Oviedo

Oviedo es un concejo asturiano en el que reside la Capitalidad del principado, dada la situación estratégica que ocupa, es decir, el centro de la región. Limita al norte con Llanera; al este con Siero y Langreo; al sur con Mieres, Ribera de Arriba y Santo Adriano; y al oeste con Grado y Las Regueras. El concejo ovetense tiene una extensión de 186,65 Km2 y sus núcleos poblacionales importantes son Trubia, Olloniego y Tudela Veguín.

Cuenta con unos buenos ejes comunicativos, dada la situación estratégica que ocupa dentro del Principado de Asturias. Sus principales arterias de comunicación son la A-66, que enlaza con Gijón, Avilés y Mieres, la N-634 y la AS-232. Completan su red terrestre numerosas carreteras locales y comarcales, teniendo todos los pueblos y núcleos rurales del concejo unos buenos accesos rodados a ellos. Además, posee una buena infraestructura ferroviaria, siendo lugar de parada y embarque de varias líneas de la RENFE y de la FEVE.

Oviedo se asienta sobre una gran depresión originada por el hundimiento del zócalo antiguo paleozoico, paralelo a la franja litoral y con dirección este-oeste. La depresión queda encuadrada en el norte por la sierra del Naranco, y al sur por el valle del Nalón que discurre por la cuenca carbonífera en Olloniego. Es de destacar la influencia que tiene en el relieve la acción hidrológica que ejercen los ríos Caudal y Nalón, que excavan el terreno originando un profundo desnivel, siendo destacable el escalonamiento en tres unidades de relieve como son el Nalón ( 80 m.), la capital (226 m.) y el monte Naranco (637 m).

Por el norte, en el borde de la sierra del Naranco, fluye el río Nora, el cual sirve de línea divisoria con los concejos de Siero, Llanera y Las Regueras, y que en estos tiempos está tratándose de sanearlo, ya que se había convertido en uno de los focos más contaminantes dentro de toda la comarca central. Por el sur baja sus aguas el río Nalón, el cual entra desde Langreo por Entrepeñas para abrirse en grandes vegas por tierras de Olloniego y Tudela y seguir su curso por las dos Riberas, las de Arriba y Abajo, siendo la última parte del concejo ovetense. Importantes afluentes del Nalón son el río San Claudio y el Gafo.

Completa la red hidrográfica local el río Trubia antes de unirse al Nalón. Son de gran interés los meandros que se forman en Las Mestas los ríos Nalón y Nora poco antes de su unión.

Respecto al clima cabe destacar las diferencias existentes en la parte baja y alta del valle, estancándose el aire frío por debajo de la cota de 210 m., dando lugar a incesantes nieblas, temperaturas más extremas y precipitaciones menos frecuentes en la parte baja. La temperatura media de las máximas es de 23º, y la media de las mínimas es de 4,5º.

En cuanto a su vegetación hay que comentar que casi la tercera parte del suelo corresponde a uso forestal, siendo el monte su modalidad actual predominante por culpa de la degradación sufrida por el bosque por manos humanas. Aun así todavía podemos observar manchas de castaños, robles, encinares y eucaliptos, siendo esta última especie una de las de mayor presencia en el concejo. En las zonas ribereñas vemos alisos, sauces, fresnos, avellanos, tilos y arces.

 

Capital

La capital del concejo es la ciudad de Oviedo, que también da nombre al mismo. Se encuentra situada en una situación estratégica en el centro de la región, protegida por la sierra del Naranco, que ha influido para su elección como capital del Reino primero y del Principado de Asturias actualmente. Equidistante de las comarcas mineras e industriales y de los principales puertos marítimos, Oviedo es el centro alrededor del cual se forma una gran red de infraestructuras que hacen de ella, actualmente una ciudad de servicios con incidencia en toda la región. Hoy en día ha ganado una cantidad de suelo público muy importante con la eliminación y soterramiento del cinturón ferroviario que atravesaba toda la ciudad, dotándola a su vez de un aspecto mucho más favorable para la vista.

