Piloña

Piloña es un concejo asturiano situado en la zona centroriental de la región. Limita al norte con Villaviciosa y Colunga, al este con Parres, al oeste con Nava y Cabranes y al sur con los concejos de Ponga, Caso y Sobrescobio. Comprende una extensión total de 283, 89 Km2.

Cuenta el concejo con unas buenas infraestructuras comunicativas. Así tenemos como más importantes, la N-634, la AS-254, que se dirige a Caso, la AS-255 a Villaviciosa, o la AS-258 a Colunga. Completa su red de carreteras varías vías locales y comarcales. La presencia del ferrocarril también se deja notar en el concejo, atravesando la FEVE el territorio.

El suelo Piloñés es montañoso con pequeños valles penetrantes y estrechos, y varias montañas con mucha pendiente pero altitudes no muy pronunciadas. La mayor parte del terreno está sumida en una depresión de edad terciaria en dirección este-oeste y recorrida por el río Piloña. Gracias a los estudios geológicos en la región se vio que diferentes fajas provenientes de Caso formaban una curva semielíptica en el concejo, viendo como en la zona centro predominaba la arenisca gris, así como caliza y otros elementos. Son conocidos buenos bancos de carbón en La Marea, habiendo otros menores en Sotiello y Borines. Hay fajas de pizarra en la sierra de Quess y la sierra de Cayón.

Topográficamente hablando podemos afirmar que Piloña se encuentra envuelta por un conjunto de cordilleras, montañas, picos, etc., estando su cota mínima en Infiesto con 150 metros y su máxima elevación en el Pico Vízcares con 1.419 metros. Por el norte destacamos la cordillera del Sueve y que abarca los concejos de Colunga, Caravia y Parres además de éste. También tenemos al noroeste el cordal Piloña-Cabranes-Villaviciosa con el monte del Otro como mayor altura (653 metros). En la zona central destacamos la sierra de Grandasllanas con el cerro del Rosellón como accidente más destacado (1.125 metros), la sierra de Quess y la sierra del Pino. Un poco más abajo está la sierra de Bedular con el pico de la Peña Ñiaño con 1.075 metros, la sierra de Priede, la sierra de Pesquerín y la sierra de la Frecha. Y en la parte limítrofe meridional tenemos la sierra de Sellón, la sierra de Tameces y la sierra de Aves, donde se encuentra el pico Vízcares.

De su red hidrográfica destacamos el río Piloña, también llamado río grande que nace en la montaña de Villamayor en el concejo de Bimenes, atraviesa Nava, ingresa en el concejo de Piloña por Coya, penetrando posteriormente en Parres, donde se une al río Sella en Arriondas.

A su paso por Piloña el río recoge aguas de diferentes ríos, riegas, y arroyos que echan sus aguas en él. Son de destacar el río Mon, el río de la Cueva, el Espinadero, el Valle, la riega de Corujedo, la riega la Mina, el arroyo de carocea, la riega seca y el río Borines, el cual tiene en su nacimiento la fuente de las famosas aguas minero-medicinales.

El clima de la zona es oceánico, templado, húmedo, y lluvioso, aunque sufre pequeñas variaciones por la ordenación del terreno y su diferente orientación y altitud.

La atmósfera se encuentra muchas veces saturada de vapor acuso, ayudando a este fenómeno los frecuentes vientos del norte y noroeste que sacuden la región. La temperatura media anual es de 12º C.

La vegetación es muy variada y exuberante, predominando los bosques de hayas robles, castaños, avellanos, pinos y eucaliptos habiendo también cultivos de nogales y manzanos.

 

Capital

Infiesto, situado a orillas del río Piloña es la capital del concejo que toma el nombre de su río. Es el núcleo más poblado del territorio aunque en estos últimos tiempos ha sufrido un descenso debido a la emigración. Importante también es el festival de la avellana que se celebra aquí, que fomenta el cultivo de dicho fruto así como su utilización en la repostería tradicional y moderna.

 

Demografía de Piloña

Históricamente Piloña se caracterizó por ser un concejo creciente, poblacional y demográficamente hablando, hasta la primera mitad del siglo XX, en el que la emigración a terrenos ultramarinos primero, y las salidas al centro de Europa y los centros industriales del Principado después, cambiaron las tornas para ver como poco a poco se reducía su población de casi 20.000 habitantes en 1930 a 8.799 en la actualidad, teniendo una densidad de población de 34,3 habitantes/km2. Así todo, las estructuras demográficas empiezan a desequilibrarse, con un paulatino envejecimiento de la población, aunque la relación entre hombres-mujeres se encuentra bastante pareja, siendo una de las más equilibradas del Principado de Asturias.

