo que a su vez repercutiría beneficiosamente en el poder real.

El nuevo núcleo urbano se estableció sobre un antiguo portus, que ya se cita en documento de 1052, situado en la margen derecha del río Sella y dedicado a la pesca y al comercio.

«El nombre de esta villa, Puebla de Ribadesella, es un caso excepcional, puesto que no hace referencia ni al lugar donde se asentó —el antiguo portus—, ni al de su territorio, el alfoz de Melorda» (De los Toyos Castro).

La puebla se convirtió en el centro político-administrativo del concejo. Del gobierno de la villa y su alfoz se encargaron varias instituciones: una asamblea vecinal o concejo abierto, dos jueces y dos alcaldes, con responsabilidades ejecutivas y de administración de justicia, y, dependiente de éstos, un cuerpo de jurados o fieles. Completaba la organización un grupo de funcionarios municipales con distintas funciones.

A partir del otorgamiento de los privilegios fundacionales el primitivo portus experimentó un claro auge. El considerable esplendor económico vivido durante la Edad Media fue posible gracias a los astilleros, que se nutrían de la madera que se hacía bajar por el Sella, y al comercio marítimo, especialmente de la sal, indispensable para la salazón de pescados. La carencia de comunicaciones terrestres hacía que un puerto como éste tuviera un papel clave en el abastecimiento de todo el territorio. Aun así, la actividad más rentable era la captura con red de salmones en el Sella, controlada por el Gremio de Mareantes, y la caza de las ballenas que venían a invernar en estas aguas. En la playa existió hasta el s. XIX la Casa de las Ballenas, testimonio de aquella industria de derivados del cetáceo, como la carne en salazón o el aceite de candil. La villa formaba parte de la bajomedieval ruta litoral asturiana seguida por los peregrinos jacobeos; tal circunstancia también ayudó a su prosperidad.

A nivel político, Ribadesella, que en 1295 estuvo representada por Domingo Martínez y Martín Pérez en la Hermandad de los concejos de León y Galicia, constituida en las Cortes celebradas en Valladolid para defender la autonomía municipal de las apetencias señoriales, no estuvo al margen de los avatares de la época. En este sentido, la Edad Media fue aquí muy agitada, pues sus riquezas naturales y su situación estratégica eran disputadas por casas señoriales como la de Quiñones, la de Alvarez de las Asturias, la de Ruiz de Junco o la misma de Trastámara, cuando Enrique II pugnaba por ser rey. Los siglos XIV y XV fueron escenario de luchas constantes, hasta que los Quiñones se adueñaron de la villa en tiempos de Juan II. En 1488, los Reyes Católicos desalojaron a esta familia, enviándola a las Babias leonesas, e incorporaron de nuevo a Ribadesella a la Corona, junto con Llanes, Cangas de Narcea y Tineo, las cuatro villas conocidas desde entonces como las Cuatro Sacadas.

Marca el comienzo del apartado dedicado a la Edad Moderna del concejo la visita efectuada a la villa por Carlos I en 1517. En su primer viaje a España, el joven rey, tras el forzoso desembarco en Tazones y su estancia en Villaviciosa, llegó, procedente de Colunga, el 24 de septiembre de dicho año a la villa, «un muy agradable puertecito de mar llamado de Ribadesella» en palabras de Laurent Vital, cronista del viaje real (Relación del primer viaje del rey Carlos I a España), siendo recibido alegremente por las gentes del lugar y agasajado durante dos días, celebrándose en su honor varios festejos, entre ellos, una corrida de toros, una demostración de las milicias concejiles, bailes y cánticos populares. A Vital le produjo mucha extrañeza el tocado que cubría la cabeza de las mujeres casadas de la villa y así lo dejó reflejado en su crónica: « (…) llevan una banda o tira flexible de tela ligera recogida a manera de tubo de un ástil, del grueso de mediana y de tal modo recogida y arrollada sobre la cabeza, que el extremo de tan curioso artefacto viene a caerles sobre la frente. Las más gallardas y bonitas hacen el ástil tan firme, tieso y extendido que no hay medio de llevarle más que con la cabeza erguida. Y ponen el extremo de este tubo de tela de un color distinto que la del ástil, tanto que si éstos son blancos, el tubo es amarillo, y viceversa; y nada hay más extraño que ver esto por primera vez, por lo que da que pensar el aspecto de tan curioso atavío». El día 26 el monarca y su comitiva abandonaron la población en dirección al vecino concejo de Llanes.