 

Demografía de Oviedo

Siempre se caracterizó Oviedo por ser un concejo eminentemente creciente, poblacionalmente hablando, aunque la población se haya disparado en lo últimos siglos gracias a la modernización de las comunicaciones, la instalación de algunas industrias, y actualmente al desarrollo de las actividades comerciales, y a su función política y administrativa que hacen que Oviedo evolucione de manera significativa. Es de destacar por otra parte que más del 91% de la población actual reside en la ciudad, lo que da muestra de que hablar del concejo es casi hablar de la ciudad. Localidades cercanas a la ciudad como La Corredoria y Colloto también han sufrido los efectos positivos del aumento de la población, lo que ha ocasionado que estén casi integradas en lo que es la capital en sí misma. Otras entidades de población como pueden ser Trubia y Olloniego, no corren la misma suerte perdiendo efectivos en estos últimos tiempos, en consonancia con el retroceso industrial de la región. Por todo esto diremos que las estructuras demográficas en Oviedo se encuentran bastante equilibradas, presentando una de las mejores pirámides poblacionales del principado.

A la par que aumentaba la población, la ciudad amplió la superficie, incorporando nuevos espacios al territorio para dar cobijo a la nueva población y los nuevos servicios que la ciudad requiere. La ciudad se expande ocupando los barrios altos de Buenavista, donde se sitúa el Hospital Central de Asturias, se coloniza las faldas del monte Naranco, se supera la vía férrea por el noroeste y se origina un desplazamiento hacía Gijón y Santander.

Oviedo es sin duda un concejo que gira casi en su totalidad alrededor del sector terciario (80%) debido a la función administrativa y política que en él se desarrolla y que nos muestra una clara orientación y especialización en los servicios, que es la base potencial de la economía de Oviedo. Esta actividad se desarrolla casi en su totalidad en la ciudad o su periferia, siendo prácticamente nula su incidencia en los demás pueblos del municipio Ovetense. El comercio es la rama donde se concentran la mayor parte de los empleos, seguido de sectores tales como el transporte, la sanidad, la educación y las administraciones públicas.

Es de reseñar también, y pese a la crisis que atañe al sector secundario, una notable influencia del cinturón industrial (fábrica de armas de Trubia, cementera de Tudela Veguin, la cerámica de San Claudio…) y que representa el 19,55% del empleo del concejo. Últimamente y por culpa de la falta de suelo en el concejo, esta actividad industrial se está trasladando a concejos limítrofes que sí lo poseen como Siero, aunque hay que destacar los dos polígonos creados en Oviedo, el de Cerdeño y el del Espíritu Santo, creados inicialmente para la actividad industrial para estar actualmente ocupados por actividades de servicios como los transportes, distribución, almacenes… Un nuevo polígono está proyectado, el cual se ubicará en Olloniego, y con el que se quiere reactivar este sector de la vida económica que fue durante mucho tiempo el gran impulsador social y demográfico del Principado de Asturias.

Como es de suponer, la actividad agropecuaria en la zona es prácticamente nula, representando un 0,74% del total. Esta actividad constituye para muchas personas una actividad secundaria en el concejo. Aún así podemos encontrar algunas estabulaciones que trabajan con el ganado bovino, estando su producción mayoritariamente orientada al sector lácteo, así como diversos terrenos cultivados de verduras, hortalizas, patatas, etc., orientado al autoconsumo.

 

Historia de Oviedo

Las cuevas de La Lluera I y II, cerca de Priorio; la de Las Caldas; el abrigo de La Viña en La Manzaneda, o el pico Berrubia, cerca de Les Escobadielles, en Olloniego, declarados Bienes de Interés Cultural (zonas arqueológicas), prueban la prehistórica presencia del hombre en tierras ovetenses. Primero, se asentaron en las cercanías de los cauces fluviales, importantes como el Nalón o más modestos como el Gafo, arroyo de Vaqueros, reguero de Quintes, etc. Más tarde (Paleolítico Superior), ante la rigurosidad del clima, se alojaron en cuevas, dejando vestigios de su vida diaria (comida, arte mobiliar y parietal). El abrigo de La Lluera I (solutrense) enseña, grabado en las paredes, un gran e interesante número de figuras animales (caballos, uros, ciervas, cabras…), especialmente en la llamada Gran Hornacina de la pared izquierda; en el de La Lluera II (próximo a la I), por el contrario, los muros presentan signos más bien triangulares, interpretados como símbolos sexuales femeninos. La cueva de la Viña, en pared exterior de aproximadamente veinte metros, expone un buen número de grabados a buril, como ciervos, bóvidos, caballos o vulvas; la representación de un caballo en un hueso recortado y grabado por las dos caras es un destacadísimo hallazgo correspondiente al arte mueble. Más adelantados en el tiempo son los petroglifos (grabados sobre piedra obtenidos por descascaramiento o percusión) del pico Berrubia.

