Cudillero

Cudillero está situado en la costa occidental de Asturias con una superficie de 99,44 kilómetros cuadrados. Limita al oeste con Valdés, al sur con Salas y Pravia y al este con Muros de Nalón y Pravia de nuevo.

Tiene buenas comunicaciones como la N-632 y está a una distancia de 56 kilómetros de la capital del Principado. Sus principales núcleos por número de habitantes son: la villa de Cudillero su capital, Villademar, La Atalaya y Asonces.

Su relieve se divide en tres partes. La primera es la rasa litoral que se eleva unos 100 metros sobre el nivel del mar con unos acantilados a veces rotos por numerosas playas o ensenadas, destacando en su geografía costera El Cabu Vidíu. En una segunda parte los valles interiores de gran fertilidad, atravesados por los ríos d´Esquieru, Uncín, Freera y Piñera. Su tercera parte más al sur, es la zona montañosa con sus picos Penas de Cuetu de 783 metros y Picu Paradiella de 720 metros que son las mayores altitudes de concejo.

Parte de su costa está declarada Paisaje Protegido y las Dueñas está considerado Monumento Natural.

 

Capital

Es Cudillero, villa pesquera con una población de 2.000 habitantes construida entorno a un acantilado. Su caserío está formado por pequeñas casitas que bajan amontonadas hacia el mar. Su caserío esta declarado Monumento Histórico Artístico.

Sus obras de interés son: la iglesia parroquial, la capilla de Humilladero y el ayuntamiento.

Su nombre de pixueto/a es debido a que es gente que ha vivido de la pesca para que se diferencien del resto de habitantes del municipio que tienen actividades agrícolas o ganaderas y a los cuales se les denomina caizos/as.

 

Demografía de Cudillero

Este concejo ha pasado por las mismas fases de emigración que todos los concejos que están situados en la misma zona de la costa Asturiana.

En las primeras décadas del siglo XX, alcanza su cota máxima con 11.150 habitantes, pasando luego a una época migratoria en la que pierde unas 1.000 personas y llegando a su última fase que es un éxodo de emigración, pero que se concretó en la población del campo, empezando una etapa de retroceso demográfico.

Las tres fases de emigración se movieron según las oportunidades de trabajo del momento. En la primera fase fue una emigración hacia Hispanoamérica, la segunda fase a los países centro europeos y la tercera a los centros industriales de la región.

Este concejo también conoció a las familias indianas, a quienes la suerte les fue propicia, siendo a su vez grandes benefactoras de su lugar de origen, colaborando en la construcción de edificios escolares, viviendas y en cualquier actividad sociocultural y recreativa.

Como casi todos los concejos costeros, la mayoría de sus núcleos están en las zonas rasas de la costa, siendo su núcleo más representativo la villa de Cudillero.

Su economía se basa en la agricultura y la ganadería, su flota pesquera fue más importante antes que ahora y otro sector que esta creciendo en los últimos años es el turismo.

 

Historia de Cudillero

El concejo de Cudillero, como tal, comienza su particular andadura en el siglo XIX. Su historia ha estado invariablemente unida a la comarca del bajo Nalón y, desde su creación, a Pravia, cabecera de la misma. Pese a esa ligazón histórica con la comarca praviana, se puede hacer referencia a algunos rasgos que de algún modo lo particularizan.

El asentamiento humano en lugares del concejo, ya en la Prehistoria, queda probado con el descubrimiento de cantos tallados y variado instrumental en Salamir y La Atalaya, núcleos rurales pertenecientes a las parroquias de San Martín de Luiña y Santa María de Piñera, respectivamente.

La presencia del pueblo prerromano de los pésicos, habitantes de castros, se deja sentir en toda la zona, algo a lo que Cudillero, obviamente, no permanece ajeno, siendo inventariados cinco de estos poblados fortificados: La Garita, en Riego Arriba (lugar de la parroquia de Oviñana) y La Cavona, en Lamuño (San Martín de Luiña), ambos hallados por José Manuel González; El Curión (con dos: uno en las cercanías del río Ferrera, Faedo, y el otro en Aroncés, dentro de la parroquia de Santa María de Piñera) y El Castro, localizado en Peñedo (San Juan de Piñera). La Edad Media proporciona los primeros documentos escritos referidos al ámbito territorial de lo que hoy en día es este término municipal.