Eran tiempos en los que la villa parece que gozaba de una intensa actividad, sobre todo en lo portuario. Un documento de 1514 lo describe como «puerto de mar e francés», explicando que «en la dicha villa avia continuamente muchas personas extrangeras a causa de las naves e carabelas que aportaban junto a las casas della». Los barcos locales, por su parte, se dejaban ver no sólo en otros puertos asturianos, cantábricos y mediterráneos peninsulares, sino también en los puertos europeos más importantes del frente atlántico (holandeses, flamencos, franceses, ingleses, irlandeses, etc.). Armadores, pescadores, marineros y comerciantes se reunían en el Gremio de los Mareantes, una asociación nacida en últimos años del XVI con la finalidad de defender a sus miembros («socorrer de “soldadesca” á enfermos é inútiles, viudas y huérfanos…») y regular sus actividades, que disponía de cofradía y de una capilla que, por estar ubicada en el magnífico arenal de Santa María, llevaba su nombre.

Entre los siglos XVI y XVIII hubo de procederse a la fortificación del puerto, ante la constante amenaza corsaria. Así, durante el XVI se fortificó y artilló el recinto de la ermita de Guía para defender el puerto de los corsarios y de las escuadras enemigas de Felipe II. No se registraron saqueos de la villa ni combates de importancia entre los asaltantes y la milicia local, que estaba dirigida por miembros de las familias Prieto y Junco, de gran tradición militar.

En aquel tiempo, los más grandes linajes: Cutre, Ruiz de Junco, Prieto, Ardines…, condicionaron tanto las elecciones a miembros de la organización concejil que acabaron por hacerse con el control total del gobierno municipal. Las regidurías y oficios del concejo pasaron a manos de las más poderosas casas locales. Hasta 1673 los vecinos no lograron redimirse.

En el XVIII hay un ostensible declinar de la actividad pesquera, a cuyo agravamiento contribuye la ausencia de ballenas en su costa, que proporcionaba pingües beneficios al sector, y una en apariencia mengua de los bancos salmoneros. No obstante, en la segunda mitad de esta centuria se asiste a un intento por buscar salidas a la crisis de la pesca. Ribadesella, que desde 1751 se transformó en una de las dos capitales marítimas del litoral asturiano abarcando desde Tazones al oriente de la región, procuró, en las décadas siguientes, consolidarse como primer puerto asturiano y puerto de enlace con Castilla, presentando a la Junta General del Principado un proyecto de carretera hacia la Meseta a través de Ponga. Pero, tal vez por influencia de Jovellanos, las inversiones se fueron hacia el puerto de Gijón y hacia la carretera de Pajares, dejando a Ribadesella un tanto estancada en su progreso. No obstante, en 1781, Carlos III ordenó adjudicar 100.000 reales para el comienzo de las obras de mejora del puerto y ensanche de la villa riosellana que no se verían acabadas hasta casi un siglo después; los trabajos del nuevo muelle dieron comienzo en 1784 y concluyeron en 1854.

La invasión francesa paralizó las labores. La villa fue utilizada como cuartel de retaguardia y puesto de avituallamiento para las tropas del general Ballesteros, que resistía junto al río Deva. En 1810, el general galo Bonet rompió las líneas y llegó a Ribadesella, que volvió a sufrir los rigores de una ocupación que fue continua entre marzo de ese mismo año y el verano de 1811. Las guarniciones francesas padecieron el constante acoso de partidas de guerrilleros que operaban en el área oriental de Asturias (Balmori, Escandón).