José Manuel González, investigador comprometido con la antigüedad ovetense, halló en este término municipal 16 castros, dispersos casi por todo el territorio, pero, mayormente, focalizados en los valles del Nalón, Nora y Trubia y en las partes inferiores del monte Naranco; todos ellos eligieron un asentamiento idóneo en cuanto visión del terreno y a su defensa, completada con taludes, muros y fosos. En estos poblados había una organización social más compleja. Mientras unos parecen remontarse a época prerromana, otros tal vez se hayan erigido en época romana. Lo cierto es que llegaron a coincidir en el tiempo con las villae romanas.

Y, como no podía ser de otra manera, la ciudad de Oviedo tuvo un principio. En el siglo VIII un presbítero llamado Máximo llega a la colina Ovetus en compañía de sus servidores y elige como retiro espiritual un lugar solitario, sin dueño y lleno de maleza. Posteriormente, ya junto con su tío, el abad Fromestano, y tras haber allanado y desbrozado el terreno, procede a la erección de un convento en honor a San Vicente, a partir del cual nace la ciudad de Oviedo el 25 de noviembre del año 761. Más tarde se incorporarían el también presbítero Montano y unos veinticinco miembros más de la Orden. La capital empezaría a dar sus primeros pasos a partir del asentamiento de colonos en torno a dicho monasterio. El rey Fruela I (757-768) ordenó construir, en las cercanías del convento, un templo bajo la advocación del Salvador y un palacio, en el que se refugiaba para descansar y donde vino al mundo su hijo Alfonso II, el Casto, quien no sube al trono, por diversos contratiempos, hasta el año 791, casi tres lustros después de la muerte de su progenitor. Este monarca dispuso el traslado de la Corte de Cangas de Onís a Oviedo —que se afianza como tal en el año 794— y comienza a imprimirle personalidad urbana, contribuyendo a su engrandecimiento. Alfonso II (791-842) ordena la erección, sobre el lugar ocupado por la anterior, de una nueva basílica consagrada al Salvador y a los doce Apóstoles, punto de partida de la presente Catedral y sustituta de la que se había levantado por decisión de su padre, arruinada por las acometidas de los árabes entre los años 794 y 795. En el año 808, tal vez para recordar la consagración del nuevo templo, Alfonso II dona a la Catedral de Oviedo la Cruz de los Angeles, escudo de Oviedo y la diócesis, y una de las joyas de la Cámara Santa catedralicia. Bajo su reinado, la posterior construcción de varios palacios, iglesias (Santa María, con el Panteón Real, San Tirso y la Cámara Santa) giró alrededor de esta basílica, a la que transformó en un importante foco de atracción para el mundo cristiano del norte. En el capítulo de las infraestructuras le cabe el mérito de equipar, con un acueducto para el suministro del agua y la correspondiente muralla defensiva, este conjunto arquitectónico, en torno al cual irán surgiendo modestos barrios poblados por servidumbre, artesanos, soldados y gentes de otras ocupaciones, que dinamizan el acontecer diario del primer núcleo urbano. En cambio, la iglesia de San Julián, que aún hoy mantiene una buena parte de su personalidad original, se elevó algo alejada del mismo, al norte, superando escasamente el kilómetro de distancia.

Tras la muerte en el año 842 de Alfonso II, le sucede Ramiro I (842-850), a quien se debe la erección en el monte Naranco de la iglesia de Santa María. Este monarca, como a continuación Ordoño I y Alfonso III el Magno (866-910), mantienen la Corte en Oviedo, lo que ayuda a su crecimiento urbanístico y a su florecimiento arquitectónico.

