Llanes

Llanes ocupa casi el extremo nororiental de Asturias con una extensión de 263,59 Km2. Está limitado al norte con el mar Cantábrico, al sur con Onís, Cabrales, Peñamellera Alta y Peñamellera Baja, al este con Rivadedeva y al oeste con Cangas de Onís y Ribadesella.

Sus principales núcleos de población son por número de habitantes Llanes su capital, Posada, Nueva, Porrúa, San Roque del Acebal y Poo.

Las principales vías de comunicación son la carretera N-634 que cruza el municipio, la AS-263 entre Llanes y Corao, la AS-340 de Nueva a Corao y la AS-343 que va hacia Ribadesella. Está a una distancia de la capital del Principado de 111 kilómetros.

Este concejo tiene un territorio poco accidentado con extensas planicies, rasas costeras y colinas poco pronunciadas. Tiene al sur la sierra del Cuera que hace de barrera natural con alturas como Peñablanca de 1.177 metros. Posee paisajes protegidos como la Costa Oriental y la Sierra de Cuera, otras zonas protegidas son: los Monumentos Naturales de las Playas de: Bufones de Arenillas y Bufones de Santiuste, etc.

Sus ríos son largos y destacaremos el río Nueva, el Beón, el Purón y el río Cabra. Tiene una gran cantidad de playas de arena fina entre las que destacaremos: Cuevas del Mar, La Guelga, Torimbia, El Sablón, Toró, Andrín, etc.

 

Capital

Es la villa de Llanes que a su vez es el mayor núcleo de población del oriente y uno de los principales puntos turísticos del Principado.

Esta localidad tiene una gran cantidad de edificios dignos de visitarla, así tenemos: la muralla con la torre, la iglesia parroquial de Santa María, la Casa de Cultura, las ruinas del palacio de los duques de Estrada, la capilla de Santa Ana, y el palacio de Gastañaga.

También hay que destacar su antiguo barrio burgués que se sitúan en la calle Mayor o las viejas construcciones del barrio de las Barqueras o el barrio de Cueto. Destaca el edificio del Ayuntamiento que es de líneas clásicas que contrasta con el estilo barroco y modernista del Casino o el antiguo convento de las monjas Agustinas hoy hotel.

 

Demografía de Llanes

Con una población de 13.232 habitantes ha sufrido diferentes cambios. A principios del siglo XX, su población era de 18.684 habitantes, alcanzando su punto máximo en 1920 con 23.349 habitantes. A partir de esta fecha empezó una pérdida de población que represento la cuarta parte de sus efectivos.

Esta dinámica de emigración de 1920 tiene por destino países de Ultramar entre los que destacaremos México y Venezuela, donde son famosas las colonias llaniscas en este país. Luego le emigración cambió debido a nuevas ofertas de trabajo que había en las zonas industrializadas del centro de la provincia, aunque también hubo una fuerte emigración hacia Madrid. Es poco conocida la emigración llanisca a los pueblos de los municipios costeros montañosos de Val de San Vicente y San Vicente de la Barquera, siendo poco numerosa en cantidad absoluta pero importante y singular ya que el alto porcentaje de personas de origen llanisco en el total de población de estos dos municipios costeros es de gran importancia.

El mayor problema de la población de Llanes es su envejecimiento, las personas mayores de 60 años son el 30% de la población, teniendo muy poca población joven. Su economía está basada en el sector terciario, destacando el potente sector servicios que sólo en temporada de verano ocupa a un gran número de habitantes, no en vano se considera a Llanes como una de las capitales turísticas de Asturias. La economía del sector está basada también en la agricultura, ganadería y la pesca, generando ésta una pequeña industria de conservas y salazones.

 

Historia de Llanes

Llanes es tierra de sugestiva historia, muy bien estudiada. El hombre prehistórico dejó útiles y grabados, importantes vestigios de su hábitat en gran número de cuevas del concejo, como Balmori, La Riera, Arnero, Trescalabres, Cuetu de La Mina y Cuetu de Lledías, especialmente en el área de Posada y de Balmori. Una cueva próxima a Posada (a unos 300 m de la gasolinera de La Vega), bautizada como Tempranas, totalmente sellada hasta ahora y descubierta casualmente en los primeros meses del año 2001, es el último hallazgo prehistórico, que podría encuadrarse en el Paleolítico Superior. En su interior conserva pisadas humanas, restos fósiles de animales, concheros de mariscos (restos de lapas, bígaros, oricios…) y un gran panel con grabados digitales de líneas y puntos «macarrones» parecidos a los de Altamira. Para los entendidos, el descubrimiento es sumamente interesante por lo raro que resulta hallar huellas humanas de tal antigüedad y la escasez de cuevas que las conservan. La gruta tiene 300 metros de galerías en dos niveles, con salas de estalactitas y estalagmitas de casi 3 m de altura y otros espacios de difícil tránsito.

Del periodo Asturiense, cultura pospaleolítica así bautizada por el conde de la Vega del Sella, destacan las cuevas de El Penicial en Nueva y La Riera en Bricia, así como las manifestaciones características de esta etapa: los concheros, grandes acumulaciones de conchas u otros restos alimenticios en las entradas de las cuevas. Cerca de ellos es frecuente hallar el llamado pico asturiense, tosco utensilio de cuarcita provisto de aguda punta que servía para recolectar los moluscos de las rocas y provocar la rotura de sus caparazones.

El Neolítico, o edad de piedra pulimentada, donde hacen su aparición la ganadería y la agricultura, aporta otras novedades, como las cerámicas, los túmulos (enterramientos) de la sierra plana de La Borbolla, y, en un peñasco prominente del extremo noroccidental de la misma, muy cercano a Puertas de Vidiago, el famoso Ídolo de Peña Tú, declarado Monumento Nacional en 1924, única muestra del Norte de España en pinturas y grabados prehistóricos en el exterior. Se trata de un gran bloque de piedra caliza esculpido por la erosión sobre el que se grabaron y pintaron esquemáticamente de rojo, hoy muy desvaído, un extraño individuo, quizás un hombre notable, y, a su izquierda, un puñal o espada corta. A esta composición principal se suma, en el mismo color, primeramente, un grupo de antropomorfos, uno de los cuales, el más extremo, porta un bastón; luego, series de puntos y, por último, unas cabras. El conjunto de Peña Tú, fechado en torno al año 1500 antes de Cristo, es un monumento de probable carácter funerario. Una verja protege esta estación rupestre, visitable todos los días del año, a la que se llega tras una marcha de unos 25 minutos por un camino ascendente desde la carretera general.

Ocupado en época romana por la tribu cántabra de los orgenomescos, en territorio llanisco no se ha localizado castro o pueblo fortificado alguno, ni ningún otro vestigio de interés correspondiente al periodo de la conquista llevada a cabo por los romanos entre el 27 y el 19 antes de Cristo. Sin embargo, la romanización local ha legado testimonios epigráficos en la lápida dedicada a los dioses Manes, hallada en Lledías, y la estela de Acuana, descubierta en Torrevega, ambas alusivas a los orgenomescos. Una vez conquistado el territorio asturiano de los cántabros, Llanes pasó a pertenecer, administrativamente, al Conventus Cluniense, con capital en Clunia, hoy Coruña del Conde en Burgos.