En la segunda mitad del siglo XIX la emigración a América en busca de mejores horizontes se hizo masiva. Ante la abrumadora predilección por Cuba, Ribadesella estableció un servicio regular de viajeros de todo el este de Asturias hacia la isla caribeña, donde algunos riosellanos hicieron considerables fortunas y beneficiaron de un modo u otro a su localidad natal. Fue famoso el bergantín La Habana, «vehículo» a un sueño: «hacer las Américas».

En 1865, finalizado el ensanche, se construyó un puente de madera sobre el Sella, que fue sustituido por otro de hierro en 1892. Este resultó destruido en 1937 por avatares de la guerra civil y en 1940 se inauguró el actual puente de hormigón. En los años sesenta y setenta se acabó de urbanizar el arenal de la playa de Santa María, quedando la villa configurada tal como hoy se la conoce.

En el plano político queda por reflejar tanto la victoria en las elecciones de febrero de 1936 del Frente Popular, coalición de izquierdas que rigió la vida municipal hasta septiembre de 1937, fecha en que es tomada Ribadesella por los nacionales, como la imposición de un nuevo y autoritario régimen, que ejerció un absoluto control de la vida política y administrativa del concejo durante casi cuarenta años, «en los que tras una difícil y prolongada posguerra, la construcción de viviendas, el turismo, el consumismo, los medios de comunicación y las nuevas costumbres lograron modernizar la vida riosellana sentando las bases para el cambio democrático tras la muerte de Franco» (Juan José Pérez Valle).

JUAN JOSE PEREZ VALLE: «Ribadesella», en Asturias a través de sus concejos, pp. 706-713, Edit. Prensa Asturiana S.A., Oviedo, 1998.

——: Diccionario Geográfico de Asturias (coautor), Ed. Prensa Asturiana, Oviedo, 2000.

RAFAEL PRENDES RODRIGUEZ-MARIBONA y C. U. A.: «Ribadesella», en Gran Enciclopedia Asturiana, t. 12, Silverio Cañada (editor), Gijón, 1970.

YOLANDA VINIEGRA PACHECO, ANA BELEN DE LOS TOYOS CASTRO y otros: Ribadesella, Caravia y Colunga, en colección «ASTURIAS concejo a concejo», Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo, 1995.

 

Patrimonio en Ribadesella

Ribadesella tiene un gran patrimonio monumental, con descubrimientos que datan ya de la edad jurásica como son las huellas de dinosaurios encontradas en los acantilados de Vega, en Tereñes y en la parte occidental de la playa de Ribadesella. También han sido encontrados diversos yacimientos prehistóricos, como los encontrados en las cuevas de Cova Rosa, La Lloseta, Tenis, Les Pedroses, San Antonio, y sobre todo y destacando entre todas las de la cueva de Tito Bustillo, que nos muestran útiles varios de la época, pinturas y mobiliario prehistórico. De sus paredes cuelgan pinturas y grabados únicos, equiparables por su calidad a los más famosos de España y Francia, y que representan a más de un centenar de figuras de animales y signos de la época magdaleniense.

Su representación arquitectónica también es amplia y extensa, ya sean éstas edificaciones religiosas, civiles y populares. De este modo, religiosamente hablando, destaca de entre todas la iglesia de Santa María de Junco, de la época románica de nave única, planta rectangular y con ábside semicircular que va precedido de un tramo recto. En el interior podemos contemplar una buena decoración, que se centra principalmente en la cabecera. El arco de triunfo se apoya en seis columnas con capiteles en los que hay interesantes representaciones de cabezas monstruosas. En la bóveda del ábside tenemos restos de pintura de temática vegetal.

En la localidad de Leces tenemos el templo de San Esteban, la cual conserva restos románicos, como el presbítero y dos capiteles decorados con aves. También hay que hablar de la capilla de la Virgen de la Guía, construida en el siglo XVI de estilo protorrenacentista. Fue creada por el gremio de mareantes y conserva una gran elegancia su fachada lateral, realizada en sillares bien escuadrados como fondo.