Noticias históricas relativas a algunos lugares de Cudillero ya se tienen en el s. X (Alta Edad Media), cuando está a punto de concluir el período de la monarquía astur. La primera es del año 905: según Ciriaco Miguel Vigil, en Asturias monumental, epigráfica y diplomática (Oviedo, 1887), «Alfonso III dona á la Basílica Ovetense [San Salvador], entre otras Iglesias, la de Santa María de Velandres», hoy caserío de la parroquia de San Juan de Piñera. «Orderías, aldea de Faedo, Novellana y los valles de las Luiñas y de Santa Marina aparecen citados en diversos documentos fechados en 1125, 1158 y 1216» (Juan Luis Álvarez del Busto).

El hecho más trascendente del siglo XIII es la aparición de la primera noticia acerca de la existencia de la hoy villa de Cudillero, en la donación efectuada por Arias González Valdés al monasterio de Obona (concejo de Tineo, Asturias), en 1285, de «un suelo en el puerto de Cudillero, donde pudieran vender pan, y una cabaña con salida al mar sin que ningún señor se lo estorbase».

Agustín Bravo (Roque), cualificado autor de Cudillero (t. 3 de la obra «Asturias» dirigida por Bellmunt y Canella y publicada en 1900), supone que los primeros pobladores de la villa-capital eran pescadores procedentes de otros puertos de la costa cantábrica o de mares más alejados y escapados de los normandos, que se instalaron aquí por la fácil entrada y la situación resguardada del puerto, dándole el nombre de Codillero (quizá proveniente de «codo» o «codillo», en alusión a la forma del puerto), así llamado en el siglo XIII. Cabe otra interpretación: que dicho topónimo derive de la palabra latina cos-cotis («piedra»), concretamente de cotellum-cotellarium, [en castellano] «pedrero, playa de guijarros» (Álvarez del Busto). Estas gentes tenían modos de vida distintos a los de los labradores de la zona, por lo que tardaron mucho tiempo en entremezclarse.

Si los habitantes del concejo reciben el nombre de cudillerenses, los de la villa son conocidos como pixuetos, en clara correspondencia con la actividad dominante de la pesca, pues pixueto tiene su origen en el vocablo latino piscis y la terminación germánica ottu (Álvarez del Busto). En Cudillero vivían en barrios separados los pixuetos, instalados éstos en las proximidades del mar, y los caízos o terrestres, en el barrio de La Cai, a los que los primeros ignoraban por completo, manteniéndolos discriminados.

Gran parte del concejo de Cudillero estuvo bajo el poder feudal de los Omaña durante cerca de trescientos años (del XIII al XVI). A pesar de no tratarse de un coto jurisdiccional, A. J. de Banzes alude a las vejatorias imposiciones de esta poderosísima familia: «Los señores de la Casa de Omaña […] tenían extraordinarias regalías, que es de tradición las perdieron por un litigio. No se podía poner fuego, abrir puerta ni ventana, antes que ellos lo hiciesen, en casa alguna del pueblo; y sin su licencia, ni se fabricaba alguna de nuevo. Tenía un pez de cada barco, que valía en la concha; y puerta particular para entrar en la iglesia…». Esta denigrante situación propició frecuentes enfrentamientos con los disconformes pixuetos, recurriéndose a armas y, mayormente, a pleitos para zanjar diferencias.

