Nava

Nava es un concejo situado en la zona centro oriental de Asturias, con una extensión de 56,81 kilómetros cuadrados. Limitado al norte por Sariego, Villaviciosa y Cabranes, al sur con Laviana y Piloña, al este con Piloña y al oeste con Bimenes y Siero.

Sus principales núcleos son por número de habitantes: Nava su capital, Llames, Bajo Ceceda, El Remedio, Piloñeta, Quintana, Prumeda y Castañera. Sus vías de comunicación son: la N-634 que atraviesa el concejo de oeste a este y que va de Oviedo a Santander y el ferrocarril Económico de Asturias que va paralelo al Ríu Piloña. Está a una distancia de la capital del Principado de 31 kilómetros.

Es un concejo de suave relieve que se encuentra entre montañas, sus principales alturas son el Peñamayor de 1.140 metros o La Triguera de 1.291 metros. Sus principales ríos son: Viao y Punegru, todos ellos confluyen en Piloña.

Nava es un concejo en el que predomina los prados ya que ocupan más de la mitad de su territorio estando vinculados a la cría del ganado. Una tercera parte de su superficie está ocupado por grandes masas forestales, sus principales especies son: el pino, el eucalipto, el fresno, el tejo y el roble.

 

Capital

Es Nava que destaca por sus buenas comunicaciones y por su sector servicios.

Es exponente de la tradición sidrera del municipio con su denominación de Villa de la Sidra, tiene un museo monográfico dedicado a esta bebida inaugurado en 1996 por S.A.R. El Príncipe de Asturias, teniendo su afamado Festival de la Sidra.

En su patrimonio histórico destacaremos: la casa de Correos y Telégrafos, villa Maximina, la iglesia parroquial de San Bartolomé, el colegio publico y su colegiata.

 

Demografía de Nava

En el último censo electoral de 1996 se le da una población de 5.681 habitantes, aunque actualmente tiene una población de 5.586 habitantes. Esta población ha sufrido diversas altibajos durante todo el siglo XX, así durante los tres primeros decenios su población aumentó no por su evolución económica, sino por crecimiento vegetativo que compensa las pérdidas producidas por su emigración, situándolo en el año 1900 con una población de 5.857 habitantes, llegando en 1930 a 6.437, pero entre 1930 y 1950 la emigración aumenta y su crecimiento vegetativo no es suficiente para conseguir el crecimiento demográfico, entrando este concejo en una fase de despoblamiento. Éste se verá parado entre 1950 y 1960 debido al auge económico de los vecinos concejos mineros. Acabada esta época el concejo se hunde en una dinámica de represión que se verá acentuada por un descenso de la tasa de natalidad.

Esto ha traído una estructura demográfica envejecida imposible de asegurarse su propia supervivencia ya que el 27,5% lo ocupan las personas mayores de 60 años y el 23,5% son jóvenes. Su emigración tuvo importancia a finales del XIX y principios del XX, su destino preferido fue Argentina y aquí su capital Buenos Aires. En la segunda mitad del siglo XX hubo una nueva corriente de emigración pero no tan fuerte como la anterior y esta vez dirigida hacia el centro de Europa.

La mayoría de su población vive de la actividad agropecuaria y en su agricultura predominan los cultivos de forrajes y maíz. Su sector industrial tiene una acreditada fama sobre todo por la elaboración de sidra. Hay que destacar el sector servicios, que se concentra en el comercio y la hostelería que ha crecido en los últimos años.

 

Historia de Nava

La presencia de civilizaciones prehistóricas en el concejo de Nava se conoce desde hace algún tiempo. Existe un gran número de hallazgos paleolíticos, siempre localizados en yacimientos al aire libre, por lo que no hay información estratigráfica de ningún tipo. De la etapa megalítica, en los años sesenta se localizaba un yacimiento aislado en el término naveto de Paraes. Y aunque tampoco en él se ha podido hacer un estudio en profundidad, se han hallado varias cazoletas y cruces esculpidas en el alto del Espinadal. Existe también un conjunto de elementos pertenecientes al final de la Edad de Bronce, en torno al siglo VIII antes de Cristo, localizados en Pruneda. Se trata de un conjunto de hachas de bronce —concretamente cuatro instrumentos—, todas ellas hachas de talón. En Nava existen también vestigios de antiguas fortificaciones. En este sentido nos encontramos varios castros: La Cogolla, Cesa, la parroquia de Cuenya, el Castiello de Salas, en Polanova, La Forcá, cerca de Viobes, El Picu Castro, etc. Aunque ninguno ha sido objeto de excavaciones arqueológicas, por lo que su pasado y su interior es aún un misterio. Existen hallazgos numismáticos y cerámicos importantes en los términos de Ceceda y Fuentesanta, y los restos del balneario de Fuentesanta, de posible uso en la época romana.