Alfonso III, político experimentado y militar brillante, quien junto con su esposa Ximena ofrece a San Salvador la Cruz de la Victoria —tallada en el castillo de Gozón y hoy integrante de la bandera del Principado—, renuncia a la soberanía del expansionado reino —que se extiende ya por Asturias, León y Galicia— en favor de sus hijos ante la insurrección, en el año 910, de uno de ellos, García —quien marcha a León—, y las presiones familiares. Pero antes de todos estos hechos Alfonso III había aportado a la ciudad nobles construcciones, entre ellas la superviviente fuente de Foncalada, a la que la Unesco declaró en 1998 Patrimonio de la Humanidad. El Reino asturiano entonces se disgrega, transformándose en tres señoríos: el de Oviedo va a parar a Fruela II; el de León, gobernado por García, y el de Galicia, por Ordoño. Al recibir Alfonso IV, en el año 931, los estados de Asturias —recordemos que Fruela II había heredado el trono leonés tras la muerte de sus hermanos—, la Corte se traslada definitivamente a León. Oviedo y con él el Reino de Asturias ceden el protagonismo a León. No obstante, los reyes visitan de vez en cuando tierras astures y acuden a la iglesia de San Salvador, que durante el s. XI se convierte, al igual que sucede con la de Santiago de Compostela, en un lugar de peregrinaje muy importante, cuyo efectos se dejan sentir en la vida urbana, que cobra nuevos bríos. En el año 1075 Alfonso VI viene a Oviedo, con una comitiva real en la que figura el famoso Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, y otorga a la ciudad los primeros Fueros, ahora desaparecidos, que luego corrobora y aumenta Alfonso VII, su nieto. Más tarde regala el palacio edificado por Alfonso III a fin de transformarlo en el hospital de San Juan, entregado a la atención de pobres y peregrinos.

Siguiendo el periplo histórico, hay que adentrarse en el s. XII y detenerse en sus comienzos para hacer referencia al obispo Pelayo, figura eclesiástica relevante, en cuyo tiempo de mandato se alumbró el Libro de los Testamentos, uno de los mejores exponentes de la pintura románica. Es en esta centuria cuando se llevan a cabo trabajos en la iglesia del Salvador y en lo que hoy se conoce como Cámara Santa y antiguamente capilla de San Miguel.

La profunda religiosidad popular de estos años intensifica las peregrinaciones; y con ello va afianzándose un activo componente burgués que extiende sus tentáculos a los tres pilares básicos en que se apoya todo el empuje, toda la pujanza de la urbe: el comercio, la artesanía y el mercado.

Uno de los acontecimientos trascendentes que se producen por entonces es la concesión efectuada por Alfonso VII a Oviedo, en 1145, del Fuero, que, según la opinión experta de Juan Ignacio Ruiz de la Peña, señala el paso de la «ciudad episcopal a la «ciudad mercado», y la «confirmación y consolidación del “concejo” o asamblea vecinal frente al poder eclesiástico y nobiliario» (Javier Rodríguez Muñoz). El Fuero, que confirma a Oviedo como ciudad de realengo, establece varias disposiciones, sobresaliendo entre ellas la concesión del estatuto de ciudadanos libres a cuantos fijasen su residencia en la urbe, o la exención a los ovetenses del abono de tributos por la circulación de mercancías entre el mar y León. A pesar de todo, la Iglesia mantendrá, en época medieval, gran influencia a nivel social, político y económico; de ahí que las disputas entre los poderes político y eclesiástico estuviesen a la orden del día.

Con el rey Alfonso IX, Oviedo asiste a la regularización del régimen municipal, y a otras medidas sin duda beneficiosas, como la entrega a la ciudad del alfoz de Nora a Nora, la erección de un recinto amurallado que no se culminaría hasta tiempos de Alfonso X, o la concesión del mercado semanal a celebrar los lunes, cuyo cambio a los jueves fue una decisión de los Reyes Católicos.

Con el transcurrir del s. XIV se hace evidente que la Catedral no tiene capacidad para acoger el gran número de peregrinos que la visitan movidos por la devoción y las indulgencias que se otorgaban. Por tanto, en el último cuarto de la centuria dan inicio las obras para la erección de una nueva capilla mayor; en el siglo XV continúan las mismas, aunque esta vez para la construcción de pórtico, naves y capillas. Pero lo cierto es que la Catedral siempre pasó por remodelaciones y ampliaciones.