El Palación o Castiallu, nombre de la casa feudal de los Omaña, estaba instalado en el solar donde se levantó el Ayuntamiento en el s. XIX, junto a la iglesia. Imponía su posición, altiva, sobre una roca en el fondo del pequeño abrigo costero, dominando el puerto. Se trataba, según Fortunato Selgas, de «un edificio de planta irregular, debido a las desigualdades de la roca en que se sustentaba; y sus muros, de estructura incierta, trabajados de fortísima argamasa, tenían gran anchura, especialmente en los sitios más fáciles de expugnar». Por su parte, A. Bravo lo describe como «fuerte, con saeteras, almenas y torre del homenaje, con chimenea-anuncio para encender los hogares de las demás casas». A pesar de todo, Cudillero se convirtió en un famoso centro pesquero, que en el siglo XV solicitó la concesión del privilegio del alfolí (almacén) de la sal, petición, al parecer, no concedida nunca. Durante la etapa feudal, los pescadores formaron su gremio. De aquí salieron, otrora, intrépidos pescadores hacia las costas de Flandes, Inglaterra, Escocia o Portugal, y fueron muchos los que participaron en el cerco a Gibraltar y en las campañas de conquista de Sevilla y La Florida.

La Edad Moderna confirma a la villa pixueta como uno de los principales centros pesqueros del frente marítimo asturiano. Las obras de remodelación del puerto comenzaron en 1787 y, según Jovellanos, costaron 400.000 reales. Sin embargo, pese a los trabajos realizados en el transcurso del siglo XIX, en las postrimerías de esa centuria A. Bravo denuncia que la infraestructura portuaria resulta insuficiente para enfrentarse a la intensa actividad que en ella tiene lugar.

Este mismo autor (ob. cit.) afirma que «[el] concejo de Cudillero formó parte del de Pravia hasta el año 1837, en que se separó definitivamente, habiéndolo estado, temporalmente, durante los breves periodos constitucionales de 1812 y 1820».

Nace el siglo XX y con él brilla en todo su esplendor la soberbia quinta de los Selgas en El Pito (lugar lindante con la villa de Cudillero), levantada a finales del XIX, conjunto de palacio, jardines y pabellones diseñado por el ilustre arqueólogo Fortunato Selgas —dueño de la misma junto con sus hermanos Ezequiel y Francisca—, del que forma parte la impactante iglesia de Jesús de Nazareno, frente al palacio, y las escuelas de El Pito (1914), que disfrutaban de un notable prestigio, siendo entonces consideradas como uno de los centros pedagógicos más novedosos del país, donde, por iniciativa privada, se impartía enseñanza gratuita a los niños de la zona.

El contrapunto a tanta brillantez lo ponen los sombríos, trágicos acontecimientos de la guerra civil. Unos meses antes de la insurrección, la ultraderecha había sido la responsable del asesinato a balazos del líder de Izquierda Republicana de Cudillero, Bonifacio López. La tensión se dispara. El 17 de marzo de 1936, los parlamentarios asturianos del Frente Popular presionan para que un juez especial aclare dicho atentado ante lo que estiman «elementos fascistas protegidos descaradamente por la fuerza pública». Iniciadas las hostilidades, Novellana cae el 21 de agosto de 1936 en manos de las columnas gallegas costeras, fieles al Alzamiento, y la capital del concejo es tomada el 5 de septiembre.

Entre los hechos recientes más relevantes cabe destacar la adjudicación efectuada en 1969 por parte del Ministerio de Obras Públicas de la obra para la construcción del nuevo puerto de Cudillero, concluido al fin en 1984. Por otra parte, la quinta de los Selgas, de incalculable valor artístico, ha pasado a ser regida, en los últimos tiempos, por la Fundación Selgas-Fagalde. Histórica para el concejo fue la visita del heredero de la Corona, D. Felipe de Borbón, a los pueblos de Novellana y Soto de Luiña, con motivo de la entrega a ambos del premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar —en esta ocasión, compartido—, correspondiente al año 1992.

«Hay en el concejo once brañas vaqueiras. Nueve en la parroquia de San Martín de Luiña, una en la de Santiago de Novellana y otra en la de Ballota. Los vaqueiros, al igual que en otros concejos, sufrían constantes humillaciones por el resto de los vecinos, materializándose el límite entre unos y otros, en la inscripción aún existente en el interior de la iglesia de San Martín de Luiña: “No pasen de aquí a oir misa los vaqueiros”. Algo parecido ocurría en Novellana, donde los vaqueiros no podían recibir la comunión a no ser a la entrada del templo» (Álvarez del Busto).