De la época barroca hay que destacar la capilla de Santa Rita en Barreu y la iglesia de San Martín de Collera. Por último reseñar la más moderna de las construcciones religiosas que es la iglesia de Santa María Magdalena en la capital, que fue construida en 1936.

Por lo que respecta a la arquitectura civil, mencionamos dos torres de la época medieval situadas en Junco y San Esteban de Leces. La torre de Junco, data del siglo XIV, y es una construcción de sólida apariencia y escasa apertura de vanos. La de San Esteban, también presenta planta cuadrada, perteneció a la familia Ruiz de Junco.

También importante es la actual sede del ayuntamiento riosellano, antiguo palacio de Prieto Cutre, obra muy significativa del siglo XVI. Presenta una excelente y sobria fachada plateresca. Para la puerta, hueco semicircular, se han utilizado grandes dovelas. La ornamentación queda restringida a una fina moldura horizontal que circunda los vanos.

En Sebreño tenemos el palacio de los Junco, del siglo XVI, y reconstruido en el XVIII. Está estructurado en planta en forma de “U”, presentando un aspecto externo diferente al de los urbanos, pues está pensado para adaptarse a las exigencias de la actividad agraria del ámbito rural.

Otra obra palaciega la encontramos en Alea, con un palacio al que se le han ido adosando nuevas construcciones, constituyendo el antiguo torreón su punto central. Del siglo XIX destacaremos los de Linares, Montoto en Torre y el de Piles en Collera. Estos dos últimos muestran similitud en algunas de sus características, como el uso de vanos de cantería, balcones bien proporcionados y división en tres plantas delimitadas por líneas de imposta. Ya en la capital podemos contemplar un conjunto arquitectónico de interés, como la casa del Collado, donde nació el pintor Darío de Regoyos, y la casa Ardines, así como el recientemente remodelado palacio de la familia Prieto.

Los primeros años del siglo XX traen consigo la edificación alrededor del arenal de Santa Marina, de palacios de carácter residencial y de ostentosos chalés que representan el poder monetario de la población indiana de la época.

 

Fiestas en Ribadesella

Nombrado Municipio de Excelencia Turística, ofrece a quien lo visite: turismo rural y activo, gracias a su belleza natural, historia y monumentos, gastronomía, y sobre todo un gran número de celebraciones festivas, destacando de entre todas ellas el Descenso Internacional del Sella, fiesta de interés turístico y nacida a raíz de una idea de Dionisio de La Huerta. En ella se conjugan dos vertientes diferentes. Por un lado la deportiva, congregándose en ella lo mejor del piragüismo del momento, y por otro lado la festiva, ya que atrae a miles de visitantes, tanto nacionales como internacionales, que convierten a la villa en uno de los centros turísticos más importantes de toda la región asturiana. Además de este festejo popular otras celebraciones del concejo destacables son los siguientes:

Los Carnavales que se celebran en febrero o marzo. En el mes de junio, son las fiestas de San Juan en Ribadesella el día 24. Las fiestas de la Virgen de la Guía en Ribadesella en el mes de julio. En el mes de agosto son las Ferias de San Mamés en Cuerres el día 7, o las fiestas de Santa Marina en Ribadesella, el día 25. En el mes de septiembre son las fiestas de Nuestra Señora de la Esperanza en Collera el día 8.

 

Naturaleza en Ribadesella

Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve.

  • Estado legal: Sin declarar
  • Superficie: 81.12 km2
  • Localización: Concejos de Colunga, Caravia, Ribadesella, Parres y Piloña
  • Accesos: Por la Carretera Comarcal AS-260, de Arriondas a Colunga
  • Vegetación representativa: Hayedos. Bosques de tejo
  • Fauna representativa: Gamo. Aves rapaces. Caballos asturcones
  • Otras figuras de protección: Incluye al Lugar de Importancia Comunitaria de la Sierra del Sueve

La Sierra del Sueve se localiza muy próxima al mar, en el tercio oriental de la región y sobre las lindes de los municipios de Colunga al noroeste, Caravia al noreste, Ribadesella al este, y Parres y Piloña al sur.

