Gijón

Gijón está situado en la zona central de la marina, con una extensión de 181,60 kilómetros cuadrados. Limitado al norte por el mar Cantábrico, al sur con los municipios de Llanera, Siero y Sariego, al este con Villaviciosa y al oeste con Carreño y Corvera.

Es el concejo más poblado de Asturias, sus principales núcleos por numero de habitantes son Gijón, La Camocha y Monteana.

Sus principales vías de comunicación son la “Y” que une los tres grandes núcleos de Asturias: Gijón, Oviedo y Avilés. La N-632 a Villaviciosa, y con carreteras comarcales como la AS-248, AS-246 y AS-18. Está a una distancia de la capital del Principado de 28 kilómetros.

Su red hidrográfica es de cursos cortos y caudalosos, basándose en dos cuencas la del Piles y la del Aboño-Pinzales.

Su relieve no tiene alturas de importancia, destacando el Sol de 942 metros, el pico San Martín de 517 metros, el pico de las Cabañas de 562 metros y la Peña Cuatro Jueces de 662 metros. Su paisaje vegetal estaba marcado por robles y castaños, pero las talas indiscriminadas y otros problemas acabaron por hacer desaparecer el bosque original, introduciendo otras especies como el pino y el eucalipto.

Su clima es de una temperatura media de 14º C, sin extremos ni en invierno ni verano. Si tiene un alto número de precipitaciones con una media de 177 días al año.

 

Capital

Es Gijón, la villa de Jovellanos, es el núcleo de población con mayor numero de habitantes, bañado por el mar Cantábrico.

Entre sus puntos de interés destacan: el palacio de Revillagigedo, la colegiata de San Juan Bautista, la escultura del Elogio al Horizonte en el cerro de Santa Catalina, del escultor Chillida. Tiene diferentes museos: El Museo Casa Natal de Jovellanos, el Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias, la Fundación Evaristo Valle, el Museo Nicanor Piñole, el Museo Juan Barjola, el Centro Internacional de Arte Palacio de Revillagigedo, el Museo de la Gaita, el Museo del Ferrocarril e Industrial, etc.

 

Demografía de Gijón

Gijón ha visto aumentado su población en el último siglo pasado, si en 1.900, su población era de unas 43.000 personas en 1.996 llegaba a alcanzar las 264.381, y hoy presenta la no despreciable cantidad de 269.270 habitantes. Ha sido un desarrollo espectacular pudiéndose marcar dos fases diferentes coincidiendo con las etapas industriales. En una primera fase de 1.920 a 1.940, su población aumenta 37.000 habitantes, pero fue su segunda fase de 1.960 a 1.981, donde su crecimiento se dispara al 50% superando las 63.000 personas. Este crecimiento estuvo marcado principalmente por el desarrollo urbanístico. Todo este crecimiento se vería cortado en las últimas décadas del siglo pasado, donde solamente aumentó un 5%.

Su pirámide demográfica está marcada por personas adultas uniendo jóvenes y mayores de una edad central que representan el 50%. En sus extremos el 24% son jóvenes y el 21% son mayores, siendo una media típica de Asturias. Donde sí que tiene un déficit marcado, es el de las personas menores de 10 años.

Es un gran centro industrial y cultural, contando con el puerto del Musel, una de las principales instalaciones portuarias de España. Siempre se caracterizó el concejo de Gijón por tener una gran cantidad de industria que en las últimas décadas del siglo XX, se vio afectado por la crisis industrial tanto en el sector minero, el siderúrgico así como en el sector naval, que habían generado miles de empleos directos y otros muchos indirectos.

Gijón actualmente es el núcleo más poblado de todo el principado de Asturias y ocupa él numero 15 entre las ciudades más habitadas de España.