La Edad Media es un periodo insuficientemente conocido en estas tierras, dada la escasez de fuentes escritas. Desde el s. XI y hasta el siglo XIII, el concejo de Llanes formaba el llamado territorio de Aguilar; con centro administrativo y militar en el castillo de Soberrón, documentado ya en el año 1032, abarcaba, de este a oeste, los valles de Pendueles, Mijares, Celorio, Valdellera (Posada), San Jorge y Ardisana. En el siglo XII se levantaron dos monasterios benedictinos: San Salvador de Celorio y el de San Antolín de Bedón, el primero fundado a principios de esa centuria por Alfonso Suárez y doña Cristilde, matrimonio perteneciente a la pequeña nobleza local, mientras el nacimiento del segundo, del que ya se tienen noticias en dicho siglo, está poco claro al haber sufrido la pérdida de su documentación. Ambos monasterios, aparte de la consabida función religiosa, desarrollaron una importante labor colonizadora y repobladora al poner en explotación sus propiedades agrarias.

Pero de mayor relevancia aún fue la fundación de la villa de Llanes, sobre un lugar no habitado anteriormente, a la que, tal vez en 1228, el rey leonés Alfonso IX (1188-1230) le otorga una carta de población o carta puebla; no obstante, la populatione de Llanes aparece citada ya en un texto del año 1225. Hacia 1270, Alfonso X (1252-1284) aumenta sus derechos con la concesión del Fuero de Benavente, confirmado definitivamente en 1333 por Alfonso XI. Ya en esos momentos hacía gala de su condición de centro comercial del oriente asturiano y activo puerto pesquero. Enseguida contó con muralla; un gran iglesia, intramuros: la parroquial de Santa María de Concejo de Llanes; el hospital de peregrinos de San Roque, fundación benéfico-asistencial, fuera del recinto amurallado; así como varios mercados. Sin embargo, el progreso de Llanes lo sostuvo su puerto, siendo la pesca y el comercio marítimo, favorecido por la ruta costera del Camino de Santiago, actividades claves en el crecimiento económico de Llanes. El puerto llanisco fue beneficiado, en 1338, con la concesión de un alfolí o almacén de sal.

El concejo y la capital no pudieron sustraerse de modo alguno a las disputas dinásticas y señoriales acaecidas durante la Baja Edad Media (s. XIII y XIV). Contraviniéndose con ello el Fuero municipal, Llanes hubo de pasar a formar parte del señorío jurisdiccional de Rodrigo Álvarez de las Asturias, señor de Noreña, como premio a su fidelidad real. Una vez fallecido éste, lo heredará Enrique de Trastámara. Más tarde, a partir de 1440 se hacen con él los Quiñones, por donación de Juan II de Castilla, hasta que los Reyes Católicos lo incorporan a la Corona y le confirman su fuero en 1481.

En las postrimerías del siglo XV la actividad comercial parece estar restablecida. La época dorada se da en el siglo XVI; hay una especialización en la caza de la ballena, desplazándose los pesqueros llaniscos con frecuencia a los caladeros del Gran Sol. La villa de Llanes, que había sufrido dos importantes incendios, uno en 1480 y otro en 1509, recibió, en 1517 y con las secuelas aún visibles del último de ellos, la visita del rey Carlos I, tras desembarcar en Villaviciosa, en lo que suponía su primer encuentro con España, y de camino a Castilla por el puerto de la Palombera, en Cantabria.

Los historiadores José Ramón Martínez Rivas, Rogelio García Carbajosa y Secundino Estrada Luis, en su riguroso estudio sobre la participación asturiana en el descubrimiento, conquista y colonización de América (1492-1599), aportan datos novedosos acerca de la emigración llanisca al Nuevo Continente en ese periodo. Entre la emigración y el desarrollo existe una relación directa; el desequilibrio que se da en Asturias entre el número de habitantes y los recursos durante el siglo XVI se resolvió con la marcha a Madrid, Sevilla, América, etc., constante que no desaparecerá en los siglos venideros. Aunque existe otro tipo de causas, como las espirituales, el deseo de fama y aventura o cierta curiosidad, es el factor económico el que explica el proceso emigratorio. De los aproximadamente 1.115 asturianos que se embarcaron en la empresa americana, que cruzaron, por una u otra causa, el Atlántico entre 1493 y 1599, huyendo de una tierra pobre (Asturias: las Indias de España), que no ofrece nada, en su afanosa búsqueda por mejorar la propia condición social, unas 41 personas eran de Llanes. Su villa y las del resto de la costa asturiana —y sobre todas ellas, la de Avilés—, con la aportación de unos 427 emigrantes (un 38,2% del total), ponen de manifiesto las importantes diferencias existentes entre la marina y los valles del interior. Las zonas del interior, salvo excepciones, y de montaña son más pobres, proporcionan menos emigrantes; no se tiene dinero ni para pagar el billete a América.

«En el siglo XVII —afirma Ramón Sordo Sotres— entra en decadencia la pesca de las ballenas y con ello el puerto de Llanes ve disminuir su capacidad económica, aunque dada su situación estratégica la villa no pierde su papel central en la comarca, status favorecido por la llegada del ferrocarril en 1905».

La guerra de la Independencia tuvo desgraciadas consecuencias para el concejo, donde se libró el 25 de enero de 1810 la importante batalla del río Purón, que supuso la rotura de la línea defensiva asturiana en él establecida por el general Llano Ponte, con la consiguiente ocupación del oriente y centro de Asturias por las tropas napoleónicas, responsables de distintos abusos perpetrados en el municipio. En el trienio liberal, efímero paréntesis constitucional entre 1820 y 1823 durante el absolutista reinado de Fernando VII, varias parroquias del concejo —San Antolín de Naves, San Jorge de Nueva y San Pedro de Vibaño— formaron ayuntamientos independientes. En el transcurso de las guerras carlistas, algunas partidas de éstos irrumpieron en la villa de Llanes.

Estalló la guerra civil en 1936 y las brigadas navarras penetraron en el concejo y tomaron Llanes el 5 de septiembre de 1937, año en que «se libraron importantes batallas en las cumbres del monte llanisco pues contra toda lógica militar la plana mayor del bando nacional ordenó a sus brigadas navarras el avance por lo más enriscado. Finalmente, las tropas republicanas fueron derrotadas y el concejo, mayoritariamente de derechas, quedó en manos de Franco» (Ramón Sordo Sotres), distinguiéndose en la oposición contra el impuesto régimen Horacio Fernández Inguanzo, el Paisano, natural de Llanes, maestro de profesión, miembro del Partido Comunista de España desde 1936 y diputado nacional por Asturias.

