Onís

Onís es un concejo de Asturias situado en el centro oriental de la comarca oriental, que limita al norte con Llanes, al sur con la provincia de León (Valle del Valdeón), al este con el concejo de Cabrales y al oeste con Cangas de Onís. Presenta una extensión total de 75,42 Km2 y su capital es Benia de Onís. La carretera regional AS-114, configura su vía de comunicación más importante.

Onís nos muestra una superficie diferenciada de norte a sur, siendo mucho más ancha su parte norteña. Se distinguen claramente unas zonas geográficas delimitadas por la depresión que ocupa el río Güeña: al norte, las laderas meridionales de las sierras prelitorales que anteceden al Cuera, con la cota de la peña Ibeo (869 metros); al sur, el macizo del Cornión con cumbres que sobrepasan los 2.000 metros en el límite de León (la Verdilluenga alcanza los 2.129 metros). Es Onís eminentemente un concejo donde predomina la altitud.

En las laderas meridionales de la sierra pre-litoral, cuyo terreno está formado por cuarcita y calizas, es donde nace el Güeña y sus afluentes de la derecha. El río camina por una estrecha depresión sin grandes desniveles, en dirección este-oeste; es en esta depresión donde se desarrolla casi por completo la vida más activa del concejo. Son destacables también ríos como el arroyo de la Huesal, el de las Bobias o El Tabardín, suma éste de varios arroyos y que desemboca en el Güeña; en la cuenca alta de ese río se asientan los pueblos altos del concejo: Demues, Bobia de Arriba, Bobia de Abajo, y Gamonedo, pueblo conocido por los famosos quesos.

Ya en el sur del territorio nos encontramos con el Cornión, masa caliza que ha sufrido grandes erosiones. En esta parte se alzan las mayores alturas del municipio, siendo también importante por estar enclavada en el Parque Nacional de los Picos de Europa.

El clima es templado y húmedo, presentando oscilaciones respecto a la latitud y a la orientación, siendo común las Nevadas en El Cornión durante la época invernal. Así mismo es de destacar la aparición de nieblas en todo el concejo y la escasez de días soleados. Las temperaturas oscilan entre los 21ºC de media máxima anual y los 5ºC de media mínima anual.

La vegetación está representada por encinares, fresnos, tilos, hayedos abedules, matorrales, pastizales y vegetación de alta montaña, siendo el 15% de la superficie total terreno improductivo.

Respecto a la fauna cabe destacar la presencia, importante en algunos casos, de zorros, jabalís, ardillas, urogallos, águilas o buitres: también hay cierta presencia del temido lobo, mientras ya hace tiempo que desaparecieron el oso pardo y el mueyu.

 

Capital

Benia es la capital del concejo, asentada en el valle del río Güeña, zona en la que se asienta la mayor parte de la población del concejo, cuya zona sureña es extremadamente montañosa. Es el núcleo más poblado de todo el municipio, con más de 300 habitantes, siendo su principal centro administrativo y de servicios.

 

Demografía de Onís

Onís es claramente un concejo de tendencia emigratoria. Sin ir más lejos en los últimos 60 años se han perdido por el camino 1.086 habitantes descendiendo su densidad de población en un 50% aproximadamente. Desde comienzos del s. XX, hasta la década de los 40, el concejo presentaba una cifra estacionaria en torno a los 2.200-2.300 habitantes, siendo a partir de esta década cuando se rompe la tendencia, y se produce un descenso brusco que nos deja actualmente en 830 habitantes. Las estructuras demográficas son desequilibradas, con un envejecimiento cada vez mayor de la población, y con una relación de sexos bastante pareja. Es significativo en la actualidad que la mayor presencia de mujeres se da en las franjas más jóvenes (hasta los 20 años) y en las más altas (a partir de los 70 años), siendo la tendencia contraria en la franja entre los 20 y los 50 años; esto demuestra que las mujeres jóvenes en la actualidad son las que más abandonan el concejo. Hoy en día sólo se tienen censados 12 núcleos poblacionales, siendo Benia, con alrededor de 300 habitantes, La Rebollada y Avín los asentamientos más importantes, aglutinando a más del 60 % de la población total.