El rey Juan I, en 1388, funda el Principado de Asturias, título inaugurado por el infante don Enrique, hijo de aquél, y que desde entonces corresponderá a los sucesores a la Corona; Oviedo se convierte, entonces, en la capital del Principado. Al tiempo surgía la Junta General del Principado, institución de derecho público que como Junta de Concejos funcionó con carácter permanente en el Principado de Asturias desde mediados del siglo XV hasta 1834, año en que se dio paso a las Diputaciones Provinciales. Pues bien, dicha Junta, que regula sus sesiones cuando el s. XV llega a su fin, se reunía en la sala capitular de la Catedral. Oviedo es ya por entonces y lo será hasta hoy protagonista o parte interesada y/o afectada en los acontecimientos de toda índole que se produzcan en lo sucesivo. Como sería imposible enumerarlos todos, se seleccionan algunos de los más significativos.

Dos sucesos quedan para el triste recuerdo: uno, en la nochebuena de 1521, cuando un incendio se inicia en la calle Cimadevilla y se prolonga por el casco histórico provocando cuantiosos perjuicios en las casas, dado que éstas se construían básicamente con madera. El otro despidió fatídicamente el siglo XVI: en 1598 y 1599, una epidemia de peste, junto a la nada recomendable compañía del hambre, segó gran cantidad de vidas.

Sin embargo, el s. XVII comenzó con buen pie: el feliz alumbramiento de la Universidad, cuya creación se debe a la decisión fundacional del asturiano Fernando de Valdés Salas, Arzobispo de Sevilla, Gran Inquisidor General, Presidente del Consejo de Castilla y redactor del Indice de libros prohibidos (1558), expresada en su testamento y puesta en ejecución cuarenta años después de su muerte, acaecida en 1568. Efectivamente, después de haberse expedido la Bula de erección por el Papa Gregorio XIII, el 15 de octubre de 1574, confirmada por Real Cédula de Felipe III, de fecha 18 de mayo de 1604, la Universidad de Oviedo inició sus actividades en la calle San Francisco el 21 de septiembre de 1608. Los estudios que impartía inicialmente se encuadraban en las Facultades de Artes, Teología, Cánones y Leyes, que acogían a menos de un centenar de estudiantes —concretamente, 57.

El Oviedo de la Edad Moderna, como afirma el historiador Javier Rodríguez Muñoz, «se convierte en el centro político del Principado y lugar inexcusable para quien quiera seguir de cerca la actividad pública. Allí reside el gobernador, corregidor o regente, y se reúne la Junta General».

Un breve repaso al siglo XIX trae a la memoria, por ejemplo, que Oviedo fue la primera de las capitales de provincia en declarar la guerra a Napoleón, determinación que toma la Junta General del Principado en la noche del 23 al 24 de mayo de 1808, obligada por la presión popular. Las intrusas tropas francesas fueron rechazadas, tras tener sometida la ciudad durante un año. Los carlistas hacen acto de presencia en 1833 y sobre todo en 1836, año en que Oviedo es tomado efímeramente por la columna del general Gómez en el mes de julio, aunque hay que decir que las operaciones del carlista Sanz tuvieron mayor virulencia; la resistencia de los ovetenses explica el calificativo de «Benemérita» que figura en el escudo de la ciudad. Otras fechas señaladas son: 1854, año de fuerte tensión política que propició la aparición del Manifiesto del Hambre, del marqués de Camposagrado, o la del 12 de noviembre de 1873, correspondiente a la proclamación, sin incidencias, de la I República en Oviedo, tan sólo un día después de que la validaran las Cortes en Madrid.

Ya en este siglo, hay que referirse a los sucesos bélicos que tienen lugar durante la revolución de octubre de 1934, protagonizada por los mineros de la Cuenca —descontentos con sus miserables condiciones de vida—, que dejan asolada buena parte de la ciudad; resultan incendiados, entre otros edificios, el de la Universidad, cuya biblioteca guardaba fondos bibliográficos de extraordinario valor que no se pudieron recuperar. La Cámara Santa, por su parte, fue dinamitada.

A causa de la guerra civil desatada en 1936, la capital, que se suma al denominado Alzamiento del 18 de julio, con el coronel Aranda encabezándolo, resiste largo tiempo el cerco al que la someten tropas de la entonces vigente República, del que sale prácticamente convertida en un montón de escombros: tres cuartas partes del caserío se vinieron abajo durante ambos conflictos. A partir de 1941 la ciudad comienza a resurgir de sus cenizas una vez que se acoge al Plan de Urbanización o de Reconstrucción Nacional de Valentín Gamazo, dominado por la ideología de aquel tiempo que aspira a crear una ciudad «orgánica, completa y cerrada». En 1955 se consigue para el casco antiguo su declaración de zona monumental. Tras una prolongada etapa franquista, llegan las primeras elecciones democráticas, celebradas el 3 de abril de 1979.