El núcleo más importante de población hoy en día es su capital Infiesto que concentra mas del 20% del total, seguido de las poblaciones de Villamayor y Sevares, siendo elemento común en las tres el paso del río Piloña y de la carretera N-634.

El sector agropecuario, históricamente, fue el principal soporte económico del municipio, siendo relegado en dicha función actualmente por el sector terciario de los servicios, que es el que mayor número de empleos genera hoy en día. Aun así, todavía el sector primario tiene una importante presencia en el concejo, representando a un total del 34,85% del empleo local, siendo la ganadería la principal actividad dentro de él, teniendo la cabaña vacuna, tanto para su producción láctea como cárnica, la que mayor implantación tiene. En cuanto a los terrenos, decir que un 3% corresponde a cultivos, un 32% a pastos y un 50% es de uso forestal.

El sector secundario y de la construcción, emplea a un total del 28,65% de la población ocupada, siendo esta última actividad la que se lleva la mayor proporción. Le siguen la industria alimenticia y las de madera, corcho y mueble.

Por último, al sector terciario de servicios corresponde un 36,5% siendo el comercio y la hostelería el destino mayoritario. Este sector ha sido el único que ha crecido en los últimos años, aunque no en una gran proporción, debido en gran parte a que muchas funciones de carácter comarcal han sido asumidas por Arriondas, capital del concejo de Parres. La mayor parte de las licencias comerciales se concentran en Infiesto, Capital municipal.

 

Historia de Piloña

Piloña prehistórica

El territorio que ocupa el actual concejo o municipio de Piloña fue habitado por el hombre desde los tiempos paleolíticos. Los datos que tenemos no son tan completos como los de los concejos limítrofes de Parres y Nava, que cuentan con cartas arqueológicas publicadas, aunque existe una investigación inédita realizada en 1986 por E. Arnau, que junto con otros estudios y evidencias permiten afirmar la existencia de una ocupación humana ya en el solutrense (cueva d’Aviáu, Espinaréu), que tendría continuidad hasta el final del Paleolítico. La citada cueva, junto con las cercanas de Collaréu y La Peña Ferrán, ya fueron estudiadas en los años veinte de este siglo por el conde de la Vega del Sella.

Materiales del Paleolítico inferior fueron también hallados en las parroquias de Coya y Ludeña. En esta última, en el Camín Real que pasa por el Cierru del Corralón se encontraron diversos útiles atribuidos al inicio del Paleolítico superior. Estos datos, junto con otros fruto del hallazgo casual como los referidos a la Peña Sorribes (Sebares) o la cueva del Sidrón (Borines), donde incluso se señalaron restos de pinturas, permiten trazar un panorama de continuidad en la ocupación humana hasta llegar a los tiempos de la época neolítica, de la que se conocen hallazgos seguros, como los señalados por Martínez Hombre, con materiales hoy desaparecidos o en paradero desconocido como los procedentes del dolmen de Coya o de una cueva en Valle.

Los estudios arqueológicos permitieron poner de manifiesto una intensa ocupación megalítica, corroborada por la toponimia y la tradición popular. Es de gran importancia el campo tumular del Monte Cayón, recientemente destruido, pero los vestigios megalíticos se extienden por casi toda la geografía piloñesa.

Piloña celta y romana

A la Edad del Hierro se atribuyen varios asentamientos fortificados conocidos como castros o castiellos; así a los dos catalogados por J. M. González en El Picu Viyao y El Cierrón de Castiellu habría que añadir el situado en términos de Argandenes y el de La Forca en Ludeña.

Un castro importante a juzgar por sus dimensiones sería el de La Coroña Castru, limítrofe con Nava y Cabranes. Se han señalado también otros en Sorribes y Antrialgo. El citado J. M. González adjudicó estos poblados a los astures orientales o Luggones, tribu que, según Ptolomeo, tenía capital en Paelontium, nombre que se ha relacionado con el actual pueblo de Belonciu, sin que hasta la fecha contemos con pruebas seguras para hacer tal identificación.

De todos modos, existen dos lápidas cercanas de época romana que mencionan a los luggones, una de las cercanías del Sueve que reza Asturum et Luggonum y otra que menciona a los Luggoni Arganticaeni, que algunos investigadores relacionan con el actual topónimo de Argandenes.

El nombre de Luggones es de filiación claramente céltica, lo que, junto con otros datos como las gentilidades mencionadas en las estelas romanas de Borines y Villamayor o la iconografía de la llamada diadema de Moñes, permiten situar en este horizonte cultural a los pobladores de Piloña inmediatamente antes de la romanización.