Respecto a la estructura económica del concejo, hay que reseñar que el mayor porcentaje del empleo se da en el sector primario y más exactamente en el sector agropecuario, con más de 54,92% del empleo total. El concejo es junto al de Ribadedeva, el que presenta la mejor relación entre explotaciones y número de reses. Dada la configuración del terreno y el aprovechamiento que las gentes ganaderas hacen de él, no es de extrañar que la mayoría del ganado vacuno que se trabaja, esté dirigido principalmente hacia el sector cárnico.

El sector secundario y la construcción tienen un porcentaje del 20,73% del empleo, llevándose la mayoría la edificación y las obras públicas. La rama del mueble y la madera y la del agua y electricidad completan el reducido abanico de distribución de este sector.

En lo que respecta al sector terciario hay que decir que ocupa el 24,35% del total, distribuido en comercio, sanidad, educación y transportes. Este último sector se prevé que vaya en aumento, como de hecho está ocurriendo, gracias a las perspectivas económicas que se cree generará el turismo rural y de naturaleza.

 

Historia de Onís

Puede Onís legítimamente enorgullecerse de ofrecer abundantes y preciosos testimonios que evidencian una personalidad histórica de primer orden dentro del contexto regional del Principado de Asturias. Los vestigios más importantes de época prehistórica son los de la cueva La Peruyal, más conocida como Cueva del Oso, localizada muy cerca de Benia de Onís. Contiene los restos fosilizados de lo que hasta no hace mucho se creía un oso de las cavernas. Según las últimas investigaciones llevadas a cabo por la doctora Ana Pinto, el esqueleto corresponde a una cría de rinoceronte lanudo.

Ya en la lejana época del Paleolítico, las numerosas cuevas o cavernas sustentadas por la formación cárstica del suelo evidencian abundantes huellas del poblamiento humano de este territorio. Grutas como Vitatrescueva, Valpori o Quiliama son un claro ejemplo de paleolíticos asentamientos humanos; otras muchas, de incalculable valor, se encuentran en fase de investigación.

En la época del Neolítico y la Edad del Bronce, Onís ofrece uno de los mejores ejemplos de la conquista de los espacios de montaña por las gentes megalíticas. Los pobladores van ascendiendo y ganando terreno, comenzando las primeras prácticas ganaderas y pastoriles de las comunidades neolíticas, que desde aquella lejana etapa histórica marcará el devenir de las gentes de Onís a lo largo de los siglos.

El yacimiento de Gamonedo y la mina El Milagro (cercana a Bobia de Arriba, donde aparecieron los conocidos como cráneos verdes y también un jarro de la época visigótica), son los vestigios legados por los pobladores prerromanos. El denominado tesoro de Gamonedo, un documento de singular valor, lo componen un hacha plana, diez lingotes de fundición y fragmentos de metal, cuyo cobre representa una alta proporción de arsénico. Éste, utilizado para evitar porosidades y conferir dureza, testimonia el primitivismo de la fase metalúrgica (Bronce antiguo). El mejor exponente español de laboreo del cobre en época prehistórica, junto con la mina del Aramo (concejo de Riosa), es la llamada mina El Milagro o Consuelo, sita en Valdelamesa, que descubrió sus antiguas galerías cuando, en el siglo XIX, se inspeccionó para una nueva apertura. Schulz y Fuertes Acevedo citaron con prontitud los prehistóricos trabajos y materiales descubiertos; en 1888, el segundo daba cuenta así del hallazgo: «en el fondo de las antiguas labores se encontraron restos humanos, cráneos que se supone pertenecientes a la raza céltica pero que nosotros creemos mucho más antiguos dadas las incrustaciones calizas de que se hallaban revestidos, trozos de piqueta de astas de ciervo y otros grandes rumiantes y muchos martillos hechos de la misma asta». Los filones de cobre, rico en plata, ya habían sido explorados en el Bronce antiguo, quedando de testigos una metálica hacha plana, tres mazas de piedra —cantos rodados con acanaladuras para el enmangue—, martillos de cuarcita, dos picos-martillo de asta de ciervo —la parte basal servía de martillo; la punta, de pico— con perforación de empuñadura y cuñas de hueso. También aparecieron restos humanos, tal vez mineros aprisionados por un derrumbe, tal vez enterramientos, al considerarse la mina un recinto funerario.

Contemporánea de El Milagro es la mina de cobre de Avín, donde se hallaron, igualmente, útiles de piedra y asta.