 

Patrimonio en Cudillero

Las principales obras arquitectónicas del concejo de Cudillero son:

La capilla del Humilladero, es gótica pero muy reformada. Su estructura es de planta cuadrada con contrafuertes y bóveda de ojivas. Tiene un retablo de los siglos XVI o XVII.

La iglesia de San Pedro es gótica pero del siglo XVI, está costeada por las personas del pueblo. Su estructura es de nave única con bóveda de crucería y ábside semicircular. Durante la Guerra Civil fue incendiada y vuelta a construir.

La iglesia de San Martín de Luiña del siglo XVIII, es de planta de cruz latina con tres naves, los muros son de mampostería revocados y sillar que queda a la vista en cornisas, arquerías y pilares. Todo se cubre con bóveda menos el crucero con cúpula. Tiene pórticos laterales que se abre en tres arcos de medio punto sobre pilares. La decoración esculpida está en la puerta con pilastras acanaladas y molduras de oreja. Tiene tres buenos retablos barrocos.

La iglesia de Santa María de Soto de Luiña, es Monumento Histórico Artístico, su estructura es de nave única, doble crucero y cabecera semicircular. Tiene una torre cuadrada de tres pisos, en los dos superiores con hornacinas y entre ellas ventanas rectangulares, la torre se completa con cornisa de piedra y con gárgolas en forma felina. Tiene retablos barrocos del siglo XVIII, el mayor dedicado a la Virgen de la Humildad que se adapta a la forma del ábside.

La casa rectoral, junto a la iglesia es Monumento Histórico Artístico, de planta rectangular y dos pisos de mampostería con enmarques de piedra. Su cornisa tiene triglifos y metopas. El edifico fue restaurado y se dedicó a casa de cultura y museo, donde se muestra una variada colección de escultura, ornamentos sagrados y orfebrería.

La quinta de Selgas del XIX, la quinta está totalmente cercada con dos puertas monumentales. La principal al sur con un arco triunfal con tres vanos adintelados, uno de puerta y los otros a los lados, todos enrejados. El entablamento está sostenido por pilastras y sobre él se colocan jarrones. En la puerta lateral predomina el trabajo de hierro forjado, dos grandes pilares delimitan la reja central y sostienen dos leones alados. El palacio es de planta rectangular de dos pisos, ático y un bajo que actúa de zócalo. La fachada principal se adelanta desembocando en una puerta hacia la escalinata central de piedra. Se abren tres puertas en cada piso dispuestas en arco con frontones curvos.

Su interior se ha comparado con un museo por la calidad y cantidad de todo su mobiliario. A los lados de la fachada posterior, se levantan dos pabellones de un piso sobre zócalo: el pabellón de Tapices y el palacete.

Su jardín es una mezcla francés y pintoresco. El edifico está en el punto central y dominante del jardín francés y un poco más alejado el pintoresco en el que parece que se impone la naturaleza. En el jardín hay caminos irregulares, grutas artificiales, estanques, ríos y puentecillos. Los planos de esta casa fueron del propio Fortunato Selgas. También fue el autor de los planos de las escuelas del Pito y de la iglesia de Jesús Nazarno.

 

Fiestas en Cudillero

Sus principales fiestas son:

Las de San Pedro o L´Amuravela el 29 de junio donde se concentran en torno al puerto para leer el pregón, en verso y dialecto pixueto. En el pregón se cuenta con socarronería los acontecimientos relevantes que se han tenido durante ese año en la villa. Tiene su origen en el siglo XVI. La fiesta se prolonga hasta el día 30 de junio, día de San Pablo en Cudillero continuación del trajín de L´Amuravela.

El 1 de julio San Pablín con procesión marinera.

 

Naturaleza en Cudillero

Paisaje Protegido de la Costa Occidental.