Precisamente la joya de oro procedente con toda seguridad de Moñes (Villamayor), y de la que se conservan fragmentos dispersos en varios museos, es considerada como una de las muestras de orfebrería indígena más importantes de Asturias. Constituye parte de un hallazgo mayor situado a mediados del siglo pasado en dicho lugar, y fue incorrectamente atribuido a Ribadeo y S. Martín de Oscos por mor de las muchos avatares sufridos por esta pieza. Otros restos son difícilmente datables, como los del Llendón en Lleu.

De época romana se conservan las dos estelas mencionadas, la hallada a orillas del río Piloña en Villamayor (recolocada en la fachada de una casona en el siglo pasado) referida a la gentilidad de los Viroménicos y la de los Ablaidicos, aparecida cerca de la iglesia de Borines. Otros restos romanos son la terracota procedente también de Moñes representando un fauno y probablemente las figuras de bronce mencionadas por F. Diego Santos.

Piloña medieval

1. Piloña en el Reino Asturiano

En la época del reino asturiano el valle del río Piloña aparece ya como un lugar de paso obligado entre la zona central y los valles del oriente de Asturias, la «Asturias Primoria» de las crónicas. El relato que aparece en la crónica rotense donde se narra el periplo de Pelayo desde Gijón a Covadonga, lugar en que se inicia la resistencia astur, dice así:

«Cuando ellos llegaron a Asturias y pretendieron cogerlo con engaños en un lugar llamado Brece [que se suele localizar cerca del actual Infiesto] un amigo de Pelayo le reveló la intención de los musulmanes. Pero siendo más los sarracenos, y viendo que no podía hacerles frente, se escapó hábilmente de ellos, picó espuelas y llegó a la orilla del río Piloña. Lo encontró crecido y desbordado, pero nadando con la ayuda del caballo que montaba pasó a la otra orilla y subió a la montaña. Los sarracenos dejaron de perseguirlo…».

Lo cierto es que en la época altomedieval es donde aparecen por primera vez referencias concretas al territorio de la actual Piloña. El río aparece mencionado con diversos topónimos del tipo «Pialonia». En el Liber Testamentorum de la catedral de Oviedo aparecen dos noticias, una del año 926 en la que Ramiro (hijo de Alfonso III) hace una donación a la Iglesia de Oviedo en estos términos «In Borinis (Borines) ecclesiam Sancti Martini similiter. In Enaio (Anayo) ecclesiam Sancte Marie similiter. In Argandenes ecclesiam Sancti Romani similiter..» y después «Iuxta flumen Pialoniam» (junto al río Piloña) las iglesias de Santa María de Óbana por sus términos «per Uargorio, per rio Kaon, et per ecclesiam Sancti Martini (San Martín) qui est nostra integra, per illa cogolla, per flumen Elmon intus ab integro» y de San Pedro de Belonciu (Uenonzo), «per illo uallatare, per illos pozos usque in flumine Elua, per fonte de Bretones usque Elua, per illa lama, per illo rego usque in pratezolo intus ab integro».

Otro diploma data de 1090 y es una donación a la Iglesia de Oviedo hecha por Elo Gutierriz, referente al monasterio de San Pedro de Sebares (Seuares) «secus flumen Pialoniam» con la heredad de Sala y la villa de «Salzeta» (Sardea) bajo el monte Sueve. Otra referencia importante a Piloña la hacen en 1032 los condes Piniolo y Aldonza, que hacen un intercambio de propiedades con el rey Vermudo III para juntar propiedades que les permitan fundar el monasterio de Courias (Cangas del Narcea). Junto a los siete castillos del Conde Piniolo figuran «in valle de Pialogna, illas uillas de Miliares (Miyares) et de Uillanoua (Villanueva)».

2. La Iglesia

Durante el resto de la Edad Media hubo otras instituciones eclesiásticas que adquirieron propiedades en Piloña, como el monasterio de San Bartolomé de Nava. Isabel Torrente señala la zona de Coya, Biedes y Sorribes y los valles del río Les Cuerries y de Borines como zonas tributarias. En esta época se producen diversas disputas entre los distintos dominios eclesiásticos, como el cenobio de Villamayor y los vecinos de Sotu Dueñes y Valdediós, así como sobre la pertenencia de bienes a San Salvador y San Pelayo de Oviedo. En el siglo XIV, el obispo de Oviedo Gutierre de Toledo disolvió el monasterio de Villamayor bajo la acusación de quebrantamiento de votos de pobreza, vestidos, desobediencia y pública exhibición de su vida sexual, mandando a las religiosas al monasterio de San Bartolomé de Nava, de donde pasarían a depender sus dominios, y organizando posteriormente una comunidad masculina dependiente de Valdediós. De todos modos esto no duró mucho, pues pronto volverá a haber monjas en Villamayor y todavía en el siglo XV continuaban las acusaciones.