 

Hombres ilustres

Muchas han sido las personas, naturales o asentadas en el concejo, sobresalientes en los campos de la política, la milicia, o las artes y las letras, entre las que conviene acordarse de:

 

Juan de Llanes. En la emigración llanisca a Ultramar, aunque no significativa a cuanto a número, merece la pena detenerse, en esta ocasión extensamente, para dar a conocer los grandes méritos, en gran medida desvelados por el anteriormente citado trabajo de los historiadores J. R. Martínez Rivas, S. Estrada Luis y R. García Carbajosa, de este explorador y conquistador nacido en la capital del concejo, quien durante la primera mitad del siglo XVI tomó parte en diversos y trascendentales descubrimientos como el haber navegado por todo el Amazonas en compañía del capitán Francisco de Orellana, siendo de los primeros en cruzar todo el continente sudamericano por su parte más ancha. Como otros muchos españoles, Juan de Llanes emigró al Nuevo Mundo en busca de aventuras, fáciles riquezas y fama. Como él mismo declara en la información de servicios que presentó al rey para conseguir mercedes, pasó al Perú hacia el año 1534, poco después de que Francisco Pizarro entrase en Cajamarca. Al poco de llegar, el llanisco partió con el capitán Gonzalo de Olmos al reino de Quito para someter a los indígenas del golfo de Carazque que meses atrás habían arrasado la localidad de Pueblo Viejo. Sobre estas ruinas, los hombres de Olmos fundaron en 1535 una nueva población que llamaron Villanueva de Pueblo Viejo. En los tres años siguientes Perú se vio alterado por la rebelión masiva de los incas contra el dominio español y por las posteriores rivalidades entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro por el control de la ciudad de Cuzco. Cuando se produjeron estos sucesos, el capitán Gonzalo de Olmos, Juan de Llanes, Francisco de Orellana y los demás componentes de la expedición se hallaban aún en Villanueva de Puerto Viejo. Aunque Juan de Llanes nada dice sobre si tomó parte en estos acontecimientos —en la declaración que hizo omitió algunas de las acciones en que intervino—, creen los historiadores citados anteriormente que debió de participar en ellos ya que, al producirse el levantamiento de los indígenas peruanos, el capitán Olmos salió con sus hombres de Puerto Viejo para socorrer a las ciudades de Lima y Cuzco, sitiadas por miles de incas. Reducidos éstos, Gonzalo de Olmos regresó con su hueste a Puerto Viejo, de donde salió de nuevo para ayudar a Francisco Pizarro contra Diego de Almagro y sus partidarios. Después de la batalla de las Salinas (26 de abril de 1538), donde los almagristas fueron vencidos, Francisco de Pizarro hizo un nuevo reparto de la tierra, nombrando a Francisco de Orellana gobernador de la provincia de la Culata con el encargo expreso de que fundase allí una ciudad. Reuniendo a viejos compañeros de aventuras, como a Juan de Llanes, Francisco de Orellana emprendió la conquista de aquella región situada en torno al golfo de Guayaquil. Aunque el ejército español era bastante reducido, consiguió, no obstante, someter a los belicosos aborígenes que años atrás ya habían destruido por dos veces la ciudad de Guayaquil. El 25 de julio de 1538, el capitán Orellana, en presencia de sus hombres, fundó la nueva ciudad de Santiago de Guayaquil y, acto seguido, repartió los solares entre sus soldados. Poco después, Juan de Llanes entró también a descubrir con dicho capitán la provincia de las Esmeraldas, región ubicada al noroeste de Quito. En todas estas expediciones, el asturiano, como dice el capitán Álvaro de Paz, compañero suyo, «sirvió en el como buen soldado, sin socorro ni ayuda de costa, sino á su propia costa é misión». Concluidas estas empresas, Juan de Llanes se trasladó a Quito, de donde salió a finales de febrero de 1541 para ir con Gonzalo Pizarro a la conquista de los países de la Canela y Eldorado. En el río Napo, entre el Aguarico y el Curaray, el llanisco se embarcó en el bergantín San Pedro, construido semanas antes en la misma selva, y junto con el capitán Orellana y otros hombres se lanzó el 27 de diciembre de 1541 río abajo en busca de vituallas. Atrás quedaron Gonzalo Pizarro y el resto de los españoles e indios. Pero el bergantín nunca regresaría. La fuerte corriente del Napo y luego la del Amazonas se lo impidió, al decir de la mayoría de sus tripulantes. Luego de navegar a lo largo prácticamente de todo el Amazonas en un viaje sin precedentes, Juan de Llanes salió al Atlántico y con los demás supervivientes se dirigió a la isla Margarita, enfrente de las costas venezolanas, desde donde, tras un merecido descanso, regresó a Quito vía Panamá. Meses después, Perú se vio convulsionado por la rebelión de Gonzalo Pizarro contra la promulgación de las Leyes Nuevas, que entre otras cosas prohibían la esclavitud de los indios. Para hacer cumplir estas leyes, Carlos V nombró virrey del Perú a Blasco Núñez Vela, quien en marzo de 1544 desembarcó en Túmbez, donde empezó a reclutar hombres. Tomando partido por la causa realista, Juan de Llanes acompañó al virrey hasta la ciudad de Lima. Pero éste poco pudo hacer frente a la superior fuerza de Gonzalo Pizarro y sus partidarios. Vencido y muerto Núñez Vela en la batalla de Añaquito (18 de enero de 1545), la Corona española envió entonces al licenciado Pedro de la Gasca con plenos poderes para terminar de una vez con la rebelión pizarrista. Nada más conocer que La Gasca venía en nombre del rey a pacificar al Perú, Juan de Llanes fue uno de los soldados que se les unieron y junto a él se dirigió al valle de Jaquijahuana, a 20 km de Cuzco, «donde se dio la batalla al dicho Gonzalo Pizarro por el dicho licenciado Gasca é su gente, donde fué muerto é desbaratado el dicho Gonzalo Pizarro y sus secuaces, é hizo justicia de ellos —recuerda Pedro Domínguez, testigo presencial—, y en dicha batalla se halló en servicio a Su Majestad el dicho Juan de Llanes, é sirvió á su costa y misión con sus armas é caballo, como buen soldado». Restablecida la paz, el asturiano regresó a la ciudad de Quito, de donde salió para ir con el corregidor Antonio de Oznayo a la conquista y pacificación de Lita, Quilca y Caguaqui, pueblos de los términos de aquella ciudad, empresa en la que el llanisco llevó a su costa dos soldados para que sirviesen también en esta campaña. Más tarde, cuando en 1553 se produjo la insurrección de Hernando Girón contra la Audiencia de Lima, Juan de Llanes fue nombrado por el corregidor de Quito jefe de una partida de hombres armados para que pasase al pueblo de Chimbo a defender el paso allí existente. Casado en Quito con una viuda que aportó al matrimonio el repartimiento de indios que tuviera su primer matrimonio, Juan de Llanes se avecindó definitivamente en esta ciudad. En el año 1564 era miembro del Cabildo de Quito, ciudad de la cual fue alcalde ordinario y regidor. «He servido á Vuestra Alteza en otras cosas que se han ofrecido de vuestro real servicio con mis armas y caballos y criados —declara el mismo Juan de Llanes en su Información de servicios—, todo á mi costa y misión, donde he gastado mucha suma de pesos de oro sin habérseme dado ninguna cosa de vuestra real hacienda, y sin haber deservido á Vuestra Alteza en ninguna de las cosas acaescidas en este reino contra vuestro real servicio; y hasta agora no he sido remunerado ni gratificado de mis servicios.» Hallándose pobre, viejo y con hijos, el capitán Juan de Llanes —como lo nombra el historiador Toribio de Ortiguera, quien lo conoció en Quito— rindió en septiembre de 1568 una información de sus servicios para que fuesen debidamente gratificados por la Corona. Lo que pedía al rey era que en justicia se le otorgase una pensión de 4.000 pesos anuales. Hacia 1585 aún seguía viviendo en la ciudad de Quito.