  • Estado legal: Sin declarar
  • Superficie: 62.04 km2
  • Localización: Concejos de Valdés y Cudillero
  • Accesos: Por la N-634 que es su límite meridional
  • Vegetación representativa: Comunidades de acantilados
  • Fauna representativa: Aves marinas, principalmente cormorán moñudo
  • Otras figuras de protección: Incluido parcialmente en el Lugar de Importancia Comunitaria de Cabo Busto-Luanco y en el Lugar de Importancia Comunitaria del Río Esqueiro.
  • Incluye al Lugar de Importancia Comunitaria de la Turbera de Dueñas y Monumento Natural de la Turbera de Las Dueñas.
  • Incluido parcialmente en la Zona de Especial Protección para las Aves de Cabo Busto-Luanco

El Paisaje Protegido de la costa occidental constituye una estrecha franja de territorio, de unos 35 km de longitud y de 1 a 3 km de anchura, que abarca la práctica totalidad de las costas de Cudillero y Valdés. Su límite oriental se sitúa en el Monumento Natural de la Turbera de Las Dueñas, apenas unos kilómetros al oeste de la villa de Cudillero, extendiéndose hacia occidente hasta la Reserva Natural Parcial de Barayo, en el límite de los concejos de Valdés y Navia. Su límite meridional se ha situado en el trazado de la N-632 y el septentrional, hasta que sean establecidos los límites con precisión, incluirá una porción del territorio submareal.

El paisaje actual de la costa occidental aparece condicionado por dos variables principales: una gran rasa costera, seccionada sólo por los cauces fluviales principales, y una sucesión repetitiva de litologías silíceas, principalmente areniscas y cuarcitas.

Las rasas asturianas son amplias planicies que se inician en el veril de los acantilados y terminan por confundirse con las estribaciones montañosas más cercanas al mar. Se trata de plataformas arrasadas por el mar en los periodos de transgresión marina y posteriormente emergidas por la elevación del continente. Aparentemente la costa occidental se organiza en una única rasa de considerable altura sobre el nivel del mar, que sin embargo parece ser la conjunción de tres niveles diferentes de arrasamiento marino, apenas reconocibles en la actualidad.

Dicha rasa costera aparece ligeramente tendida hacia el oeste por el basculamiento de los bloques en esa dirección. Así, en el sector oriental los acantilados de Cabo Vidio se sitúan a una cota de 90 m sobre el nivel del mar, que se reduce a 80 m en Cabo Busto y poco más de 50 en las proximidades de Barayo.

El amable paisaje de la rasa costera se interrumpe sólo en los valles fluviales que la seccionan. La emersión de las plataformas de abrasión que forman la rasa supuso el encajamiento de la red fluvial, forzando la erosión de valles profundos y de fuerte pendiente. Los más significativos son de oriente a occidente: el valle de El Esqueiro, que desemboca en la ensenada de San Pedro de Bocamar, al este de Cabo Vidio; el de El Esva, que desemboca en la Playa de Cueva, al oeste de Cabo Busto; y el del Negro, que desemboca en la villa de Luarca. Otros arroyos de menor importancia cortan la plataforma de arrasamiento y, sin poder erosivo para encajarse suficientemente, forman valles colgados sobre los acantilados desaguando al mar a través de pequeñas cascadas.

Hacia el sur, el encuentro de la rasa con las estribaciones montañosas costeras se resuelve con una marcada ruptura de pendiente en lo que debieron ser los acantilados de la primitiva línea costera. Hacia el norte, la rasa se interrumpe bruscamente en el encuentro con el mar, formando acantilados verticales de entre 50 y 100 m de altura. La belleza y majestuosidad de las áreas acantiladas del litoral occidental han sido sin duda una de las causas principales para la propuesta de declaración como Paisaje Protegido.

En esa abrupta línea costera destacan por su entidad los importantes resaltes de Cabo Vidio, en el concejo de Cudillero, y Cabo Busto, en el concejo de Valdés, que constituyen los más destacados accidentes del litoral asturiano tras Cabo Peñas. En ambos casos se trata de la penetración en el mar de bandas de litología cuarcítica, muy resistentes a la erosión, que seccionan la rasa costera con orientación nordeste-suroeste. En contraposición a ellos se abren numerosas ensenadas de escasa entidad que acogen un sinfín de pequeñas playas de cantos y gravas, resultado del desmantelamiento de los acantilados por los embates del mar, los xogarrales.