Desde el siglo XII se sabe de la existencia de una malatería en Vallobal.

En estos siglos ya se menciona el territorio de Piloña con cierta personalidad administrativa. De 1247 hay un documento de San Pelayo que nombra a un «tenente» para las demarcaciones de «Siero et Nava et Pilonnia et Casu» y en 1297 y 1314 se habla del cargo real de «notario públicu en Pilonnia».

Algunas zonas del territorio piloñés pertenecían a la jurisdicción de familias nobles emergentes durante todos estos siglos. En 1374 todo el concejo fue entregado por Enrique II a su hijo bastardo el conde D. Alfonso Enríquez, que encabezaría una rebelión contra la corona. Después de la derrota definitiva de éste, sus dominios, y con ellos Piloña, pasarían al rey de Castilla. De entre las casas nobles de Piloña destaca la de Ludeña, con casa y torre conservada hasta nuestros días y que se remonta por lo menos al siglo XIV. Existen menciones de otras «casas fuertes» en Antayo e Infiesto, donde un documento habla de «castillo y fortaleza».

Alrededor del puente bajomedieval que cruzaba el río Piloña fue surgiendo un barrio dependiente de la parroquia de San Juan de Berbío, dividido en dos sectores, Pasado el puente y Santa Eugenia, que se consolidaría posteriormente como capital del concejo, para lo que fue decisivo el carácter del lugar como nudo de comunicaciones norte-sur (de la meseta por Tarna a la costa) y este-oeste, con varias ramificaciones del camino de Santiago desde la época medieval. La villa del Infiesto aglutinó las funciones de reunión del concejo y de punto de mercado. Al margen del concejo permanecían en el siglo XVI el coto de Abedul (de la Iglesia de Oviedo); el de Santianes (del monasterio de Eslonza, en León) y los cotos laicos de Ludeña, El Vallín y Viyao. En este siglo siguen las disputas entre cotos, señoríos y monasterios, y se disuelve definitivamente el monasterio de Villamayor, anexionándose a San Pelayo de Oviedo. También en este siglo encontramos las primeras referencias a la devoción a la Virgen de La Cueva, cuyo santuario cuenta con una cofradía desde 1564.

Piloña en la Edad Moderna

Al final del siglo XVII solamente subsisten los tres cotos señoriales, el de Ludeña, en manos de la casa del mismo nombre, y los de El Vallín-San Martín y Viyao, en los que dominaban los miembros de la familia Caso, que quisieron también extender sus dominios al coto del Abedul.

En el siglo XVIII, Cepeda realiza el apeo de las parroquias de Piloña (1712). Este informe, igual que el catastro del Marqués de la Ensenada, muestran una Piloña casi exclusivamente agrícola y ganadera, destacando la recolección de cereales panificables y avellana, de la que se embarcaban grandes cantidades para el exterior. Había poca industria, relacionada con la transformación de productos agrícolas y algunos artesanos (110 molinos de harina, 9 batanes —7 de ellos en El Sellón—, 64 llagares y 11 tejeras). Los artesanos cubrían las necesidades de construcción (carpinteros, canteros), aperos (carros, herreros, caldereros), vestido (sastres, madreñeros, tejedoras, costureras, zapateros) y otros como maestros de primeras letras, plateros, cirujanos, sangradores). Había también comerciantes especializados como mercaderes de avellana o tenderos de paños. En el siglo XVIII el concejo protestaba en la Junta del Principado por las pocas ayudas recibidas para la conservación de caminos y puentes: «este conzejo está cruzado de caminos reales y muchos puentes (…) se transita a casi todo el Principado, por estar proporcionado a la comunicación de la Montaña y Vizcaya, Santuario de Covadonga y muchas ferias, en los partidos de Cangas y Llanes…». «También hay mercados todos los lunes en esta villa…»

Piloña contemporánea

El siglo XIX se abre con la guerra con Francia, que dejó secuelas en el concejo. El 8 de agosto de 1808 se creó un regimiento de mozos piloñeses. Entre 1809 y 1811 hubo varias incursiones de las tropas francesas. En una de ellas se incendió el templo del monasterio de Villamayor.