Así pues, esta tierra abunda en indicios de la existencia de asentamientos humanos prehistóricos, que al correr del tiempo tomarán nombre cuando se escriba que, allá por el siglo I, en el «apacible, ameno y recatado Onís» penetran los Vadinienses, prerrománica tribu de origen indoeuropeo, de probados jinetes y guerreros, que, en busca de un clima benigno y ricos pastos, finaliza su larga migración desde la Europa central para quedar permanentemente asentada sobre las riberas del río Güeña. Aquí se funden con los pobladores autóctonos, dando origen a distintas gentilidades que ocuparon la zona e instauraron una peculiar cultura, producto de la adaptación del lenguaje, la religión y las costumbres vadinienses a los ancestrales ritos y creencias de la zona.

El dominio romano se hace presente en esta tierra (19 a. de C.-411 d. de C.), como refleja la abundantísima toponimia al respecto, sin duda atraído por la riqueza minera de los Picos de Europa, pero tropieza con la ardua resistencia de estas gentes a perder su identidad, celosamente guardada, lo que implica su muy lenta romanización, siendo posible observar que las estelas vadinienses conservan aspectos autóctonos aún bien entrado el siglo III d. de C.; elocuente muestra es el único hallazgo epigráfico del concejo de Onís, la famosa Estela Flavia —procedente del pueblo de Gamonedo y hoy en el Museo Arqueológico—, de carácter funerario, consagrada a los dioses manes y dedicada por Dovidero a su hija Flavia. Formalmente, es similar a otras del concejo de Cangas, disponiéndose el texto en líneas enmarcadas por una cartela. En su base aparecen dos motivos propios de las lápidas vadinienses: una palma o árbol esquematizado y un caballo atado a él, símbolos ambos de la victoria del difunto sobre la muerte, idea que se ve reforzada por la presencia de la leyenda «Flavia vence» en el cuerpo del caballo.

Es probable, por la aparición de ánforas broches y picos, que la mina El Milagro continuara explotándose en época romana.

Por Onís hubo de discurrir la vía romana que, penetrando en Cabrales por los puertos de Áliva, recorría el surco prelitoral hasta Lucus Asturum, la actual Lugo de Llanera (entidad de población del centro de Asturias, a unos 7 km al N. de Oviedo). Su trazado, en buena medida coincidente con el antiguo Camino Real de Santander a Oviedo, deja a su paso por el concejo topónimos tan significativos como La Corredoria, cerca de Avín, y La Calzada, en Benia de Onís.

«Con mucha menos precisión se perfila el descubrimiento de varios objetos de época romana, que no fueron descritos, producidos al parecer en la gruta de Quiliama, cerca de Benia de Onís, que según Octavio Bellmunt [codirector de la monumental obra Asturias, editada entre 1895 y 1900] fueron donados al Museo Arqueológico Nacional» (Yolanda Viniegra Pérez).

Tras la retirada del pueblo romano, penetra débilmente el influjo godo (411-722). En la mina El Milagro se encontró un hermoso jarrito ritual visigodo, de estrecho cuello troncocónico, cuerpo ovoide y pie de progresivo ensanche; es un fiel indicio, por otro lado, de la temprana cristianización de aquellos vadinienses romanizados. En estos jarritos eucarísticos del siglo VII, inspirados en modelos del mundo copto, los oficiantes propietarios solían grabar su nombre.

Topónimos como Pelamoro, La Medina, La Matamorisca, etc., evocan, sin duda, que los vecinos de estas tierras fueron los primeros en acudir, allá por el 718, a la voz alzada por Don Pelayo en el monte Auseva llamando a la sublevación contra la invasión musulmana, que daría luego origen a aquel pequeño reino surgido a la sombra protectora de la montaña de Covadonga. El primer gran hecho histórico al que habría que referirse, por afectar aunque sea indirectamente a Onís, sería la batalla de Covadonga —con la que, según Ana Belén de los Toyos, comienza simbólicamente la Edad Media tanto en Onís como en el vecino concejo de Cangas—, pues tras ella, y siempre según el testimonio de autores como Sánchez Albornoz, los musulmanes huyeron atravesando el territorio de lo que hoy sería el concejo de Onís para descender al Cares por la canal de Trea; parece que majadas de Onís como Belbín, Arnaedo o Vegamaor fueron testigos de esa huida que la tradición y la leyenda hacen acabar muy cerca de Espinama (Cantabria), donde los musulmanes fueron sorprendidos por el argayo (corrimiento de tierra) del monte Subiedes. El propio escudo municipal quiere hacer referencia a estos hechos: la participación de Onís en el inicio de la Reconquista y el paso de los árabes por su territorio.