 

Historia de Gijón

Los interesantísimos frutos de la investigación arqueológica sobre el pasado gijonés, desarrollada sistemáticamente a partir de 1982 bajo los auspicios de su Ayuntamiento y la experta dirección de José Luis Maya y Francisco Cuesta, permitieron concluir, tras rigurosos estudios, que el primer asentamiento conocido de Gijón estuvo en la Campa de Torres, península formada por el cabo del mismo nombre y situada en el extremo occidental del concejo, entre el puerto de El Musel al este y la ría de Aboño al oeste; allí se ubicaba el oppidum o castro de Noega —citado por historiadores antiguos como Estrabón, Pomponio Mela y Plinio—, la “ciudad o núcleo fortificado prerromano más importante de la costa de los astures” (Maya, Cuesta et alii), con origen en el siglo V a. de Cristo. Este castro estaría habitado por el grupo gentilicio de los cilúrnigos, una de las comunidades suprafamiliares de los astures. La economía prerromana de este castro descansaba sobre una abundante y variada cabaña ganadera y la metalurgia; la agricultura se limitaba a la producción de algunos cereales; mientras que la pesca con caña y la caza eran actividades complementarias; el intercambio comercial, por su parte, hizo posible la llegada de productos de origen mediterráneo o meridional.

Con el siglo I a. de C. da comienzo la ocupación romana y con ella una temprana presencia del pueblo latino en el castro de la Campa de Torres, lo que tiene su reflejo, entre otras cosas, en la transformación del caserío y en la erección de un gran monumento oficial al emperador Augusto entre los años 9 y 10 d. de C. —las Aras Sestianas—, del que sólo se conoce una gran lápida, hoy en una colección particular.

En la segunda mitad del siglo I d. de C., en tiempos de la dinastía de los Flavio, aparecen las primeras viviendas en un nuevo y más favorable emplazamiento: la ladera del recoleto cerro de Santa Catalina. Era el germen del Gijón actual (la Gigia de los romanos), implantado en lo que hoy es el barrio de Cimadevilla, un lugar de alto valor geoestratégico. El auge de Gijón durante el siglo II d. de Cristo es un hecho que ha quedado plasmado en las termas o baños públicos, uno de los conjuntos arqueológicos más significativos legados por su civilización a la ciudad. Sus gentes vivían principalmente de la agricultura y la ganadería, al tiempo que se intensificaba la pesca, de lo que da fe el hallazgo de los restos —fechados en los siglos III y IV—, de una factoría de salazones en la plaza del Marqués, junto al palacio de Revillagigedo.

Con la caída del Imperio romano y las posteriores invasiones se produjo un abandono de la civitas gijonesa, ignorándose las causas de su despoblamiento en el transcurso de la Alta Edad Media, periodo en el que escasean las noticias sobre Gijón, que revive para la Historia en el momento en que el soberano Alfonso X le otorga, el 12 de mayo de 1270, la condición de puebla, hecho reflejado en documentos de San Vicente de Oviedo. Sin embargo, esa reaparición histórica se ve ensombrecida por los acontecimientos que siguieron a la muerte del rey Alfonso XI, en la siguiente centuria; Gijón sirve, entonces, de escenario a un enfrentamiento entre partidarios del rey legítimo Pedro I y Enrique de Trastámara. En el s. XIV gobernaba Gijón Rodrigo Alvarez de las Asturias, que abarcaba los condados de Gijón y Noreña. Fue tutor de Enrique II, hijo bastardo de Alfonso XI, al que Gijón apoyó en sus enfrentamientos con su hermanastro Pedro I. Enrique II dio a su hijo, Alfonso Enríquez, los condados de Gijón y Noreña, rebelándose contra su hermano, el rey Juan I, a la muerte de su padre, y haciéndose fuerte en Gijón, en 1383, para acabar derrotado y hecho prisionero. Nuevamente se rebela contra su sobrino, Enrique III, quien reacciona privándole de sus bienes. Alfonso Enríquez huye a Bayona, dejando al mando de la villa a su esposa Isabel, quien en 1395 incendia la ciudad antes de abandonarla. Entonces, el rey toma la determinación de que Gijón se incorpore a la Corona. La repoblación de la villa comienza en 1400. En 1480 los Reyes Católicos dan su autorización para que en Gijón se construya un puerto y se le den los medios para llevarlo a cabo.