Tras la restauración absolutista de Fernando VII, se abrió el trienio liberal. Las partidas realistas debieron de encontrar cierta acogida entre los campesinos piloñeses, pues una de ellas llegó a tomar la capital en 1823. Las tropas del Gobierno restablecieron el control tras dejar medio centenar de bajas. Durante la primera guerra carlista, Infiesto fue nuevamente escenario de luchas entre el ejército y una partida que había ocupado la villa.

A partir de la segunda mitad del siglo se instalan las primeras labores industriales propiamente dichas en Piloña: llagares y fábricas de sidra, fábricas de chocolate (llegó a haber 6) y más tarde una fábrica de quesos y manteca y una azucarera. En esta época se abrió la carretera de Oviedo a Ribadesella y el ferrocarril de Económicos llegó a Infiesto en 1891, para cruzar todo el concejo al terminar el siglo. Este desarrollo de las comunicaciones reforzó el carácter itinerante de la villa del Infiesto y su peculiar configuración espacial, reflejada en el plano de 1870, pero bien manifiesta aún en nuestros días. La capital siguió creciendo como núcleo mercantil y de paso, y en 1882, se inauguró la nueva casa consistorial. Diez años más tarde, Infiesto se constituyó en parroquia, separándose de San Juan de Berbío.

El crecimiento demográfico y la escasez de medios económicos empujaron a la emigración americana a numerosos piloñeses (Cuba, Argentina, México…). Los más afortunados dejaron testimonio de su regreso en magníficas casas de indianos (americanos, si usamos el término local) esparcidas por todo el concejo. Destacan las de Sebares y Villamayor.

En la primera década del siglo XX se funda un gremio de artesanos y en 1905 una sociedad agrícola, luego sindicato, al calor del reformismo, que tuvo mucho calado entre la población campesina, promoviendo mejoras de cultivos, cooperativas de consumo y créditos, ayudas sociales, etc.

Los equipamientos y el comercio siguieron creciendo. Se inaugura la piscifactoría, se crean varias asociaciones deportivas y recreativas…

Desde 1901 hubo varias revueltas campesinas promovidas por los liberales, que culminaron en un motín popular delante del ayuntamiento con ocasión de las elecciones de 1903 que se saldó con 11 muertos entre los manifestantes.

1. La Revolución del 34 y la Guerra Civil

A pesar de las ideas de izquierdas y del crecimiento del movimiento obrero en Asturias, Piloña continuó votando mayoritariamente a los conservadores, siendo mayoría en 1931 los monárquicos. A pesar de ello, durante la revolución de octubre de 1934, Piloña formó parte del llamado cuarto eje insurreccional que iba desde Oviedo a Infiesto. La dotación del cuartel de la guardia civil tuvo que concentrarse en Nava, que recibió el asalto de los revolucionarios. El cuartel de Villamayor también fue abandonado. La columna contrarrevolucionaria de Solchaga alcanzó la capital del concejo el día 14 y marchó hacia Noreña unos días después, tras algunos tiroteos en la zona de Coya. En 1936 volvió a ganar la derecha en el municipio (por muy poco margen). Cuando estalló la Guerra Civil, Piloña quedó encuadrada en la zona asturiana leal a la República, en la que permaneció hasta octubre de 1937, cuando tras hundirse las últimas defensas en el Sella, la resistencia asturiana se desmoronó. En la retirada fue volado el puente de Infiesto.

2. La posguerra y los fugaos

La posguerra en Piloña fue muy dura. Los vencedores ejercieron la represión con dureza, y las historias de venganzas, ajustes de cuentas y delaciones se multiplicaron.

En territorio piloñés actuaron varias partidas de guerrilleros republicanos, ex combatientes llamados fugaos, especialmente en la zona de Peñamayor, donde las autoridades prohibieron a los vecinos subir a los pastos para evitar la ayuda a los rebeldes. Infiesto fue una de las seis circunscripciones en que se distribuyeron las tropas franquistas para acabar con estas partidas en Asturias, León y Lugo. Según da cuenta C. Santullano, en 1938 una familia piloñesa que se hallaba trabajando en el monte fue abatida por las tropas del Gobierno. Fueron famosas las partidas del Comandante Flórez; la de El Maricu, que fue activa hasta la muerte de su líder, abatido en Villamayor en 1949; la de Lisardo y la de Los Castiellos. En 1948 en Coya fueron ejecutados 7 miembros del grupo de Onofre, engañados por un delator.

En los años 50 Piloña fue recuperando cierto pulso económico, especializándose cada vez más en la ganadería, proceso que culminaría con el boom de la leche de los años 60. A pesar de ello, la emigración rural alcanzó sus mayores niveles. Las actividades industriales se diversificaron, predominando la transformación de productos agroalimentarios: desde los años 60 hay una factoría lechera en Sebares (actualmente Nestlé); caramelos en Villamayor; sidra, con llagares en Infiesto.