Manuel Rubín de Celis, prosista, poeta y traductor de la segunda mitad del s. XVII, autor de numerosos escritos: Égloga pastoril. Lamentos a la muerte de María Lavanat, primera dama del teatro, Madrid 1765; Discursos políticos sobre proverbios castellanos, Madrid 1767; Carta histórico-médica sobre la inoculación de las viruelas, Madrid, 1773, etc., y traducciones del francés.

El doctor en Teología Pedro de Inguanzo y Rivero (La Herrería, Llanes 1764-Toledo, 1836), cardenal, arzobispo primado de España, diputado asturiano electo para las Cortes de Cádiz, académico de la Real de la Historia y consejero de Estado, extraordinario orador parlamentario y polemista, de vasta cultura teológica y humanística, con obras como El dominio sagrado de la Iglesia en sus bienes temporales (2 tomos, Salamanca, 1820), o la Pastoral al clero y pueblo de la Diócesis de Toledo contra las malas doctrinas y costumbres, Toledo, 1825.

El controvertido político José Posada Herrera (Llanes, 1814-1885), abogado y profesor de Economía Política en la Universidad ovetense, fundador del partido Unión Liberal y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas; nombrado ministro de la Gobernación en dos ocasiones, «no había otros triunfos electorales sino los previamente dispuestos por él desde el Ministerio de la Gobernación, al habla y mediante acuerdo con los gobernadores y otras autoridades provinciales, por lo que se le denominaba El Gran Elector» (Constantino Suárez); después de la revolución de 1868, fue embajador en El Vaticano, presidente del Congreso y del Consejo de Ministros; publicó Lecciones de Administración, Estudios sobre Beneficencia pública, Relaciones de la Legislación con la Política, etc.

Un hombre de letras, Gumersindo Laverde Ruiz (1835-1890), catedrático y escritor, a quien el profesor José María Martínez Cachero llama «Asturiano de las dos Asturias, la de Santillana y la de Covadonga»; aunque nació en Estrada, un pequeño pueblo de Val de San Vicente, en Cantabria, se trasladó siendo muy niño a la localidad llanisca de Nueva; luego, estudió Derecho y Filosofía y Letras, fue catedrático de Retórica y explicó Literatura Latina y Española en las Universidades de Valladolid y Santiago; el autor de Ensayos críticos sobre filosofía, literatura e instrucción pública españolas (1868) demostró su asturianismo no sólo en sus poesías, sino en trabajos suyos, como el ensayo acerca de la creación de una «Academia Asturiana».

Ángel de la Moría, seudónimo de Ángel García Peláez (Barrio de La Moría, Llanes, 1858-Llanes, 1895), sacerdote y a la vez el poeta más popular y representativo del bable oriental, quien con 16 años emigra a México, donde se convierte en ministro de Dios; vuelto a su villa natal con 33 años, ejerce el sacerdocio y colabora en El Oriente de Asturias, además de crear y dirigir el periódico La ley de Dios; dio a la imprenta las obras siguientes: El Pozu del Alloral, A teya vana y Recuerdos gratos.

Pepín de Pría (La Pesa, Pría, Llanes, 1864-Nueva, Llanes, 1928), sobrenombre de José Antonio García Peláez, quien, con estudios de Magisterio, tuvo varios empleos, pero ante todo fue poeta en bable, enriqueciéndolo «con numerosas obras, singularmente con Nel y Flor y La Fonte del Cay […] Estos dos poemas, junto con algunos otros, son unánimemente reputados por los críticos como los más representativos de la lírica de Asturias en el lenguaje vernáculo» (Elviro Martínez).

Amable González Abín (Nueva, Llanes, 1862 – — Piñera de Pría, Llanes, 1911), escritor emigrante a Cuba, en cuya guerra de la Independencia participó, de 1881 a 1887; a su regreso estudia Filosofía y Letras y se vuelca en la docencia y el periodismo; escribió en castellano y bable (Jueyines del mio güertín).

Un adelantado de la fotografía, Cándido García (1869-1925), vallisoletano de nacimiento, aunque residente en Llanes desde que tenía un año de edad.

El también fotógrafo Nicolás Muller (Orosháza, 1913 – Andrín, 3 de enero de 2000), uno de los precursores de la fotografía social, artista universal y llanisco de adopción, nacido en Orosháza —una aldea de Hungría—, cuyo padre era abogado de profesión y presidente de la comunidad judía de la localidad; en 1935-36 se doctora en Derecho y Ciencias Políticas, pero prefiere dedicarse a la fotografía y forma parte del grupo «Descubridores de aldeas»; en 1938 se expatria y se traslada a París, donde vive dos años, colabora con revistas como Regards, France Magazine y Match, y establece contacto con algunos de los grandes maestros de la fotografía; al estallar la 2ª Guerra Mundial viaja a Portugal, desplazándose posteriormente a Tánger; abandona Marruecos en 1947 cuando la Revista de Occidente le invita a celebrar una exposición en Madrid; a partir de esa fecha se afinca en España, empieza a colaborar en la citada revista y abre su propio estudio; en 1947 llegó de la mano de un amigo, el escritor y filósofo Fernando Vela, a Asturias, volviendo desde entonces a Llanes todos los años hasta que, en 1968, construye su casa en Andrín, donde vivió hasta su fallecimiento; el descubrimiento, el 30 de marzo de 2000, de una placa en su memoria junto al chalé que habitó sirvió de prólogo a la apertura, ese mismo día, y hasta el 26 de abril de ese mismo año, de la exposición antológica «Nicolás Muller. Fotografías de una vida», una amplia visión de la obra de Muller, imágenes de Hungría, Portugal, Marruecos y España captadas por el hombre que, en palabras de Ortega y Gasset, «domesticó a la luz».

Ricardo Duque de Estrada, conde de la Vega del Sella (Pamplona, 1870-Nueva, Llanes, 1941), del que interesa, sobre todo, su condición de arqueólogo y naturalista, desarrollando una intensa labor investigadora del más alto nivel, lo que permitió el descubrimiento y exploración de numerosas cuevas del concejo habitadas por gentes paleolíticas y pospaleolíticas; en este campo trabajaron con él estudiosos tan reputados como H. Obermaier, H. Breuil, P. Wernet o E. Hernández Pacheco.

El militar Manuel Díez-Alegría y Gutiérrez (Buelna, Llanes, 1905-1987), jefe del Alto Mayor del Ejército entre 1970 y 1974, embajador de España en El Cairo desde 1976 a 1978 y miembro de número de la Real Academia Española por elección celebrada en enero de 1979.