A partir de entonces la Historia de Gijón aparece vinculada estrechamente al desarrollo de su puerto. En las postrimerías del s. XV se crea el primer muelle de mar, complementado en 1552 con un muelle de tierra. Gijón comienza su actual fisonomía en 1600 al extenderse sobre el arenal y la laguna que ponía cerco a su antiguo asentamiento. El Real Decreto de 1765 y el Reglamento de 1778 fueron dos disposiciones que permitieron al puerto de Gijón el libre comercio con las colonias americanas, lo que llevó a la villa a conocer un moderado crecimiento urbano, cuyo ordenamiento se contempló en el Plan de Mejoras para la ciudad diseñado por Jovellanos y aprobado por el Ayuntamiento en 1782. A fines del XVIII ostenta la capitalidad marítima de la región, y se independiza de la Capitanía de Castilla al comienzo del XIX. Gijón tiene en 1794 el carácter de ciudad industrial y comercial que ya no le abandonaría.

En mayo de 1809 es ocupada por las tropas napoleónicas, para ser definitivamente abandonada por las mismas en enero de 1812. Estas y otras circunstancias, como el caos económico del reinado de Fernando VII, fueron un obstáculo para la mejora de las infraestructuras portuarias y viarias. El remedio a esta situación se empieza a poner a partir de los años treinta del pasado siglo, siendo el primer jalón el estreno de la carretera Gijón-León (1832). El auge de la explotación del carbón en la cuenca central asturiana obliga a realizar obras tan significativas como la apertura de la Carretera Carbonera (1842), el ferrocarril Sama-Gijón en 1856 y, como solución definitiva, la construcción en 1893 del nuevo e importantísimo puerto de El Musel.

Dos factores fueron fundamentales para que, desde finales del XIX, alcanzase la condición de ciudad plenamente industrial: el intenso tráfico de carbón y la entrada de capital procedente de los emigrantes retornados y de inversores extranjeros, trayendo como consecuencia, asimismo, la ampliación de la misma, tras sucesivos ensanches. La apertura de la vía férrea que comunicaba a Asturias con la Meseta por Pajares se produjo en 1884 y contribuyó a su afianzamiento como enclave industrial de primer orden en el último tercio del s. XIX.

Ya en nuestro siglo, Gijón pasó a ser efímera capital de Asturias tras ganar mayoritariamente (64% de los votos) las elecciones de 1936 el Frente Popular. Luego vendría la dictadura franquista y con ella un primer y prolongado periodo autárquico, dominado por el hambre y la represión. Afortunadamente, una vez superado ese negro y eterno túnel, llega el despegue de los sesenta con la creación de la factoría siderúrgica de Uninsa (1971), la ampliación de El Musel y la inauguración de la autopista Y (A-66) en 1976, que venía a mejorar ostensiblemente las comunicaciones con Oviedo y Avilés. Esta época de bonanza tuvo repercusiones urbanísticas y arquitectónicas desafortunadas, como la creación de impersonales, anodinos bloques de viviendas o la indiscriminada actuación de la piqueta incivil sobre edificios históricos.

Hoy, la progresiva modernización de la ciudad y las excelentes condiciones naturales de la misma la han transformado en una grata población turística, con miles de visitantes anuales.

Por decisión municipal, la villa tiene ya escudo desde el s. XVI, representando al infante don Pelayo, armado, con espada en la mano derecha y en la izquierda la cruz en alto que le acompañaba a las batallas.

 

Patrimonio en Gijón

Cuenta con un gran patrimonio que lo dividiremos en dos partes, la villa de Gijón y su concejo. Todo su patrimonio sería imposible de detallar uno a uno, por lo que haremos un pequeño resumen de su arte.