Gran importancia tuvieron las industrias transformadoras de la madera, de las que llegó a haber 17 fábricas de muebles; envasado de agua mineral (Borines y Ques).

Piloña en la actualidad

La capital, Infiesto, sigue ejerciendo su función comercial y de servicios tradicional, atrayendo a un área rural cada vez más restringida pero que sigue rebasando los límites municipales, concentrando servicios como los educativos (en 1968 se creó el Instituto de Enseñanza Media), sanitarios y de justicia. Aparte de la capital, otras dos poblaciones tienen cierto nivel urbano: Villamayor y Sebares.

Con la desaparición de la dictadura se constituye el primer Ayuntamiento democrático, elegido por votación popular en 1979, en el que consigue la mayoría la UCD (Unión de Centro Democrático). La restauración de mecanismos democráticos de participación popular como las juntas vecinales ha revitalizado la vida de los pueblos y conseguido notables mejoras en comunicaciones y servicios de todo tipo.

A partir de 1990, con la construcción de la variante de la carretera nacional, Infiesto encara una nueva etapa al margen del elemento que le dio origen y que marcó su desarrollo: el carácter itinerario y de cruce de caminos.

 

Patrimonio en Piloña

Referente al arte prehistórico hay que destacar varias cuevas en las que se encontraron vestigios de importancia siendo la más importante la del Sidrón, la cual posee diversas pinturas de vulvas como en las demás cuevas asturianas de la misma época.

Dentro de la arquitectura religiosa hay que destacar varios edificios religiosos de gran interés. La iglesia de San Juan de Berbio, actualmente en ruinas, formaba parte de un monasterio y posee restos románicos, aunque la mayoría pertenece a al reconstrucción realizada en el siglo XVIII. La estructura actual nos presenta una sola nave, con cabecera cuadrada y rodeada por un pórtico.

De reminiscencias románicas también puede señalarse la iglesia de Santa María de Villamayor, que forma parte del monasterio de las benedictinas, y el cual posee una historia especial al ser suprimido por el obispo Gutierre de Toledo a causa del no cumplimiento de algunas reglas monásticas. Es una construcción de una alta calidad, tanto por los materiales utilizados como por la decoración empleada. Los restos originales conservados son el ábside y la portada sur.

Otro edificio medieval es la Iglesia de San Pedro de Beloncio, con elementos tardorrománicos como la portada lateral, formada con un arco de medio punto con decoración basándose en bolas cistercienses y tornapolvos con capiteles de tosca decoración. Cerca del valle de Quess encontramos el santuario de La Virgen de la Cueva, a orilla del río de La Marea, siendo objeto de devoción desde el siglo XVI. Fue en 1936 depósito y fabricación de pólvora y reformada completamente en 1983 dotándola de un aspecto muy poco semejante a su aspecto original. Por último señalaremos la iglesia parroquial de San Antonio de estilo ecléctico y ciertos toques modernistas.

Respecto a la arquitectura popular, Piloña se caracteriza por la abundancia de casonas y caseríos. Destacamos la casa y la torre de la familia Villa en Miyares edificada a finales del XVI y principio del XVII. A la forma original de la torre se le van añadiendo nuevos cuerpos a su alrededor. Presenta un perfil almenado de estilo historicista.

También hay que mencionar el Palacio de Sorribes, fundado en el siglo XVIII, es un edificio de dos pisos y presenta una fachada con un gran desarrollo horizontal, estando ordenados los vanos siendo el central un balcón con voladizo.

En la Goleta se halla el Palacio de Cutre, con escudo de los Oviedo-Portal en la torre y capilla independiente frente al palacio. En Infiesto se halla el palacio del Marquesado de Vistalegre, del siglo XVIII y que cuenta con la capilla de Santa Teresa de 1666.

De tiempos más actuales destacamos el edificio del Ayuntamiento (1882), de estilo neoclásico y que presenta un patio central cubierto de hierro y cristal, teniendo una gran escalera que da acceso al segundo piso. Otra edificación moderna son las escuelas municipales, edificadas en 1910, estructurado en una sola nave con forma de “T”. El balneario de Borines y diversas casas indianas, como las de la Casona de Sotiello en Sevares o la Casona de La Estrada, configuran el resto de construcciones importantes del municipio.