Los límites considerados por definir este espacio son los de la actual Reserva Regional de Caza del Sueve. Su principal acceso lo constituye la N-634, que lleva a Santander, siendo su borde septentrional recorrido por la N-632, que une Ribadesella y Gijón.

El Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve constituye un resalte topográfico de orientación suroestenordeste, bien delimitado entre las áreas llanas de las rasas costeras y el surco prelitoral, que se extiende hacia la depresión central de Asturias. Su carácter de promontorio rocoso en un área sustancialmente llana le confiere un papel principal en la definición del paisaje del oriente asturiano.

El Paisaje Protegido comprende en la práctica dos sierras casi contiguas. La principal, El Sueve, constituye una mole caliza que alcanza su máxima altura en los 1161 m del Picu Pienzu. A pesar de la dominancia del roquedo calcáreo, aparecen en su vertiente noroccidental algunos afloramientos pizarrosos que contribuyen a diversificar el paisaje. La de El Fitu, en cambio, es una sierra de escasas dimensiones situada al este de la anterior y de litología principalmente cuarcítica.

El núcleo central de la Sierra presenta un modelado kárstico lleno de dolinas, lapiaces, valles ciegos y otras formas kársticas de gran belleza.

Atardecer desde el mirador de El Fito

Sin embargo, aparece salpicado de una multitud de bosquetes y brañas que soportan desde hace siglos una intensa actividad ganadera.

El mirador situado en el Puertu del Fitu y las partes más altas de la Sierra constituyen una excelente atalaya para la contemplación de las rasas costeras desde Caravia a Villaviciosa.

Más información sobre el Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve

 

Geología

El Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve constituye un resalte topográfico de orientación suroestenordeste, delimitado entre las áreas llanas de las rasas costeras y el surco prelitoral, que se extiende hacia la depresión central de Asturias. Su carácter de promontorio rocoso en un área sustancialmente llana, le confiere un papel principal en la definición del paisaje del oriente asturiano.

Este espacio comprende en la práctica dos sierras casi contiguas. La principal, El Sueve, constituye una mole caliza carbonífera de la Formación Caliza de Montaña, enmarcada en la Región de Pliegues y Mantos de la Zona Cantábrica, que alcanza su máxima altura en los 1 160 m del Picu Pienzu. A pesar de la dominancia del roquedo calcáreo, aparecen en su vertiente noroccidental algunos afloramientos pizarrosos que contribuyen a diversificar el paisaje. La de El Fitu, en cambio, es una sierra de escasas dimensiones situada al este de la anterior y de litología principalmente cuarcítica.

El núcleo central de la Sierra presenta un modelado cárstico lleno de dolinas, lapiaces, valles ciegos y otras formas cársticas de gran belleza. Sin embargo, aparece salpicado de una multitud de bosquetes y brañas que soportan desde hace siglos una intensa actividad ganadera.

 

La vida vegetal

Las laderas de la sierra han sufrido un acusado proceso de deforestación ligado al uso ganadero de la zona. Lo que antaño debieron ser extensos bosques de carbayo y haya sobre empinadas laderas se han reducido actualmente a bosquetes y pequeños rodales arbustivos. Aún así, la Sierra del Sueve es, de todos los grandes cordales calcáreos de la región, el que conserva una mayor proporción de superficie forestal.

El paisaje vegetal de la Sierra del Sueve resulta en la actualidad extraordinariamente variado. Los relieves kársticos de la cima aparecen salpicados de bosquetes de acebo (Ilex aquifolium) y espinera (Crataegus monogyna) densamente imbricados que sirven de refugio al ganado, para guarecerse de las inclemencias del tiempo durante el invierno o de los calores del verano. Se ha especulado bastante con el significado fitogeográfico de ese tipo de formaciones, sin embargo, parecen ser los restos de primitivas carbayedas eútrofas, conservadas por los pastores a causa de su utilidad como refugio de la cabaña.