El poeta Celso Amieva (1911-Moscú, 1988), seudónimo de José María Álvarez Posada, nacido accidentalmente en la localidad cántabra de Puente Sanmiguel, donde su progenitor era maestro, profesión ejercida luego por él mismo; el desenlace de la guerra civil le obligó a pasar a Francia en el año 1939; posteriormente se fue a México, donde trabajó como profesor de castellano, traductor de poemas franceses y colaborador de numerosas publicaciones de toda América, siendo condecorado en 1959 con la Medalla Artística de la Revolución Mexicana por el guión de la película Pueblo en armas; a partir de 1969 fijó su residencia en la URSS, cuyo Soviet Supremo le premió en 1985 con la Orden de la Amistad de los Pueblos; una Antología poética suya, con selección hecha por el vate llanisco Pablo Ardisana, la editó el Principado de Asturias a través de su Servicio de Publicaciones en el año 1985.

José Purón Sotres (Andrín, Llanes, 1912-Llanes, 1987), pintor distinguido con varios premios a lo largo de su carrera, quien se trasladó a Madrid para cursar sus estudios becado por la Diputación de Asturias, para más tarde viajar con beca a Italia y, luego, a Francia; «en su pintura destacan las obras de los años cuarenta, con limpios paisajes de fluida factura y composiciones figurativas, como la Adoración de los pastores (pintada para el Hospicio de Oviedo y rechazada al no haber sido comprendido su realismo), escenas costumbristas y algún autorretrato, en los que evidencia la influencia de sus maestros Eduardo Chicharro y José Ramón Zaragoza» (Javier Barón Thaidigsmann); en 1988, la villa de Llanes, a la que había donado su fondo pictórico, le nombró, a título póstumo, Hijo Predilecto.

Emilio Pola (Llanes, 1915-1967), poeta y escritor, quien obtuvo el Premio Nacional de Poesía, convocado entonces por la revista Blanco y Negro, por su obra La palabra del bosque; notable bablista y experto en toponimia, colaborador de El Oriente de Asturias, miembro del Instituto de Estudios Asturianos (IDEA), dejó una importante obra: Apuntes sobre el bable. Del lución, El Pericote, La sufijación en el bable oriental, El muy noble gremio de mareantes de Llanes, etc.

Javier Ruisánchez, pintor, artífice de la teoría sobre la perspectiva llamada ilustrismo.

Pablo Ardisana, poeta en bable y castellano, nacido en Hontoria (Llanes) en 1940 y licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, quien tiene impresos varios poemarios: Única Geografía, Armonía d’anxélica sirena, Azul mirar d’amor…; es autor, también de una antología poética sobre el llanisco Celso Amieva.

Martín López Vega, poeta y escritor, Premio Asturias Joven de Poesía.

También hay que hacer referencia a algunos de los muchos potentados indianos naturales de Llanes que llevaron a cabo una importante tarea filantrópica dentro del concejo: Francisco Mendoza Cortina (1815-1880); Faustino Sobrino Díaz (1827-1900); el primer marqués de Argüelles, Ramón Argüelles Alonso (1832-1900); Manuel Romano Gavito (1833-1909) o Manuel Cue Fernández (1834-1899), fundador del Colegio de La Arquera en la villa de Llanes.

Un residente veraniego habitual, el director de cine asturiano Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934), con Aoom, Al diablo con amor, Epílogo, Parranda, Remando al viento, Mi nombre es sombra o El portero, cintas representativas de una arriesgada y controvertida trayectoria cinematográfica, es clave en el boom de Llanes como escenario predilecto de muchos realizadores de cine, televisión o publicidad.

Otro cineasta muy vinculado a Asturias, José Luis Garci (Madrid, 1944), hijo de gijonés, ganador en 1982 de un Óscar al mejor filme extranjero por Volver a empezar, rozó el mentado galardón con El abuelo (1998), basada en la obra homónima de Benito Pérez Galdós, parte de cuyas escenas ha rodado en cautivadores espacios del concejo; con You’re the one (Una Historia de entonces), una historia en blanco y negro «de tristezas mudas, silencios elocuentes y vidas en un hilo» (Tino Pertierra) estrenada en octubre de 2000, ha vuelto a los escenarios naturales llaniscos, dejándose ver sus espectaculares playas —que son la imagen del cartel de la película— y Purón.

 

Patrimonio en Llanes

Tanto su concejo como su villa tienen un patrimonio artístico extensísimo, en iglesias, casonas, palacios, o casas. Entre las que destacaremos.

El palacio del conde de la Vega del Sella, del siglo XVIII. Es una cuidada residencia barroca, hoy alberga un museo privado sobre las excavaciones realizadas por don Ricardo duque de Estrada. Se organiza entorno a un patio central. Es Monumento Histórico Artístico.

El torrexón de los Posada, ejemplo de la arquitectura civil tardomedieval. Edificio de planta rectangular y dos pisos. Construido en aparejo de mampostería, salvo en las esquinas y ventanas que está reforzado con sillares.

La iglesia de San Salvador, de la que sólo quedan restos de dos fases constructivas de los siglos XII y XIII, una es una torre y una sencilla puerta a los pies. La torre es de tres plantas de carácter hermético, los diferentes pisos están marcados por líneas de impostas. Cada tramo tiene un sistema de luces según su función, cuatro saeteras para los dos primeros niveles que cobijan la escalera y en el superior grandes vanos de medio punto sobre impostas. El ingreso a la torre se hace a través de la sacristía que pertenece a un templo completamente renovado en los siglos XVII y XVIII. La portada occidental es un elemento del primitivo templo, del románico tardío. Su estructura es un arco ligeramente apuntado sobre una imposta lisa y con jambas desornamentadas, con un guardapolvo con molduras de zig-zag sobre la rosca del arco y el guardapolvo. Llama la atención la sobriedad de la entrada, que más parece un diseño para una entrada secundaria.

El palacio de los duque de Estrada del siglo XVII, palacio barroco de grandes dimensiones, tiene dos torres cuadradas en los extremos de la fachada principal. Está en ruina desde el incendio de 1809. Del edificio destaca un espléndido pórtico oriental de excelente cantería abierta a dos niveles de arquerías sobre pilares.

El convento de las monjas agustinas, hoy hotel. Se conserva su sencilla fachada de la portería y el frontis monumentalizado de acceso al templo. La capilla es el actual comedor, y es de nave única dividida en cuatro tramos alineados. El presbiterio es cuadrado y abovedado en arista. En su articulación interna encontramos arcos semicirculares, pilastras toscanas y entablamento con pirámides.

El monumento dedicado a Egidio Gavito Bustamante, alcalde y benefactor de Poo. Situado en uno de los extremos de la plazoleta de la iglesia de San Vicente. Es una plataforma en hemiciclo y en el centro un pedestal cúbico sobre base escalonada donde se erige la estatua. Es una imagen que contempla el acontecer del pueblo, está en una postura descuidada muy realista con un tratamiento casi fotográfico del detalle.

El palacete de Sinforiano Dosal, antigua vivienda del conde de Santa Engracia y su familia, construido por Miguel de la Guardia en 1909. Es de estilo ecléctico cosmopolita. El edificio son dos cuerpos rectangulares y paralelos. El alzado está marcado por dos pisos y cinco calles, la central se destaca por su cuerpo donde se vertebran buhardilla y balcón acristalado formando un porche con apeo en columnas terciadas.

La casa de los Leones, villa Flora, es de 1906, del indiano Manuel García de estilo ecléctico cosmopolita. Su estructura es de volumen único, sótano, dos alturas y tres buhardillas que están articuladas en tres de las cuatro caras del edificio. Emplea gran variedad de materiales que la proporciona un cromatismo estimable.