 

Fiestas en Piloña

Entre sus fiestas destacaremos. En el mes de abril, es la Feria anual de primavera en Infiesto. En el mes de junio, las Fiestas del Corpus en Villamayor. En el mes de agosto, son las fiestas de San Antonio en Infiesto, San Pedro en Sevares y la Feria del Asturcón en el Sueve. En mes de septiembre, Nuestra Señora de la Cueva en Quess y las Fiestas del Cristo en Coya, En el mes de octubre, es el Festival de la avellana y fiestas de Santa Teresa de Jesús en la localidad de Infiesto.

En todas las fiestas que se realizan en el concejo, es habitual el uso de los trajes regionales, bailándose jotas locales, giraldillas y el fandango de Piloña. En las celebraciones religiosas es habitual el uso de la toca de paño ribeteada con cinta de terciopelo.

 

Naturaleza en Piloña

Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve.

  • Estado legal: Sin declarar
  • Superficie: 81.12 km2
  • Localización: Concejos de Colunga, Caravia, Ribadesella, Parres y Piloña
  • Accesos: Por la Carretera Comarcal AS-260, de Arriondas a Colunga
  • Vegetación representativa: Hayedos. Bosques de tejo
  • Fauna representativa: Gamo. Aves rapaces. Caballos asturcones
  • Otras figuras de protección: Incluye al Lugar de Importancia Comunitaria de la Sierra del Sueve

La Sierra del Sueve se localiza muy próxima al mar, en el tercio oriental de la región y sobre las lindes de los municipios de Colunga al noroeste, Caravia al noreste, Ribadesella al este, y Parres y Piloña al sur.

Los límites considerados por definir este espacio son los de la actual Reserva Regional de Caza del Sueve. Su principal acceso lo constituye la N-634, que lleva a Santander, siendo su borde septentrional recorrido por la N-632, que une Ribadesella y Gijón.

El Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve constituye un resalte topográfico de orientación suroestenordeste, bien delimitado entre las áreas llanas de las rasas costeras y el surco prelitoral, que se extiende hacia la depresión central de Asturias. Su carácter de promontorio rocoso en un área sustancialmente llana le confiere un papel principal en la definición del paisaje del oriente asturiano.

El Paisaje Protegido comprende en la práctica dos sierras casi contiguas. La principal, El Sueve, constituye una mole caliza que alcanza su máxima altura en los 1161 m del Picu Pienzu. A pesar de la dominancia del roquedo calcáreo, aparecen en su vertiente noroccidental algunos afloramientos pizarrosos que contribuyen a diversificar el paisaje. La de El Fitu, en cambio, es una sierra de escasas dimensiones situada al este de la anterior y de litología principalmente cuarcítica.

El núcleo central de la Sierra presenta un modelado kárstico lleno de dolinas, lapiaces, valles ciegos y otras formas kársticas de gran belleza.

Atardecer desde el mirador de El Fito

Sin embargo, aparece salpicado de una multitud de bosquetes y brañas que soportan desde hace siglos una intensa actividad ganadera.

El mirador situado en el Puertu del Fitu y las partes más altas de la Sierra constituyen una excelente atalaya para la contemplación de las rasas costeras desde Caravia a Villaviciosa.

Más información sobre el Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve

 

Geología

El Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve constituye un resalte topográfico de orientación suroestenordeste, delimitado entre las áreas llanas de las rasas costeras y el surco prelitoral, que se extiende hacia la depresión central de Asturias. Su carácter de promontorio rocoso en un área sustancialmente llana, le confiere un papel principal en la definición del paisaje del oriente asturiano.

Este espacio comprende en la práctica dos sierras casi contiguas. La principal, El Sueve, constituye una mole caliza carbonífera de la Formación Caliza de Montaña, enmarcada en la Región de Pliegues y Mantos de la Zona Cantábrica, que alcanza su máxima altura en los 1 160 m del Picu Pienzu. A pesar de la dominancia del roquedo calcáreo, aparecen en su vertiente noroccidental algunos afloramientos pizarrosos que contribuyen a diversificar el paisaje. La de El Fitu, en cambio, es una sierra de escasas dimensiones situada al este de la anterior y de litología principalmente cuarcítica.

El núcleo central de la Sierra presenta un modelado cárstico lleno de dolinas, lapiaces, valles ciegos y otras formas cársticas de gran belleza. Sin embargo, aparece salpicado de una multitud de bosquetes y brañas que soportan desde hace siglos una intensa actividad ganadera.

 

La vida vegetal

Las laderas de la sierra han sufrido un acusado proceso de deforestación ligado al uso ganadero de la zona. Lo que antaño debieron ser extensos bosques de carbayo y haya sobre empinadas laderas se han reducido actualmente a bosquetes y pequeños rodales arbustivos. Aún así, la Sierra del Sueve es, de todos los grandes cordales calcáreos de la región, el que conserva una mayor proporción de superficie forestal.