La presencia de playas de cantos y gravas es una de las características diferenciales del litoral incluido en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental frente al de la Costa Oriental, en el que predominan las playas arenosas. Los únicos arenales de importancia se desarrollan en el área occidental del Paisaje Protegido: las playas de Barayo y Otur, alimentadas por la carga sedimentaria que aporta el río Navia. Más al Este, la escasez de cauces fluviales importantes no propicia el desarrollo de playas arenosas, que no vuelven a ser significativas hasta el área oriental de la desembocadura del Nalón, alimentadas por éste. Las únicas playas de arena se desarrollan en el entorno inmediato de los cauces fluviales de mayor entidad: la playa de Cueva, en la desembocadura del Esva, y la de San Pedro de Bocamar en la del Esqueiro.

En la franja litoral descrita se sitúa como núcleo de población más relevante la villa marinera de Luarca, capital del concejo de Valdés. Otros núcleos de menor entidad y carácter rural son los de Cadavedo, Barcia y Otur, todos ellos en el concejo de Valdés. El resto de la población se reparte de forma desigual por la rasa costera, dando lugar a un caserío extraordinariamente diseminado en el que apenas llegan a reconocerse los límites físicos de las diferentes entidades de población. El turismo ha tenido hasta el momento un desarrollo mucho más limitado que el alcanzado en el litoral del Paisaje Protegido de la Costa Oriental, posiblemente debido a las deficientes comunicaciones del área hasta tiempos recientes. Sin embargo, la reciente mejora de las mismas hace previsible un incremento de la demanda que deberá ser adecuadamente regulado a través de la declaración legal del área como Paisaje Protegido.

 

Geología

La rasa costera occidental, desde el punto de vista geológico, se encuadra en la Zona AsturoccidentalLeonesa. Los materiales que se encuentran en esta zona son, en su mayor parte, Paleozoicos y, desde el punto de vista litológico, se pueden adscribir a dos tipos principales de rocas: cuarcitas y pizarras. La superficie principal de la rasas se sitúa casi a 100 m sobre el nivel del mar; sobre ella se encuentran diferentes tipos de depósitos cuaternarios. Estas planicies, denominadas rasas, tienen su origen en la abrasión del mar, perteneciente por tanto a antiguas plataformas continentales internas, que han sufrido elevaciones en los últimos millones de años

Posteriormente a estas elevaciones y pasar esas superficies de abrasión a estar en superficie y constituir rasas, se instala sobre ella una red fluvial. Así dos ríos fragmentan estas rasas en sus límites occidental y oriental: El Esva, que desemboca en la ensenada de Cueva, por el oeste, y el Sequeiro, que va a dar a la ensenada de San Pedro, por el este. Otros arroyos de menor importancia cortan la plataforma de arrasamiento en algunos puntos. Entre ellos el más destacable es el río Cabo.

Uno de los elementos dominantes del paisaje son los magníficos acantilados de este sector costero. Bajo ellos, en muchas ensenadas, se localizan playas de cantos o “xogarrales” entre los que cabe destacar los de la playa del Silencio. La arena se deposita en las zonas con aportes fluviales, como en Cueva y en San Pedro

 

La vida vegetal

La cubierta vegetal del área incluida en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental aparece condicionada por la monotonía de sustratos geológicos que define el paisaje. La mayor parte del territorio de la rasa costera debió estar ocupada por frondosas carbayedas oligótrofas: bosques de carbayo (Quercus robur) y abedul (Betula pubescens subsp.celtiberica), rotas sólo por la presencia de bosques de ribera en el entorno de arroyos y cauces fluviales.

El intenso uso agrario del territorio, que da soporte a una de las ganaderías más ricas y modernas de la región, ha propiciado la sustitución de los bosques naturales por cultivos forrajeros en la mayor parte de la rasa. Los cañones de los cauces fluviales aparecen ocupados en cambio por plantaciones forestales de eucalipto y pino. La presencia de ésta última especie es también frecuente en el borde costero de la rasa, donde forma cortinas cortavientos que mejoran la productividad de los cultivos situados al interior.

En la línea de costa destacan por su interés las comunidades de vegetación de acantilados, que adquieren especial desarrollo en los cantiles de Cabo Busto y Cabo Vidio. Ésta última es una de las localidades de la región en que mejor se conservan las comunidades vegetales características de los acantilados.