La Rula de 1935 realizada por J. Ortiz. Su volumen está escalonado en sección poligonal y rotonda unidos por escalera.

La sociedad Casino Teatro es del arquitecto Juan Álvarez Mendoza. Su estructura es cúbica, asentada sobre un amplio zócalo y abierto a la calle por tres grandes arcos. La fachada está franqueada por dos torres que delimitan la terraza oculta por el antepecho. Es una obra desmesurada y está declarada Monumento Histórico Artístico.

 

Fiestas en Llanes

Su calendario festivo es muy rico, con costumbres y tradiciones ancestrales, destacando:

En Cue el 24 de junio es la fiesta Sacramental, donde las calles se adornan con dibujos florales y con una gran descarga de voladores.

En la villa el 24 de junio la fiesta de Santa Maria Magdalena. Esta fiesta está declarada de Interés Turístico Regional, cuya flor distintiva es el clavel, en la víspera se quema un tronco de eucalipto pelado en la plazoleta de la Santa. El día 16 de agosto en la villa la fiesta de San Roque con un gran festival folclórico.

En Barro por San Roquín que es la víspera, se enciende una fogata y en torno a ella las gentes bailan.

En agosto en Porrúa, hay un mercado medieval con personas, con exposición y venta de productos tradicionales y de artesanía, también hay un desfile de seres de la mitología asturiana.

En septiembre, está la Virgen de la Guía, el día 8 esta declarada de Interés Turístico, con procesión nocturna la víspera en la que las mujeres lucen nardos y mantilla española.

Otras fiestas a destacar son: El Cristo en La Portiella, El Carmen en Celorio, Santa Ana en Naves, San Acislo en Pendueles, Nuestra Señora de Agostu en Andrín, San Juan en Balmori y en Cue, Santa Marina en Parres, El Ángel en El Mazucu y un larguísimo etc.

 

Naturaleza en Llanes

Paisaje Protegido de la Sierra del Cuera

  • Estado legal: Sin declarar
  • Superficie: 149.94 km2
  • Localización: Concejos de Cabrales, Llanes, Peñamellera Alta, Peñamellera Baja, Ribadedeva
  • Accesos: Por la Carretera Nacional N‐634 de Ribadesella a Llanes o por la Regional AS‐114 de Cangas de Onís a Panes
  • Vegetación representativa: Encinares y hayedos
  • Fauna representativa: Buitre. Corzo. Jabalí
  • Otras figuras de protección: Declarado parcialmente Lugar de Importancia Comunitaria del Río Purón

El Paisaje Protegido de la Sierra del Cuera se sitúa en el extremo oriental de la región, formando un cordal litoral de casi 40 km de longitud que se inicia en el Sella y prosigue a escasa distancia del mar hasta el final de la región en el Deva. Del Paisaje Protegido ha quedado excluido el sector occidental de la sierra, entre el río Bedón y el Sella.

El Cuera hace de límite entre los concejos situados al norte, Llanes y Ribadedeva, y los situados al sur, Cabrales, Peñamellera Alta y Peñamellera Baja. Todo su perímetro es recorrido por carreteras de cierta importancia: al norte la N‐634, que recorre la rasa llanisca, y al sur la Regional AS‐114, que recorre el valle del Cares por el surco prelitoral.

La sierra del Cuera constituye sin duda el elemento que en mayor medida contribuye a definir el paisaje y organizar el espacio del extremo oriental de Asturias. Se trata de una barrera montañosa situada a apenas seis kilómetros de la costa, lo que reduce sustancialmente las rasas costeras y limita el poblamiento del litoral. Su carácter infranqueable delimita dos espacios geográficos que han tenido diferente evolución histórica y social: la marina llanisca y lo que se ha denominado el trascuera, cuya única relación posible ha sido durante siglos a través de los pastores que compartían el uso de los altos pastos calcícolas.

El núcleo central de la Sierra del Cuera está formado por calizas paleozoicas sometidas a un modelado kárstico muy intenso. La plataforma superior del Cuera es un mosaico de lapiaces, dolinas, uvalas, poljés, valles ciegos, simas y un sinfín de formas kársticas que a veces hace imposible una andadura de ademanes naturales. Sólo en las partes bajas de ambas vertientes aparecen algunas áreas cuarcíticas, más importantes en la vertiente septentrional, donde se prolongan en las anchas sierras planas de la rasa.

El único poblamiento reseñable se sitúa sobre la vertiente meridional, menos abrupta. Al norte, la pendiente del cordal no permite localizar caserío alguno y la población se concentra casi por completo sobre las rasas costeras. Sólo la aldea de El Mazucu se atreve a asomarse a las primeras estribaciones siguiendo la hendidura de La Tornería.

 

Geología

La Sierra del Cuera es una barrera montañosa situada apenas a cuatro kilómetros de la costa, lo que reduce sustancialmente las rasas costeras y limita el poblamiento del litoral. Su carácter infranqueable delimita dos espacios geográficos: la marina llanisca y lo que se ha denominado el trascuera, cuya única relación posible ha sido durante siglos a través de los pastores que compartían el uso de los altos pastos calcícolas.

Dentro de la Zona Cantábrica, se define una unidad denominada Unidad del Cuera. Se encuentran en esta unidad un amplio espectro cronoestratigráfico que va desde Paleozoico hasta el Cuaternario. Así, diversos tipos de calizas conforman el núcleo central de la Sierra del Cuera, de edades desde el Cámbrico al Carbonífero (Formaciones Láncara, Griotte, Caliza de Montaña, etc.), sometidas a un modelado cárstico muy intenso. La plataforma superior del Cuera es un mosaico de lapiaces, dolinas, uvalas, poljés, valles ciegos, simas y un sinfín de formas cársticas. Sólo en las partes bajas de ambas vertientes aparecen algunas áreas cuarcíticas de edad Ordovícias (Formación Barrios) más importantes en la vertiente septentrional, donde se prolongan en las anchas sierras planas de la rasa.

Es destacable los materiales cuaternarios; turberas, rellenos arcillosos de dolinas, coluviones, etc. que dan terminación superficial al modelado del relieve calcáreo y que junto con la morfología de las rasas de antiguas plataformas marinas de abrasión, consecuencia del levantamiento general de la costa, han quedado elevadas a unos 260 m.s.n.m., caracterizan al conjunto.

El único poblamiento reseñable se sitúa sobre la vertiente meridional, menos abrupta. Al norte, la pendiente del cordal no permite localizar caserío alguno y la población se concentra casi por completo sobre las rasas costeras. Sólo la aldea de El Mazuco se atreve a asomarse a las primeras estribaciones siguiendo la hendidura de La Tornería.

 

La vida vegetal

A primera vista, desde la rasa costera llanisca el Cuera aparenta ser una muralla de blancas calizas desprovistas de vegetación. La fuerte pendiente de la vertiente septentrional, la intensidad del pastoreo y los reiterados incendios han terminado por desvestir el roquedo de cualquier tipo de cubierta vegetal. Sólo a retazos pueden observarse densos matorrales de aulaga (Genista hispanica subsp. occidentalis) y algunas avellanedas. El arranque de la ladera está ocupado en muchos puntos por un castañedo secular que debió ser en tiempos muy productivo, pero que actualmente se encuentra envejecido y en progresiva decadencia, probablemente debido a las enfermedades fúngicas propias de un microclima extremadamente húmedo.