El paisaje vegetal de la Sierra del Sueve resulta en la actualidad extraordinariamente variado. Los relieves kársticos de la cima aparecen salpicados de bosquetes de acebo (Ilex aquifolium) y espinera (Crataegus monogyna) densamente imbricados que sirven de refugio al ganado, para guarecerse de las inclemencias del tiempo durante el invierno o de los calores del verano. Se ha especulado bastante con el significado fitogeográfico de ese tipo de formaciones, sin embargo, parecen ser los restos de primitivas carbayedas eútrofas, conservadas por los pastores a causa de su utilidad como refugio de la cabaña.

La multitud de depresiones kársticas que aparecen por la sierra soportan praderas pastadas por el ganado doméstico o una nutrida población de gamos. En ellos es frecuente que se conserven grandes ejemplares de fresno (Fraxinus excelsior) o tejo (Taxus baccata).

Por contra, la cubierta vegetal de las áreas con menos suelos está formada principalmente por matorrales almohadillados de aulaga (Genista hispanica subsp. occidentalis).

Sobre los suelos silíceos, sin embargo, alternan brezales y bosquetes de espinera y peral silvestre (Pyrus cordata), habiéndose citado en las áreas más húmedas el raro helecho macho asturiano (Dryopteris corleyi), especie endémica del litoral oriental de Asturias y occidental de Cantabria y catalogada como de interés especial.

Más abajo, el piedemonte del Sueve se funde con las rasas costeras y el afloramiento de los acuíferos da lugar al pequeño cauce fluvial del río Espasa. La ribera de éste aparece poblada de una aliseda ribereña en cuyo sotobosque es frecuente la presencia de helechos tan raros como el helecho de los colchoneros (Culcita macrocarpa) o la helechilla (Trichomanes speciosum), estando ambas especies recogidas en el Catálogo Regional de Flora Amenazada.

 

La vida animal

Hacia la vertiente norte, en el paraje de la Biescona, se conserva un hayedo eútrofo extraordinariamente conservado y que probablemente constituya la masa de hayas más cercana al mar y de menor altitud de Asturias, favorecida sin duda por el notable efecto barrera que para los frentes oceánicos supone el promontorio calizo del Sueve. Muy cerca se sitúa también una de las principales masas de tejo de la región, bosque de notable valor por ser rara su existencia a pesar de la frecuencia con que el tejo participa de otros tipos de bosque.

La cabaña ganadera, vacas, cabras, ovejas, caballos y potros, comparten el espacio de las laderas del Sueve con la fauna salvaje. Destaca entre todos el asturcón, raza de caballo semisalvaje que, tras pasar un periodo en que su supervivencia se vio seriamente amenazada, ha conseguido estabilizar su población.

Del resto de las especies que componen el elenco faunístico de la sierra llama poderosamente la atención el gamo (Dama dama). La especie fue reintroducida en los años sesenta con fines cinegéticos y el éxito de su adaptación fue tan alto que a pesar de la presión cinegética requiere frecuentemente controles poblacionales adicionales.

También se intento reintroducir el ciervo(Cervus elaphus), pero sin éxito, pues la mayoría de los animales se desplazaron a otras zonas y sólo quedan unos cuantos ejemplares en la zona oriental y en el Fito.

Abundan además zorro y jabalí, así como aves rapaces, entre las que no es difícil reconocer la silueta del alimoche (Neophron percnopterus), incluida en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la

Fauna Vertebrada como especie de interés especial. También es interesante la presencia de la chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus) y la más esporádica del águila real (Aquila chrysaetos).

Destacan también otros grupos como el de los quirópteros, en el que está presente el murciélago de cueva (Miniopterus schreibersi) y dentro de los reptiles, la lagartija serrana (Iberolacerta monticola), que tiene aquí un núcleo aislado del resto de su área de distribución.

 

Gastronomía típica del Concejo de Piloña

La gastronomía piloñesa es muy rica y variada. Aquí se podrán degustar toda suerte de cocidos y fabadas, así como los más tradicionales guisos y postres, todo ello acompañado de unos «culines» de sidra. El hecho de que Piloña sea un municipio eminentemente agrícola y ganadero se ve reflejado en su cocina. La utilización de los productos de la huerta es una de las razones del éxito de sus platos. La caza y la pesca ocupan un lugar relevante en todas las mesas piloñesas; los guisos de corzo, venado y jabalí, o las truchas fritas con jamón y el salmón a la ribereña son, entre otras, algunas de las delicias al alcance en restaurantes y mesones. La avellana es un elemento básico en la repostería y una de las señas de identidad del municipio.