En la alta Edad Media, arqueológicamente nos encontramos con los restos prerrománicos de Santo Tomás de Priandi y del cementerio de Nava, además de una reocupación medieval del asentamiento de La Coroña Castru, en el límite con Cabranes y Piloña.

Entre los siglos X, XI y XII es cuando surge el actual concejo de Nava, aunque de todas sus menciones no se puede deducir que existiese una demarcación con ese mismo nombre.

El 22 de junio de 1270, el rey Alfonso X crea el instrumento fundacional de la puebla de Nava, a la que dota con el fuero de Benavente y le otorga el privilegio de un mercado semanal, entre otros beneficios.

La actividad industrial fue tardía en Nava, y se centró más en el sector alimenticio y en la transformación de productos agrarios.

Tras la guerra civil española y ya en la segunda mitad del siglo XX la evolución del concejo se centró en el sector primario y secundario.

Por otro lado, Nava es la capital asturiana de la sidra, a la que dedican un Festival de la Sidra desde el año 1969 y un museo que ofrece un estudio detallado de esta bebida.

 

Patrimonio en Nava

Este concejo tiene gran cantidad de monumentos entre sus palacios, casonas, o iglesias, entre los que destacaremos:

El monasterio de San Bartolomé de Nava del que no quedan restos arquitectónicos. Hay restos de su iglesia que forma parte de la capilla del cementerio, destacando sus entrelazados de influencia nórdica en la línea de impostas de la fachada de la capilla y dos efigies sobre la puerta de hierro que de acceso al recinto.

La iglesia parroquial de San Andrés, es de 1896. El templo es de planta alargada y una sola nave, con cabecera poligonal, cubriéndose por cuatro bóvedas de estrellas apoyadas sobre pilastras nervadas. Su exterior está rodeado de añadidos como el pórtico de tejas, la sacristía u otras dependencias auxiliares. Su fachada principal es de arco apuntado con finas columnillas adosadas a cada lado y dos ventanas apuntadas. La iglesia está realizada en ladrillo, los encuadres de los vanos están hechos en arenisca y ricamente tallados. El interior está restaurado tras el incendio que sufrió durante la Guerra Civil, conservando de su origen sólo la imagen titular de San Andrés Apóstol.

La iglesia parroquial de San Bartolomé en Nava, está en el centro de la villa junto al ayuntamiento y la casa rectoral. Se levanta en sustitución de la anterior parroquia que fue templo románico de San Bartolomé, obra del arquitecto Luis Menéndez Pidal. Es una iglesia de tres naves y crucero ligeramente sobresaliente que cubre la nave central de mayor altura con bóveda de cañón y los laterales con bóveda de arista. Está construida en sillarejo para los muros y sillar para la portada de medio punto.

La capilla de los Santos Mártires en Llames Bajo. Es de estructura sencilla y de pequeña dimensión. Su estructura es de cabecera cuadrada y pórtico precediendo la portada.

El palacio de la Ferrería, en Fuentesanta, es Monumento Histórico Artístico. La torre data del siglo XIV, es de cuatro pisos y forma rectangular, el grosor del muro es de metro y medio con pocos vanos, algunas saeteras y troneras, la entrada de la torre y las ventanas del último piso son alteraciones posteriores. A esta torre se le fueron haciendo añadidos, haciendo una composición desordenada en dos pisos con vanos de diferentes tamaños. Su portada principal está a un lado, es de arco de medio punto con grandes dovelas en sillar. El piso superior tiene cuatro ventanas con molduras de orejas y balcón con voladizo y balaustrada de hierro, sobre el balcón podemos divisar el escudo. Del siglo XVIII es el añadido de la capilla. Su estructura es de planta rectangular formada por nave y cabecera cuadrada, la nave está cubierta por bóveda vaída. La puerta es de arco de medio punto con molduras y rodeada por un entablamento sencillo y rematado por un pináculo herreriano. Hay que destacar la fachada sur abierta a los jardines por tres arcos de medio punto, sobre la que hay una solana de madera.