En la villa de Gijon destacaremos:

  • Las Termas de Campo Valdés, declaradas Bien de Interés Cultural, son del siglo I d de C marcadas por diferentes ambientes, uno frío donde está el vestuario y una habitación, una zona templada, y al final la cálida con piscina, todo ello calentado por un sistema subterráneo. Algunas zonas están decoradas con frescos.
  • La casa Ramírez de Jove, del siglo XVI, hoy sede del Colegio de Arquitectura, es de planta cuadrada y pórtico central. Su fachada está hecha en sillar, de organización simétrica y cuatro pisos. La planta baja de mayor altura con la puerta principal en forma de arco de medio punto con ventanas. El piso superior con gran número de aberturas destacando el balcón central sobre la puerta principal y uno a cada lado. En el tercer piso el muro es ciego con escudo y en el último piso hay dos ventanas.
  • El palacio de la Casa-Museo de Jovellanos, es Monumento Histórico Artístico, su estructura es de cuerpo central con dos torres, la de la izquierda muy desnaturalizada al unirse este palacio a la casa vecina de la familia Bordiu-Cienfuegos. Los edificios fueron adquiridos por el ayuntamiento y se reformaron en diferentes fases, en la última fase se cubrió el patio para ganar terreno. El museo alberga objetos personales de Jovellanos y piezas de la época. El resto son objetos que van desde el XVIII hasta nuestra época.
  • El palacio de Valdés o colegio Santo Ángel, muestra del barroco temprano. Su estructura es de cuerpo central y dos torres, con capilla adosada a la izquierda y su organización interior en torno a un patio. Su fachada es de gran sobriedad con sillar almohadillado. La capilla se comunica con la residencia por una tribuna. Destacar la puerta que está entre pilares, rematada por un frontón sobre el que está el escudo de armas.
  • La torre de la familia Jove-Hevia, y la capilla. La torre es de cinco pisos rematada en almenas. Tras el edificio hay un cuerpo horizontal que es la residencia, fue revestido a principios del siglo XX, con mampostería. La fachada de la capilla está muy deteriorada y está realizada en aparejo almohadillado.
  • El palacio de Jove-Huergo y su capilla de la Trinidad, hoy Museo Juan Barjola, es Monumento Histórico Artístico. Construido con sillares, son dos cuerpos simétricos separados por pilastras. Su capilla tiene una fachada más compleja. La puerta enmarcada por molduras de orejas y franqueada por tres pares de pilastras, encima tiene un alto cuerpo con el escudo de los Jove, sostenido por dos leones entre dos pilares y sobre ellos un frontón curvo. La estructura del ático está entre pilastras y rematado por un frontón también curvo y adornado por pirámides y bolas. Su planta interior son dos tramos de nave con bóveda de arista y la cabecera con cúpula sobre pechinas. La comunicación con el palacio, es por los pisos altos que son dos tribunas de madera superpuestas.
  • El palacio del marqués de San Esteban del Mar, unido a la colegiata de San Juan Bautista, actualmente es el Centro Internacional de Arte Palacio de Revillagigedo declarado Monumento Histórico Artístico. Parte de una torre antigua del siglo XIV, el palacio es de cuerpo central y dos torres laterales con patio interior. En su fachada la planta noble, tiene cinco balcones que se corresponden con sus arquerías bajas. En el piso superior cuatro ventanas enmarcadas que flanquean el desarrollo del escudo. Los pisos se dividen en cinco calles, dos laterales separados mediante pilastras y la central que es más ancha y limitada por columnas. La fachada es rematada por un antepecho calado. Su colegiata dedicada a San Juan Bautista, es pequeña e invade parte de la cabecera del palacio.
  • Antiguo Instituto Jovellanos, declarado Monumento Histórico Artístico, Construido para albergar el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía y el Consulado de Comercio. Fue impulsado por Jovellanos aunque el primer director fue su hermano Francisco de Paula Jovellanos, que donó la primera sede, pero este edificio inicial no se adaptaba a las funciones docentes. Encargando Jovellanos un nuevo proyecto al arquitecto Ramón Duran, el solar fue donado por el ayuntamiento. El edificio pasó por varios problemas tanto económicos como de arquitectura y a estos unimos la caída en desgracia de Jovellanos. El proyecto, debido a todo, esto fue simplificado. Se organizó el espacio entorno a un patio central, la fachada prescindió de la galería y del frontón que serían sustituidos por tres vanos para la galería, y un reloj en lugar del frontón. En 1.994 Jorge Hevia y Cosme Cuenca hicieron la última reforma al edificio convirtiéndolo en la sede de la Fundación de Cultura y la Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijon.
  • El ayuntamiento del siglo XIX, el proyecto pasó por varias manos y por varios cambios. El resultado tal y como se ve hoy en día, es una plaza porticada. Su piso bajo presenta un pórtico de arco de medio punto. En la planta noble se abren cinco balcones por piso, separados por pilastras. El vano central del piso noble, tiene una ménsula volada cerrada por antepecho en correspondencia con el cuerpo del reloj que está sobre la cornisa. Su plaza nunca se acabo de construir.
  • Otros edificios a destacar son: el Teatro Dindurra, el Café Dindurra, la plaza de toros, el mercado de Jovellanos, el mercado del Sur, el Banco Español de Crédito, el antiguo edificio de la Cruz Roja, la iglesia de San José, la iglesia de San Lorenzo, el café San Miguel, la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y residencia de los Padres Jesuitas y una gran cantidad de calles y casas.
  • Sí destacaremos la Universidad Laboral. La obra más significativa del régimen franquista. Inaugurada en 1.956. La institución se dirigía a la formación técnica y humana de jóvenes, con una idea de ciudad independiente, cerrada y autosuficiente. Su enormidad es comparable con el Valle de los Caídos. El núcleo principal es una plaza en parte con pórtico, donde esta la capilla, el rectorado y el teatro. En esta zona también están las habitaciones del alumnado y del servicio domestico, de las que se encargaban las monjas clarisas. En la periferia estaban los talleres y las zonas de esparcimiento. Hoy en día es la sede del Instituto de Educación Secundaria Universidad Laboral.