Sin embargo, rebasada la primera línea de cumbres el Cuera se abre a estrechos valles, ciegos en muchas ocasiones, que albergan un sinfín de praderas y brañas orladas de fresnos, arces y espineras. El valle más ancho y productivo desde el punto de vista ganadero es sin duda la Llosa de Viango que constituye probablemente uno de los mayores poljés de la región, una enorme cubeta en la que se han acumulado los residuos arcillosos insolubles procedentes de la caliza previamente disuelta, dando lugar a una llanura de difícil drenaje y fácilmente inundable.

En las laderas por encima de la Llosa de Viango y casi hasta la cumbre más alta de la Sierra, el Pico Turbina, se sitúa la masa boscosa más extensa de la sierra: un hayedo eútrofo orientado al norte, que recoge las frecuentes nieblas que impelidas desde el océano no logran rebasar el cordal.

Hacia la vertiente meridional el relieve se suaviza y brañas y prados alternan con áreas de matorral, bosques de encina (Quercus ilex) y en las áreas más bajas, de litologías silíceas algunos retazos de carbayedas oligótrofas y rebollares.

 

La vida animal

Entre la flora protegida debe destacarse, además de la ya mencionada encina (Quercus ilex), el helecho macho asturiano (Dryopteris corleyi), que crece en algunas áreas de brezal sobre sierras silíceas al pie de la vertiente septentrional del Cuera, y el helecho de los colchoneros (Culcita macrocarpa) también presente en este espacio.

La fauna de mayor interés observable en el Cuera es sin duda la correspondiente a los diferentes grupos de rapaces diurnas como el azor (Accipiter gentilis), el halcón peregrino (Falco peregrinus) o el buitre común (Gyps fulvus) que son moradores habituales del área. Tampoco es rara la presencia de alimoche (Neophron percnopterus) o águila real (Aquila chrysaetos), nidificantes en la zona o procedentes de las vecinas estribaciones de los Picos de Europa.

Entre los mamíferos destaca la presencia de ungulados de interés cinegético como el jabalí (Sus scrofa) y el corzo (Capreolus capreolus), y del polémico lobo (Canis lupus) que se ha asentado en el Cuera en los últimos años.

Por último destaca la presencia entre los invertebrados de interés de la babosa moteada (Geomalacus maculosus).

Paisaje Protegido de la Costa Oriental.

  • Estado legal: Sin declarar
  • Superficie: 46.66 km2
  • Localización: Concejos de Llanes y Ribadedeva
  • Accesos: Por la N-634 que es su límite meridional
  • Vegetación representativa: Comunidades de acantilados. Encinares y Acebuchales
  • Fauna representativa: Aves marinas, principalmente paíño europeo
  • Otras figuras de protección: Incluido parcialmente en el Lugar de Importancia Comunitaria de Ría de Ribadesella – Ría de Tinamayor, en el Lugar de Importancia Comunitaria del Río Purón y en la Zona de Especial Protección para las Aves Ría de Ribadesella – Ría de Tinamayor.
  • Incluye los Monumentos Naturales de Bufones de Arenillas, Playa de Gulpiyuri, Bufón de Santiuste y Playa de Cobijeru

El Paisaje Protegido de la costa oriental constituye una estrecha franja de territorio, de unos 30 km de longitud y de 1 a 4 km de anchura, que abarca la totalidad del litoral del concejo de Ribadedeva y la mayor parte de las costas del concejo de Llanes. Su límite occidental se sitúa en el valle del Río de Nueva (Llanes), extendiéndose hacia oriente hasta la ría de Tinamayor, lindando con la provincia de Cantabria. Su límite meridional se ha situado en el trazado de la N-634 y el septentrional en la línea de costa, incluyendo los numerosos islotes que la jalonan.

El paisaje actual de la costa oriental aparece condicionado por dos variables principales: la multitud de niveles de arrasamiento marino, rasas, y la coexistencia de dos tipos de roquedo de diferentes características, cuarcitas y calizas.

Las rasas constituyen amplias planicies resultado de la abrasión marina, en periodos geológicos de subida del nivel del mar, y posteriormente emergidas. Dichas planicies se escalonan sucesivamente desde el mar a las estribaciones de la Sierra del Cuera, pudiendo reconocerse hasta seis niveles, el último de ellos a una cota de 300 m. Posteriormente los agentes erosivos han actuado de forma diferencial sobre el roquedo emergido. Las plataformas cuarcíticas han conservado su original forma llana y destacan elevadas en el paisaje, formando lo que se denomina localmente sierras planas o cuestas.

Al contrario, el roquedo calizo ha sufrido procesos de disolución kárstica, dando lugar a un sinfín de formas de relieve que confieren al área una singular belleza. El paisaje de las áreas calizas se organiza en un complejo mosaico de cuetos y dolinas. Los primeros son promontorios calcáreos destacados en el relieve y apenas sin suelo. Las segundas son el resultado del hundimiento de las numerosas cavidades abiertas en el roquedo por una red de drenaje subterránea que suple la ausencia de ríos de importancia.

En la línea de costa, la captura por el mar de las formas kársticas da lugar a un litoral de extraordinaria complejidad morfológica. Los cuetos capturados por el mar se convierten en una multitud de islotes, castros y tómbolos cercanos a la costa.

La captura de las dolinas da lugar a playas como la de Toró o bahías como la de Niembro. Otras permanecen en un estado de semicaptura y el mar penetra en ellas, por simas subterráneas, para dar lugar a playas de tierra adentro como las de Gulpiyuri o Cobijero. La captura de las redes de drenaje subterráneo da lugar a un sinfín de simas marinas, a veces conectadas al continente por chimeneas verticales por las que, durante los temporales, el mar penetra para formar auténticos surtidores que pueden elevarse hasta veinte metros de altura, los bufones.

En la franja litoral descrita se sitúa como núcleo de población más relevante la villa marinera de Llanes, capital del concejo del mismo nombre. El resto de núcleos urbanos de la zona: la capital de Ribadedeva (Colombres), la villa de Posada o Nueva se sitúan al sur de la Carretera N-634 y quedan por tanto fuera del ámbito del Paisaje Protegido, que presenta un poblamiento disperso y salpicado de pequeñas aldeas de vocación agraria.

La belleza del litoral oriental hace que se haya convertido en uno de los principales focos de atracción turística del Principado de Asturias. La declaración del Paisaje Protegido pretende, por ello, regular los usos turísticos y urbanísticos de forma que se desarrollen de modo compatible con la protección de los valores paisajísticos.

Más información sobre el Paisaje Protegido de la Costa Oriental

 

Geología

Estructuralmente esta zona se sitúa en el borde del Macizo Asturiano y representa la zona más externa del macizo Hespérico. En ellas destaca la alternancia de dos tipos de rocas sedimentarias de edad paleozoica: las calizas del Carbonífero (coloración gris) y las cuarcitas del Ordovícico (colores amarillo pálido y blanquecino).