El Portalón debe su nombre a la portada de la fachada principal, que es un gran arco de medio punto moldurado. Al lado de la puerta hay una inscripción en la piedra con el símbolo de la cruz de Calatrava. Su piso superior es de época diferente con un balcón y dos ventanas que se cubren con una solana de madera. El resto de la vivienda tiene diferentes añadidos con ladrillo moderno.

La casa de la capilla, denominada así porque está delante de la capilla de Santa Lucía, construcción del siglo XVIII, tiene forma de “L” siendo la zona corta la más antigua de la vivienda, donde sólo hay vanos en el piso superior. Su piso inferior está destinado a fines agrarios, los pisos superiores tienen corredores con finas tallas de madera.

La Fundación Roel, debida al ilustre médico don Faustino García Roel. Este edificio debía desempeñar las funciones de escuela y dispensario medico. El edificio es sencillo con frontis en la fachada principal, realizado en ladrillo y piedra artificial. En 1993 el pueblo le dedicó un busto situado en la plaza que lleva su nombre.

El cementerio de Ceceda, es un ejemplo de cementerio financiado por capital indiano. Es un recinto cuadrado con altos muros, su portada está hecha de cantera en jambas, arco y pilastras que sostiene un frontis triangular rematado en cruces.

El ayuntamiento de Nava del siglo XX, de tipo clásico. Es de planta rectangular con cuerpo central con un frontis clasicista y un balcón volado en el primer piso. Su acceso es un pórtico en forma de “U”, los balcones son adintelados y sobre el balcón principal está el escudo de Nava.

Villa Maximina en Nava, realizada en 1925 de estilo montañés y elementos eclécticos. Su estructura es de volumen cuadrado, con cuerpo torreado en una esquina y una terraza en una de las fachadas. Destaca su decoración con cerámica en las líneas de impostas que separan los pisos. Hay que destacar la importancia de la verja que es de fundición sujetada por pilares de mampostería, coronadas por jarrones de flores realizados en piedra.

El Museo de la Sidra, del arquitecto Juan Ramón Fernández Tresguerras, situado en la plaza de la villa de Nava, en él se pueden ver la elaboración de la sidra y actividades del folclore asturiano. El edificio es de formas semicircular como un anfiteatro griego. La entrada es un pórtico con pilastras de hormigón construido en hierro, piedra, hormigón y madera. Destaca en el edificio un cuerpo saliente semicircular que corona el edificio y simula la sección de un tonel de sidra.

 

Fiestas en Nava

Sus principales fiestas son:

De carácter gastronómico en Nava, se celebran en mayo las Jornadas Gastronómicas de Platos de Sidra, en julio el Festival de la Sidra declarado de Interés Turístico Nacional.

Las fiestas religiosas en Nava son estas: en junio las fiestas de San Juan, en agosto a últimos San Bartolomé patrono de la localidad, en mayo los días 16, 17 y 18 son las fiestas de Nuestra Señora de Fátima.

Sus ferias más importantes son en la capital, teniendo todas las semanas un mercado y a finales de octubre una feria de ganado. En mayo el primer fin de semana se celebra Merca Astur dedicado a productos artesanos.

 

Gastronomía típica del Concejo de Nava

Nava, «la bien mayada», que por algo se proclama la capital sidrera de Asturias, es territorio de buenas manzanas, abundantes lagares y estupenda sidra natural, dorado líquido con presencia en innumerables recetas («pixín» o rape a la sidra, merluza a la sidra, lomo a la sidra, cabrito y conejo a la sidra…) que se homenajea anualmente con un festival y unas jornadas gastronómicas. Otro tanto sucede, cada invierno, con las preciadas fabes. La caza aporta platos exquisitos, especialmente asados de jabalí y de venado. El reciente impulso a las posibilidades gastronómicas de la abundosa avellana local ha dado interesantes frutos, tanto en su condición de condimento, guiso o salsa, como en repostería, donde conviven especialidades clásicas («casadielles» rellenas de avellana, tarta de avellana…) y nuevas («magüetinos», «caranquinos»…).