Dentro de su concejo destacaremos:

  • Los castros que hay tres catalogados en el concejo el Castiello de Bernueces, el Castiello de Serín y la Campa de Torres. Este último está declarado Bien de Interés Cultural siendo su primer asentamiento del siglo VI o V a de C. Hay otros tipos de restos como villa de Murias de Beloño o villa Veranes, pero lo que más llama la atención es el torreón de San Pedro declarado Monumento Histórico Artístico.

 

Fiestas en Gijón

En la villa.

En febrero comienza con el carnaval o antroxu, que es una de las fiestas más importantes.

En agosto Nuestra Señora de Begoña, dentro de la semana grande con actos populares, espectáculos y deportes. El día de Asturias el 15 de agosto con un gran desfile de carrozas.

En septiembre el día 29 es la festividad de San Miguel que coincide con la feria anual de Gijón.

Otros actos de interés son: la Semana Negra, el Festival Internacional de Cine, los Encuentros de la Juventud en Cabueñes, y la Feria Internacional de Muestras de Asturias.

En el concejo.

En mayo la primera semana el Cristo en Cenero y a finales de mes el Corpus Christi en Contrueces.

En junio, la fiesta de San Antonio de Mareo y San Juan en la Pedrera.

En julio, las fiestas de Santa Ana en Poago y el Carmen en Llantones.

En agosto, además de Begoña, es la fiesta de San Julián los días 10 y 11 en Roces.

En septiembre, los días 5 a 9 Nuestra Señora de Covadonga, que se celebran en el Real Sitio con diferentes actos, tanto religiosos como folklóricos.