Del periodo de la Monarquía Asturiana nos llega alguna noticia de la vida pública local. Las referencias documentales al territorio de Onís encuentran su eco más antiguo en el Libro de los Testamentos de la Catedral ovetense, donde se nos dice que en el año 857 el rey Ordoño I y su mujer, Mumadonna, donaron a la Iglesia de Oviedo y al obispo Serrano el monasterio de Santa Olalla de Onís, hoy iglesia parroquial de Benia de Onís, y una extensa viña. A partir de ahí hay referencias varias acerca de Onís, aunque en 1115 aún el territorio esté incorporado al de Cangas; será en 1231 cuando haya una mención a Onís como entidad individualizada (bajo la jurisdicción de un notable representante regio, Sebastián Gutiérrez), algo que se repite en 1367, cuando participa en la hermandad de concejos que apoyan a Pedro I frente a Enrique de Trastámara. Otra referencia a Onís como entidad concejil individual procede de 1504, estando como tal presente en la Junta General del Principado y formando parte del partido de Llanes para la elección de diputados.

Resultan de especial interés las Ordenanzas Municipales del siglo XVI (1573), a través de las cuales conocemos que Onís, concejo por entonces ya con plena autonomía, se regía por dos jueces nobles y por los regidores de cuartos en que se organizaba el territorio (Avín, Benia de Onís, Villar y Bobia) y de tres escribanías propiedad de la Casa de Cebos —la familia más influyente en el término en los ss. XVI y XVII— y de la de los Estrada. Juan González de Cebos adquirió en 1611 las alcabalas (tributos en contratos de compraventa y permuta) de Onís por la cantidad de 67.000 maravedíes, traspasándolas en favor del concejo, y sabemos que, tiempo después, la blasonada Casa de Cebos fue convertida en hospital, durante la Guerra de la Independencia, para el ejército y las partidas que tan profusamente operaban en la zona.

Otras casas distinguidas tuvo también Onís, como las de Labra, Sarro, Moro y la principal de Noriega —o del Taranco, en el cuarto de Villar—, de las que sin duda surgieron ilustres onisenses, que prestaron sus servicios destacando en los más variados campos (militar, diplomático, científico, etc.), como D. José de Onís, cónsul de España en varios países, D. Ramón Pellico, arquitecto, o el médico D. Ildefonso Martínez, entre otros hombres de cuyo espíritu emprendedor y carácter generosamente vital participan hoy las gentes de esta tierra, como herederos de un pasado histórico singularmente excepcional, del que sin duda queda aún mucho por investigar.

En el Onís de la Edad Moderna la actividad ganadera y pastoril era el gran motor de su economía. Así, según el Catastro del Marqués de Ensenada, en 1752 constituían su cabaña 3.926 cabezas de ganado ovino, 2.549 de vacuno, 2.020 de cabrío, 1.408 de porcino y 18 de equino. En primavera las reses subían a los pastos comunales de los puertos de Onís, donde los pastores, instalados en las cabañas de sus majadas o vegas, elaboraban manteca y queso; ganado y cuidadores permanecían allí durante los meses estivales.

En las erías, agrupadas en la zona central del concejo (valle del Güeña), se sembraba escanda un año y, al siguiente, maíz con alubias blancas, plantando cáñamo algunos años. Muy valiosa era, asimismo, la aportación en fruto de los castaños, avellanos, nogales y manzanos —de los que, según Ensenada, no se hacía sidra.

En 1752 Ensenada inventariaba un total de 20 molinos harineros en funcionamiento, 4 fraguas y 2 almagreras, así como escasos oficios artesanos (8 sastres, 4 carpinteros y 4 herreros), más un maestro de primeras letras, un cirujano y un arriero.

En las postrimerías del siglo XVI (1594), su población alcanzaba los 194 vecinos; en 1643 había 333, 159 en 1694, y 188 en 1714; a mediados del siglo XVIII, el citado Catastro registra 404 vecinos; por último, el censo de Floridablanca contabiliza 1.136 habitantes en 1787; el 13,08% de los varones mayores de 16 años eran agricultores, el 4,9% labradores y el 8,17% restante jornaleros, lo que «evidencia la fuerte especialización ganadera de Onís» (A. B. de los Toyos). La vida de la comunidad se regía por los concejos o asambleas vecinales, cuya reunión tenía lugar, tras la misa dominical, en el campo de la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Benia de Onís.