Otros arenales de cierta importancia aparecen en las playas de Otur (Valdés) y San Pedro de Bocamar (Cudillero). Ambas presentan sistemas dunares de pequeña extensión, con cierto desarrollo de las cinturas de duna embrionaria y blanca, conservándose en la segunda algunas poblaciones de nardo marítimo (Pancratium maritimum), especie catalogada como de interés especial.

Las áreas estuarinas son prácticamente inexistentes y sólo puede hablarse de la presencia de autenticas marismas en el pequeño estuario del Esva, al lado de la playa de Cueva, que también dispone de un pequeño sistema dunar. A pesar del escaso desarrollo de ambos tipos de ambientes, el conjunto del estuario del Esva y la Playa de Cueva constituyen por su belleza e interés geomorfológico uno de los elementos ambientales más valiosos del área.

Además, es destacable la turbera litoral de Las Dueñas, considerada como la más extensa y representativa de su tipo en Asturias y declarada monumento natural.

 

La vida animal

La fauna existente en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental está influida por el notable grado de humanización y la pérdida de hábitats potenciales. Por ello, los grandes mamíferos forestales carecen de presencia significativa en el área, siendo las aves el grupo de vertebrados de mayor interés.

En general, la ornitofauna que utiliza el área continental es la común a la mayor parte de las campiñas asturianas. Las aves acuáticas migratorias no disponen de estuarios adecuados para el refugio, por lo que la presencia de anátidas y limícolas es muy ocasional en la mayor parte del litoral.

En cuanto a las aves marinas, es de gran interés la nidificación de cormorán moñudo (Phalacrocorax arsitotelis), especie catalogada como de interés especial de la que podrían criar en el litoral asturiano unas doscientas parejas, la mayor parte en los acantilados del Paisaje Protegido de la Costa Occidental. Las áreas en que se concentra la cría son los cantiles de Cabo Vidio y La Caladoria, en Cudillero, y El Castellón, en Valdés. En los cantiles e islotes cercanos a Cabo Vidio es también abundante la nidificación de gaviota patiamarilla (Larus cachinnans).

Las áreas de mayor interés son sin duda, al este del Cabo Vidio, las ensenadas de San Pedro de Bocamar y la Concha de Artedo, en cuya aliseda pantanosa es frecuente la cría de aves acuáticas de vocación más bien dulceacuícola como el rascón europeo (Rallus aquaticus) o la gallineta (Gallinula chloropus). También es frecuente la presencia en invernada de ánade azulón (Anas platyrhynchos), garza real (Ardea cinerea) o cerceta común (Anas crecca).

El Cabo Vidio destaca además por ser uno de los puntos más adecuados para la observación de aves marinas como alcatraces, pardelas, charranes o págalos que durante el otoño migran en grandes bandos siguiendo rutas cercanas a la costa de oriente a occidente.

Se puede señalar la presencia del salmón (Salmo salar) en el río Esva, que se encuentra en el límite occidental de la zona, y la entrada más ocasional en los ríos Negro y Esqueiro.

Entre los invertebrados destaca la presencia de la babosa moteada (Geomalacus maculosus) y del caracol de Quimper (Elona quimperiana), además de la madreperla de río (Margaritifera margaritifera), que se puede encontrar en los ríos Esva y Esqueiro. La pequeña libélula (Coenagrion mercuriale) se encuentra repartida por pequeños arroyos y charcas.

 

Gastronomía típica del Concejo de Cudillero

En su gastronomía destaca la de la villa pixueta de Cudillero, enteramente vinculada a la pesca. En bares, mesones y restaurantes se pueden degustar sardinas de abaroque, merluza del pincho, pixín (rape), besugo a la espalda, bonito en rollo, calamares, bacalao y curadillo, el plato más típico de Cudillero. También la fabada, el pitu de caleya y los mariscos son muestras representativas de la cocina local. En repostería, cabe sugerir arroz con leche, requesón, bullinas, franxuelos o «frixuelos» y dos productos felizmente recuperados: los antiguos suspiros, hoy denominados pixuetinos por su actual forma de pez, y el turrón de tabique.