El 24 de septiembre de 1980 se asiste a la gestación de la Fundación Principado de Asturias, que, además de buscar un cálido y permanente contacto con el heredero de la Corona, se ha marcado como objetivo, con los Premios Príncipe de Asturias por ella instituidos en 1981, ensalzar los valores humanos y científicos que sirvan para estrechar lazos entre todos los pueblos del mundo, con especial querencia hacia la comunidad iberoamericana. El Teatro Campoamor, cada año por el mes de octubre, reúne a deslumbrantes personalidades para premiar a los distinguidos en 8 apartados: Comunicación y Humanidades, Investigación Científica y Técnica, Artes, Letras, Ciencias Sociales, Cooperación Internacional, de la Concordia y Deportes.

En 1992, con Gabino de Lorenzo como alcalde-presidente del Ilmo. Ayuntamiento de Oviedo, se inaugura un Plan de Obras que remodela edificios, plazas públicas, peatonaliza el casco antiguo y algunas calles del ensanche…. Estos planes de choque aún continúan, tutelados por el mismo y máximo regidor ovetense.

(Bibl.: Javier Rodríguez Muñoz, «El concejo de Oviedo», en Asturias a través de sus concejos, Ed. Prensa Asturiana, 1998; Gran Enciclopedia Asturiana, varios tomos, Gijón.)

 

Patrimonio en Oviedo

Cuenta Oviedo con importantes muestras monumentales, siendo los más destacables las arquitecturas prerrománicas, obras de gran importancia artística que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Dentro de estas obras señalaremos el palacio de Santa Maria del Naranco, la iglesia de San Miguel de Lillo, la fuente de Foncalada y la iglesia de San Julián de los Prados. El Palacio de Santa María del Naranco se encuentra en las faldas del monte Naranco fue construida en el reinado de Ramiro I, originalmente siendo un aula regia o salón de reuniones, para más tarde convertirlo en una iglesia. Se divide en dos pisos y tres ámbitos. El superior posee una gran riqueza decorativa y consta de un salón central, hallándose en los extremos unos miradores abiertos con hermosas arcadas.

La iglesia de San Miguel de Lillo fue construida en el año 848 y se decía que había sido construida para el palacio de Santa María. De la edificación inicial sólo se conserva la cabecera que hoy ejerce las funciones de capilla, el vestíbulo y el arranque de las tres naves. En el vestíbulo esta la tribuna real donde se cree descansaba la monarquía. Son destacables las muestras pictóricas que se realizaron en sus muros y que tenían a la figura humana como elemento principal.

La fuente de Foncalada es la única obra civil y popular que perdura del reinado de Asturias de Alfonso III y de la cual se ha descubierto más recientemente una estructura más compleja, en la que se observa una canalización para el suministro del agua.

La iglesia de San Julián de los Prados se encuentra localizada en el barrio de Santullano y es perfectamente visible para quienes accedan o dejen la ciudad por la autopista “Y”, fue construida por Tioda por orden de Alfonso II el casto, fue restaurada en 1914 por Fortunato de Selgas. Es una pequeña iglesia de tres naves interrumpidas por un crucero, a cuyos extremos se abren dos estancias. Tiene vestíbulo y tres ábsides rectangulares de los cuales la central está provisto en su parte superior de una cámara alta. Además, la iglesia conserva un repertorio pictórico que la hace más destacada dentro del panorama artístico.

Aparte de estas obras prerrománicas, Oviedo también cuenta con más bienes de interés cultural. Dentro de estos tenemos las cuevas de Las Caldas, que nos muestra diversas muestras del arte mueble con figuras de caballos, bisontes, ciervos De la época prehistórica, las cuevas de Las Llueras presentan en las paredes dibujos y figuras grabadas de animales y también figuras representativas de figuras más o menos triangulares que se pensaba interpretaban símbolos sexuales femeninos.