La multitud de depresiones kársticas que aparecen por la sierra soportan praderas pastadas por el ganado doméstico o una nutrida población de gamos. En ellos es frecuente que se conserven grandes ejemplares de fresno (Fraxinus excelsior) o tejo (Taxus baccata).

Por contra, la cubierta vegetal de las áreas con menos suelos está formada principalmente por matorrales almohadillados de aulaga (Genista hispanica subsp. occidentalis).

Sobre los suelos silíceos, sin embargo, alternan brezales y bosquetes de espinera y peral silvestre (Pyrus cordata), habiéndose citado en las áreas más húmedas el raro helecho macho asturiano (Dryopteris corleyi), especie endémica del litoral oriental de Asturias y occidental de Cantabria y catalogada como de interés especial.

Más abajo, el piedemonte del Sueve se funde con las rasas costeras y el afloramiento de los acuíferos da lugar al pequeño cauce fluvial del río Espasa. La ribera de éste aparece poblada de una aliseda ribereña en cuyo sotobosque es frecuente la presencia de helechos tan raros como el helecho de los colchoneros (Culcita macrocarpa) o la helechilla (Trichomanes speciosum), estando ambas especies recogidas en el Catálogo Regional de Flora Amenazada.

 

La vida animal

Hacia la vertiente norte, en el paraje de la Biescona, se conserva un hayedo eútrofo extraordinariamente conservado y que probablemente constituya la masa de hayas más cercana al mar y de menor altitud de Asturias, favorecida sin duda por el notable efecto barrera que para los frentes oceánicos supone el promontorio calizo del Sueve. Muy cerca se sitúa también una de las principales masas de tejo de la región, bosque de notable valor por ser rara su existencia a pesar de la frecuencia con que el tejo participa de otros tipos de bosque.

La cabaña ganadera, vacas, cabras, ovejas, caballos y potros, comparten el espacio de las laderas del Sueve con la fauna salvaje. Destaca entre todos el asturcón, raza de caballo semisalvaje que, tras pasar un periodo en que su supervivencia se vio seriamente amenazada, ha conseguido estabilizar su población.

Del resto de las especies que componen el elenco faunístico de la sierra llama poderosamente la atención el gamo (Dama dama). La especie fue reintroducida en los años sesenta con fines cinegéticos y el éxito de su adaptación fue tan alto que a pesar de la presión cinegética requiere frecuentemente controles poblacionales adicionales.

También se intento reintroducir el ciervo(Cervus elaphus), pero sin éxito, pues la mayoría de los animales se desplazaron a otras zonas y sólo quedan unos cuantos ejemplares en la zona oriental y en el Fito.

Abundan además zorro y jabalí, así como aves rapaces, entre las que no es difícil reconocer la silueta del alimoche (Neophron percnopterus), incluida en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la

Fauna Vertebrada como especie de interés especial. También es interesante la presencia de la chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus) y la más esporádica del águila real (Aquila chrysaetos).

Destacan también otros grupos como el de los quirópteros, en el que está presente el murciélago de cueva (Miniopterus schreibersi) y dentro de los reptiles, la lagartija serrana (Iberolacerta monticola), que tiene aquí un núcleo aislado del resto de su área de distribución.

 

Gastronomía típica del Concejo de Ribadesella

El santo y seña de la gastronomía de esta zona es la cocina marinera, sobresaliendo la merluza del pinchu. Pero pescados exquisitos también lo son la lubina, el besugo, el xáragu, el pixín, el rey, el lenguado o los salmonetes. Merecen también atención el bonito, los calamares, las populares sardinas y bocartes; productos del pedral como las llámparas, los bígaros, el pulpo o los prodigiosos arcinos; la caldereta a la riosellana; el marisco local (percebes, andaricas y centollos); la angula y el salmón del Sella; la jugosa carne roxa de vacuno; el pantrucu o emberzáu;, quesos, casadielles de nuez, arroz con leche requemáu, la leche frita o les joyueles, compotas de manzana y pera, el dulce casero, manzanas asadas y azucaradas… Y como remate, licores y aguardientes de Collera.