Como bien apunta De los Toyos, «la estructura productiva de Onís no acusó cambios importantes a lo largo del siglo XIX». El pastoreo y la agricultura —a la que se incorporó el cultivo de la patata para consumo campesino— continuaron siendo los pilares básicos de la economía municipal, a la que a fines de esta centuria y comienzos de la siguiente aportaban su granito de arena las industrias tradicionales de molinos y telares, minas de cobre, azogue y carbón o la novedosa fábrica de manteca y quesos de Benia de Onís. Había mercado semanal, los miércoles, y dos concurridas ferias de ganado y productos del país en Benia de Onís, cada 15 de mayo y 19 de octubre. Por su parte, la población siguió incrementando sus efectivos durante la segunda mitad de esta centuria; así, en 1857 tenía 1.174 habitantes y en 1900, 2.053 hab. Sin embargo, desde principios del XX se resiente de la marcha de «excedentes» poblacionales a América (a Cuba, sobre todo) y, dentro del territorio español, a Madrid y Andalucía entre otros destinos; el censo de 1910 registraba 2.241 habitantes; a partir de entonces comienza un imparable declive: 2.190 hab. en 1920, 2.041 en 1930, 2.000 hab. en 1950, 1.806 en 1960, 1.522 en 1970…

Durante la guerra de la Independencia contra el invasor francés, Onís padeció las calamidades de la invasión francesa capitaneada por el general Bonet, en dos episodios distintos, uno en mayo de 1809 y el último en 1810, haciendo de hospital del ejército el palacio de Cebos.

También sufrió Onís —donde el pretendiente don Carlos contó con adeptos— las consecuencias de las guerras carlistas: en 1835 pasó por el concejo una partida con tropas al mando del coronel carlista Arroyo y Flórez Collar, que incendiaron el archivo municipal.

La escasez presupuestaria llevó a proponer la supresión del concejo y su integración en Cangas en 1868, algo que salió publicado en el Boletín Oficial del Estado el 1 de enero de ese año y que rechazaron los vecinos.

A finales del XIX, el obispo Martínez Vigil reorganizó la diócesis, creándose las parroquias de San Antonio de La Robellada y la de Nuestra Señora del Buen Suceso de Bobia, que se sumaron a la de Santa Eulalia de Onís, la única existente hasta entonces.

Hubo durante la primera mitad del XX cierta actividad política animada por publicaciones locales como El aceite para el candil (1913), periódico republicano y anticlerical de A. Justo Rosete, y El candil del hogar (1915-1916), de carácter clerical, redactado por el párroco de Benia de Onís.

El período republicano se abrió con la victoria republicana del 14 de abril de 1931, mientras en 1933 triunfó la coalición de derechas y en 1936 el Frente Popular.

También la guerra civil afectó al concejo, que fue escenario de batallas como la de La Robellada (septiembre de 1937), donde el ejército asturiano resistió a las sublevadas tropas de la brigada Navarra V, aunque poco a poco fueron cayendo las distintas poblaciones del concejo mientras las brigadas navarras proseguían su avance hacia el Sella.

La etapa democrática se inicia el 15 de junio de 1977 con la victoria de la UCD, partido que logra el mayor número de votos en el concejo y repite triunfo en los comicios municipales de 1979, pero a partir de esta fecha las victorias del PSOE se han sucedido en las distintas elecciones locales.

En 1994 visitó el concejo (la pradería de Lindebobia) Felipe de Borbón, para hacer entrega a los pastores de Picos de Europa del Premio al Pueblo Ejemplar que otorga anualmente la Fundación Principado de Asturias, expresando su satisfacción por entregar el galardón a «unas mujeres y unos hombres que han sabido ganarse la admiración y respeto de todos por su abnegada y ejemplar lealtad a unas tradiciones y unos modos de vida cuyas raíces se hunden en el tiempo». Un monolito en el centro de la pradería recuerda esa fecha.

 

Bibliografía

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FERRERO BERNALDO DE QUIRÓS, Manuel: «Onís», en Gran Enciclopeda Asturiana, tomo X, Gijón, 1970.