 

Naturaleza en Gijón

Monumento Natural Carbayera’l Tragamón

  • Estado legal: Declarado por Decreto 21/2003
  • Especie: Quercus robur
  • Localización: Cefontes (Gijón)
  • Dimensiones: Carbayera de 4 ha que alberga ejemplares centenarios. El mayor de 16 m de altura, 5,2 m de perímetro y 13 m de diámetro de copa
  • Otras figuras de protección: Declarado Lugar de Importancia Comunitaria de la Carbayera de El Tragamón

Este monumento natural, de unas 4 ha de superficie, está localizado al sur de la Universidad Laboral, en el concejo de Gijón, a orillas del arroyo de Peña Francia. Se encuentra fragmentado en dos sectores por una carretera local y el sector norte se haya incluido en los terrenos del Jardín Botánico Atlántico del Ayuntamiento de Gijón.

La Carbayeda está situada sobre calizas del Jurásico inferior, dentro de la denominada Cobertera Mesozoica. Sobre estos materiales se ha instalado un cuaternario indiferenciado, que en parte son de origen aluviales.

La Carbayera de El Tragamón es un excepcional conjunto de carbayos centenarios con estructura adehesada que crecen sobre una pradería. La especie arbórea dominante es el carbayo (Quercus robur), aunque existen ejemplares de rebollo (Q. pyrenaica) y castaño (Castanea sativa), a los que se añaden, en la parcela norte, arces (Acer pseudoplatanus), fresnos (Fraxinus excelsior) y laureles (Laurus nobilis).

A pesar de su reducido tamaño, esta carbayeda llama la atención por el gran número de aves que se pueden encontrar en su interior y en sus alrededores inmediatos, destacando entre ellas la presencia ocasional del pico menor (Dendrocopos minor). Entre los invertebrados destaca la presencia del ciervo volante (Lucanus cervus).

Los robles tienen un lugar predominante en los ritos colectivos de la sociedad tradicional asturiana cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Quercus robur es el drus de los griegos, el Quercus de los romanos, el kaer quez (bello árbol) de las culturas celtas, el cassanos de los galos y el carbayu de los asturianos.

Carbayera’l Tragamón: Para todos ellos, el carbayo ha sido un árbol sagrado: los vasos de bronce colgados de las ramas del roble de Dodona transmitieron a loa griegos las decisiones de Zeus, los carbayos consagrados a Júpiter recubrieron las siete colinas de Roma, los celtas utilizaron las hojas y muérdago del carbayo en sus ceremonias druídicas y los astures se alimentaron hasta época romana, tal y como relata Estrabón, de un amargo pan amasado con harina de bellotas.

Perdido su carácter mágico y alimenticio, el carbayo conserva no obstante una parte importante de su ritualidad. Grandes ejemplares de carbayo adornan aún los espacios públicos de las aldeas más antiguas y sirven de lugar de reunión, concejo y solaz. Para las comunidades locales, esos ejemplares tienen no ya el valor de lo monumental, sino el de lo sentimental e histórico.

 

Gastronomía típica del Concejo de Gijón

La huerta y el mar Cantábrico surten de inmejorables materias primas a la primorosa cocina gijonesa. Su plato más representativo es la caldereta de pescados y mariscos. La carta de especialidades se abre a gran cantidad de propuestas: desde típicas y modestas sardinas a la plancha, parrochas o sardinas pequeñas, bocartes o anchoas, chicharrinos del cantil fritos…, pasando por los pescados a la sidra (pixín, chopa, merluza, rey…) o los asados (besugo, chopa…), los populares y dignificados oricios (erizos de mar), hasta llegar a la emblemática fabada, el pote asturiano, la menestra o los arroces… en representación de la cocina del interior. Los golosos (llambiones) encuentran aquí un paraíso del dulce y la repostería: especialmente, la Charlota y la Gijonesa, tartas ambas de paternidad gijonesa; también princesitas, bombonería, frixuelos, casadielles, arroz con leche… Y mucha sidra, la bebida de Asturias.