El resultado final del paisaje de la costa oriental presenta una marcada dualidad: por una parte, las cuarcitas conservan sus formas de abrasión de origen marino y aparecen en forma de sierras planas, mientras que las calizas, por otra, han adoptado nuevas formas vinculadas a su capacidad para disolverse por acción del agua y aparecen formando dolinas, lapiaces, simas, cuetos, cuevas y otras formaciones, que confieren un aspecto sumamente atractivo y singular al territorio.

Entre las formaciones geomorfológicas más destacables podemos encontrar: playas de costa baja, playas de sierra plana, playas en la desembocadura de ríos, playas de ocupación de dolinas, bufones, tómbolas, castros, dolinas y cuevas, y sierras planas o rasas, estas de origen marino, antiguas plataformas de abrasión, que ahora aparecen elevadas sobre el nivel del mar, debido a las fuerzas tectónicas que controlan los diferentes movimientos de las placas continentales.

 

La vida vegetal

La cubierta vegetal del área incluida en el Paisaje Protegido de la Costa Oriental aparece condicionada por la misma dualidad de sustratos geológicos que define el paisaje. La mayor parte de las sierras planas cuarcíticas debió estar en tiempos ocupada por frondosas carbayedas oligótrofas: bosques de carbayo (Quercus robur) y abedul (Betula pubescens subsp. celtiberica). En las áreas calizas, sin embargo, la vegetación dominante debía ser la de las carbayedas eútrofas: bosques mixtos de carbayo, fresno (Fraxinus excelsior) y arce (Acer pseudoplatanus), entre otras.

El intenso y antiguo uso del territorio ha propiciado la sustitución de los bosques naturales por cultivos y plantaciones forestales. Gran parte de las sierras planas cuarcíticas dieron soporte a plantaciones de pino efectuadas a mediados del siglo XX y en la actualidad aparecen ocupadas por matorrales de tojo y brezo. En las áreas calizas se han instalado prados y cultivos, conservándose retazos de los primitivos bosques en forma de lindes y setos. Las formaciones naturales más valiosas son sin duda los bosques de encina (Quercus ilex), especie catalogada como de interés especial que ocupa cuetos calizos soleados y bien drenados, áreas sin vocación agraria y que por lo tanto han conservado hasta la actualidad sus características naturales

En la línea de costa, las playas son numerosas pero de pequeño tamaño, por lo que no existen arenales capaces de dar soporte a sistemas dunares reseñables. Tampoco existen apenas estuarios, pues el drenaje es principalmente subterráneo y no hay ríos de importancia. La vegetación de marismas se limita a muy pequeñas áreas estuarinas en la Playa de Cobijero, la de Poo, la Bahía de Niembro y la Playa de la Huelga. El único estuario de cierta entidad es el de la Ría de Tinamayor que hace de límite oriental del Paisaje Protegido y que desarrolla la mayor parte de sus áreas de marisma en la vecina Comunidad Cántabra.

En contraposición, las comunidades vegetales de los acantilados se encuentran extraordinariamente desarrolladas a lo largo de todo el litoral. La frecuente presencia de simas, bufones y cañones hace que en ocasiones la influencia del oleaje y las aguas del mar se deje sentir bastantes metros hacia el interior del continente, ensanchando las cinturas de vegetación de acantilados.

Especial mención debe hacerse de la presencia frecuente de acebuchales, masas arbustivas dominadas por el acebuche (Olea europea var. silvestris), especie catalogada como de interés especial que no es otra cosa que la variedad silvestre del olivo cultivado. La presencia de acebuchales se limita al límite superior de los acantilados costeros, en posiciones orientadas al sur y protegidas de la brisa marina por farallones rocosos.

Se han citado algunas poblaciones en los acantilados de la Ría de Villaviciosa y en del Cabo Peñas. Sin embargo, su mayor abundancia se da en los acantilados del Paisaje Protegido de la Costa Oriental.

 

La vida animal

La fauna existente en el Paisaje Protegido de la Costa Oriental está influida por el notable grado de humanización y la pérdida de hábitats potenciales. Por ello, los grandes mamíferos forestales carecen de presencia significativa en el área, siendo las aves el grupo de vertebrados de mayor interés.

En general, la ornitofauna que utiliza el área continental es la común a la mayor parte de las campiñas asturianas. Las aves acuáticas no disponen de estuarios adecuados para el refugio, por lo que la presencia de anátidas y limícolas es muy ocasional en la mayor parte del litoral.

También se ha descrito la cría de algunas parejas de polluela pintoja (Porzana porzana) y carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus) especies de nidificación escasa en Asturias. Elementos de gran interés son sin duda las poblaciones nidificantes de aves marinas: cormorán moñudo (Phalacrocorax arsitotelis) y paíño europeo (Hydrobates pelagicus).

El primero es especie catalogada como de interés especial en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas y mantiene en el litoral oriental un número muy reducido de colonias reproductoras, de difícil valoración debido a lo inaccesible de las mismas. Durante el invierno la población parece desplazarse al litoral occidental de condiciones climáticas más benignas. El paíño europeo, también catalogada como especie de interés especial, gusta para la nidificación de pequeñas oquedades y fisuras. Los acantilados kársticos del litoral oriental ofrecen para ello las mejores condiciones y albergan una nutrida población nidificante. El Castro de Santiuste, enfrentado al límite de los concejos de Llanes y Ribadedeva, da cobijo a una colonia de casi 200 parejas que podría ser la mayor de todo el litoral cantábrico y que padece la amenaza de la presencia desde antiguo de una población de conejos domésticos naturalizada. Otras colonias de menor entidad se sitúan en los castros de Ballota y Torimbia.

Los mismos emplazamientos sirven de lugar de nidificación a importantes poblaciones de gaviota patiamarilla (Larus cachinnans). El ya citado Castro de Santiuste cobija una colonia reproductora de casi 2000 parejas, que podría ser la mayor de la región, y es el único lugar conocido de cría de la garceta común (Egretta garzetta).

Entre los mamíferos destaca la presencia cada vez más frecuente en los arroyos y en las playas de la nutria paleártica (Lutra lutra).

Por último hay que destacar la presencia de anguila (Anguilla anguilla) en la mayor parte de los cursos fluviales que desembocan en este espacio, y la presencia, auque más localizada de salmón atlántico (Salmo salar) y lamprea marina (Petromyzon marinus).

 

Gastronomía típica del Concejo de Llanes

La incidencia de La Mar en la cocina llanisca es especialmente intensa. Este concejo aporta su personalidad a distintas preparaciones: lubina a la plancha o al horno, langosta a la llanisca, rape al horno, besugo al horno o con fideos, bonito en rollo o a la llanisca, xáragu o sargo al horno, merluza a la llanisca, congrio con arbejos, fideos con almejas, habas («jabas») con almejas, sardinas a la plancha… Al pote llanisco le dan primoroso gusto y sabor productos de la huerta y de la matanza del cerdo. La carta de carnes la encabezan el lechazo al horno y el cabritu. Sus chorizos y morcillas son de extraordinaria calidad. En dulcería y repostería sobresalen: los buñuelos, magdalenas y hojaldres de Llanes, el helado Peña Santa (especialidad local), el arroz con leche, la miel y, sobre todo, sus maravillosos quesos artesanales.