De gran importancia artística puede catalogarse de la misma manera, a la catedral de Oviedo tanto en su exterior como en su interior. Construida por orden del rey Fruela y continuada por su hijo Alfonso II, la catedral no paró de renovarse y ampliarse adaptando los estilos de la época. La cámara Santa contiene las Santas reliquias que dieron a la catedral el reconocimiento de “sancta Ovetensis” haciendo de Oviedo parada de peregrinación durante las épocas media y moderna. También contiene la Sábana Santa o Santo Sudario de gran valor religioso, la Cruz de La Victoria, la Cruz de los Ángeles, La caja de las Agatas y diversas obras de arte. La capilla mayor está presidida por un enorme retablo de estilo hispano-flamenco realizado por Giralte de Bruselas esculpido en dorado por León Picardo.

Dentro de los edificios civiles y populares son de destacar varias obras como el que ocupa el actual ayuntamiento, el edificio histórico de la Universidad, el Jardín de los Reyes caudillos, el balneario de las caldas y la plaza del Fontán que fue derruida en el año 1997 para reconstruirla totalmente.

Por último es Oviedo sede de diversos museos donde se puede contemplar el patrimonio mueble que allí se conserva. Dentro de estos tenemos el museo de Bellas Artes, situado en el palacio de Velarde, el museo arqueológico, que ocupa terrenos del antiguo monasterio de San Vicente, y el nuevo museo de la catedral ubicado en el claustro alto de la misma.

 

Fiestas en Oviedo

Entre sus fiestas destacaremos: El Antroxu de Carnaval (Febrero o Marzo), La hoguera de San Juan (23 de Junio), La Balesquida o Martes de campo, (primer martes después de Pentecostés), La feria de la ascensión ( mayo) en honor a la gente del campo, La Festividad del Cristo de las Cadenas (septiembre). y San Mateo (Septiembre), de Interés Turístico Nacional, y en la que destaca el día 19 de Septiembre tiene lugar el día de América en Asturias, en recuerdo de las personas emigrantes que partían hacia América. En el mes de octubre, se celebra la Fiesta tradicional gastronómica del “Desarme”, con degustación de platos típicos asturianos.

La festividad de la Balesquida se remonta a la donación que hizo Velasquita Velásquez, a la cofradía de los Xastres y otros vecinos de Oviedo de un Hospital para atender a las gentes más pobres. Actualmente la fiesta consta de una celebración religiosa en la capilla de San tirso y la comida del Bollu en diversos sitios verdes de la capital Asturiana.

Las fiestas de San Mateo son las más importantes y son heredados de la época en que se reunían cantidad de fieles que venían a ganarse el jubileo y que se concentraban en torno al día dedicado a ese apóstol. Hoy en día la ciudad se viste de fiesta durante dos semanas en las que la diversión y la jarana están garantizadas.

Hay que destacar que los demás pueblos y barrios de Oviedo siguen celebrando sus fiestas patronales, como las del Corpus Christi en Trubia (mayo o junio), El Santísimo Cristo de la Misericordia en Colloto (septiembre), el Santo Medero en Latores (agosto), San Antonio en Olloniego (junio) o las fiestas de San Roque en San Claudio (a mediados de Agosto), llenando el calendario de fiestas desde la entrada de la primavera hasta finales del otoño.

 

Gastronomía típica del Concejo de Oviedo

Un gastrónomo de pro, José Antonio Fidalgo, afirma con total acierto que Oviedo es «ciudad centrípeta, que atrae hacia sí toda la variadísima cocina de Asturias». La capital del Principado es el «escaparate o muestrario de toda la culinaria regional, la del ayer y la del hoy: fabadas, potes, guisos, pescados, carnes, dulcerías…». Pero la ciudad cuenta con especialidades propias: la carne gobernada, el cachopo de ternera, la merluza a la sidra, la tortilla de merluza, el solomillo o entrecot al cabrales… Y, sobre todo, sus dulces, y en especial bombones y «carbayones» (pasteles de hojaldre y almendra). A lo largo del año, Oviedo celebra tres jornadas culinarias, muy arraigadas: el Pote de Antroxu (Carnaval), con pote de berzas y mucho compango, más arroz con leche y «casadielles» a los postres; el Martes de Campo o Fiesta de la Balesquida, el primer martes de junio, con reparto de boños «preñaos» y vino; y el Desarme (19 de octubre), donde se sirven a los comensales garbanzos con bacalao, callos y arroz con leche.