NUÑO PÉREZ, Fernando: «Onís», en Gran Enciclopedia Asturiana, Gijón, 1981.

RODRÍGUEZ MUÑOZ, Javier: «Onís», en Gran Enciclopedia Asturiana, tomo XX, Gijón, 1996.

VINIEGRA PÉREZ, Yolanda, y DE LOS TOYOS DE CASTRO, Ana Belén: Onís, colección «Asturias, concejo a concejo», edit. Real Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 2000

 

Patrimonio en Onís

El mayor atractivo turístico de la zona es sin duda alguna la belleza natural que nos ofrece el concejo y que nos permite contemplar la naturaleza en su estado más puro. Sin embargo, son también de destacar algunos monumentos que se complementan muy bien con lo anteriormente expuesto, y que añade atractivo artístico a la zona.

Son de resaltar la torre de Sirviella, fechada en el siglo XVI, que sufrió un incendio que la dejo muy mal parada, aunque una reciente reconstrucción ha servido para consolidar la estructura, que tiene forma cúbica y tres plantas, destacando la variedad de soluciones aplicadas a los huecos: dintelados, bíforos y enmarcados con alfiz… Tiene incoado expediente para su declaración como Bien de Interés Cultural.

La iglesia de Benia, con una gran portada gótica, arcos apuntados en la nave y bóvedas de crucería sobre columnas de adornados capiteles. Dentro de las iglesias también hay que mencionar las de Bobia y La Robellada así como las capillas de Santa María de Gamonedo, Ntra. Señora de los Remedios en Bobia de Abajo, la de Ntra. Señora de Castro o la de San Roque en Benia.

Por último, son también dignas de mención las viejas casonas y palacios que se pueden ver por todo el concejo y que representan diversas y singulares arquitecturas populares, destacando la casona de la familia Valles, en Benia, del s. XVIII y que presenta vanos adintelados y dos plantas con un gran corredor de madera en la fachada principal; otras casonas a mencionar son las de Cueñe y la casa pinta en Bobia de Abajo, el palacio de Talavero, el palacio del Taranco en Villar, la casa del Campu en Avín, entre otros muchos ejemplos posibles.

 

Fiestas en Onís

Comienzan en marzo, con la fiesta de San José en la localidad de Avín. En mayo el día 15 es la Feria de San Isidro en Benia de Onís. En junio, el primer sábado es el Festival folclórico en la localidad de Benia de Onís. En julio, el día 18, Gamonedo celebra a Santa Marina.

En agosto, el calendario festivo es el más completo: el día 5 Bobia y Demués celebran las Nieves, el día 15 Benia hace lo propio con Ntra.Sra. de Castro y hacia finales se celebran las fiestas “del segador” (también conocidas como La Rasa). El día 7 se celebra en Benia el Mercáu Asturianu “Onís años 20”, y el día 21 las ferias de San Mateo.

En septiembre, el día 8 son las fiestas de Rozada en Sirviella y el tercer domingo las de la Virgen de la Esperanza en La Rebollada Ya en octubre, Demués celebra el día 5 a San Francisco, mientras Benia acoge el certamen del queso de gamonedo el tercer domingo y las ferias de octubre el día 19.

Las ferias y fiestas del concejo de Onís muestran un ritual propio del oriente asturiano, de una enorme riqueza folklórica, con bailes, cantos, sones de gaitas y deportes tradicionales. Y también de gran repercusión gastronómica dados los recursos del territorio. La carne, las truchas, la leche y sus derivados, así como los diferentes productos de la huerta , configuran un atractivo plato que no puede ser rechazado.

 

Gastronomía típica del Concejo de Onís

La oferta gastronómica local se basa en platos tradicionales, en los que predominan la matanza del cerdo y su elaboración casera, significándose en general como manjares típicos de la zona los elaborados a base de carnes del país: sopa de hígado, jabalí, cabrito asado, borona, torta de maíz, entre otros muchos; muy típico es también el probe, exquisito relleno de morcilla, sin embutir, amasado con harina de maíz, envuelto en hoja de berza y cocido. Pero es sin duda protagonista indiscutible entre tantos deleites culinarios el queso de Gamonedo, que ha llevado el nombre de Onís fuera de las fronteras regionales, conquistando con su delicado y personal sabor los paladares más exigentes y expertos, por lo que es considerado, con diferencia, el mejor queso de Asturias.