Con esta iglesia se agota la etapa románica en Asturias

Este templo forma parte del conjunto monástico de Santa María de Valdediós, que es Monumento Nacional desde 1931.
La iglesia de Santa María de Valdediós constituye un valioso ejemplar de arquitectura cisterciense. Con ella se agota la etapa románica en Asturias. En cuanto a su tamaño, es la mayor de todas las iglesias de este estilo construidas en esta región. Arquitectónicamente está vinculada a la también cisterciense iglesia de Sandoval, construcción que «resulta esencial para explicar buena parte de los rasgos que presenta la iglesia del monasterio de Santa María de Valdediós» (José Carlos Valle Pérez).

El oratorio debe ser lo que dice su nombre, y en él no se ha de hacer ni guardar ninguna otra cosa.

(S. BENITO, Regla, cap. LII).

Para mejor comprender la fábrica y ornamentación de esta iglesia es preciso tener presente la finalidad para la que fue construida: lugar de oración de un monasterio cisterciense. La espiritualidad de esta orden monástica marcó tan definidamente sus construcciones que éstas llegaron a conocerse, con toda justicia, como construcciones de arquitectura cisterciense.

El distintivo del estilo cisterciense es la sobriedad, el despojamiento de toda ornamentación, voluntariamente perseguido y buscado como expresión de una renuncia absoluta. Dentro de sus templos, esta renuncia a la ornamentación les llevó a formular soluciones arquitectónicas y ornamentales simples que, paradójicamente, con ello consiguieron alcanzar niveles de la más alta y pura estética. Concepto magistralmente expresado por M. Maillé: «La capilla de Claraval era hermosa por todo lo que no contenía».

En Valdediós hay que distinguir lo que es privativo de la primitiva construcción, y diferenciarlo de aquello otro que es un añadido posterior. Simplificando, se puede reseñar:

  • El coro alto ocupó su lugar original, hasta el siglo XVI, en la parte delantera de la nave central.
  • Los retablos, tan del gusto imperante en la época barroca, ocultan la desnudez de la piedra que cierra los ábsides desde el siglo XVIII.
  • Las imágenes de caballos y caballeros del crucero fueron colocadas allí en el siglo XVIII, «con escaso acierto» según Fermín Canella.
  • El atrio de entrada, del siglo XVII, así como el edificio adosado al lado norte de la iglesia, del siglo XVIII, son también añadidos sin una continuidad arquitectónica con el edificio original.

El coro alto ocupó su lugar original, hasta el siglo XVI, en la parte delantera de la nave central.

Los retablos, tan del gusto imperante en la época barroca, ocultan la desnudez de la piedra que cierra los ábsides desde el siglo XVIII.

La fábrica del templo es de sillar de piedra arenisca, bien trabajado. La planta es de tres naves, con crucero de brazos ligeramente desiguales. Las naves se rematan con otras tantas capillas semicirculares, algo avanzadas sobre un tramo recto, siendo la capilla central mayor que las otras dos. La iglesia está orientada en sentido longitudinal con su portada principal abierta al oeste y los ábsides de sus capillas situados al este.

El pórtico, del siglo XVII, con cubierta abovedada que se apoya en arcos sobre pilastras, oculta la visión frontal, con perspectiva, de la portada principal. Ésta, de gran riqueza, presenta sección abocinada con cuatro columnas a cada lado, con capiteles orlados de cintas entrelazadas con toscos mascarones, sobre los que se asientan las arquivoltas, también ornamentadas con profusión. En el tímpano de la puerta hay una interesante pintura de la Virgen. A los pies de las naves laterales otras dos puertas, hoy tapiadas, abrían estas naves hacia el exterior.

Las naves del templo se dividen, cada una, en cinco tramos, separados entre sí por arcos fajones algo apuntados, y se cubren con bóveda de crucería de cuatro plementos, excepto el tramo central del crucero, que posee ocho plementos. Los tramos extremos del transepto, aquellos que sobresalen de la planta, se cubren con bóveda de cañón, también ligeramente apuntada.

En la nave central, los arcos fajones descansan sobre capiteles apoyados en ménsulas, elementos éstos característicos de la arquitectura cisterciense. También existe una ménsula aislada en el tramo sur del crucero: la correspondiente a la columna que debía de existir en el lugar en que están las escaleras. Bajo estas ménsulas los pilares y la pared correspondientes son lisos.

Las imágenes de caballos y caballeros del crucero fueron colocadas allí en el siglo XVIII, «con escaso acierto» según Fermín Canella.

El atrio de entrada, del siglo XVII, así como el edificio adosado al lado norte de la iglesia, del siglo XVIII, son también añadidos sin una continuidad arquitectónica con el edificio original.

La separación entre nave central y naves laterales se realiza por arcos de medio punto apoyados sobre columnas semiadosadas a grandes pilares. Los arcos fajones de las naves laterales, en los que ya se apunta el inicio del estilo ojival, se apoyan sobre capiteles de columnas semiadosadas (a la pared en el lado externo del arco, y al pilar de separación de las naves en el lado interno). La labor de ornamentación de los capiteles es muy desigual. En algunos casos tienen un cierto parecido con los que soportan las arquivoltas de las puertas laterales.

Las capillas, avanzadas sobre un tramo recto cubierto con bóveda de cañón, se cierran con ábsides semicirculares cubiertos con bóvedas de horno. La desnudez cisterciense de la piedra de estos ábsides está hoy recubierta por retablos barrocos. Bajo el cuerpo del retablo central, y a ambos lados, sendos relieves muestran escenas de la vida de San Bernardo. El centro del retablo lo ocupa un nicho con la imagen barroca de la Asunción.

Ciriaco Martín Vigil cita el descubrimiento de los primitivos altares-mesa de las capillas laterales: «Completamente aislados del muro que la cierra, los planos de sus mesas son de forma rectangular, moldurados en la parte inferior, y descansan sobre cuatro columnitas de capiteles con reminiscencia del estilo corintio, y una pilastra o columna cuadrangular achaflanada en el punto medio…».

La iluminación original del templo está desvirtuada por las obras posteriormente realizadas. Se encuentran cegadas todas las ventanas de la fachada sur, las de los dos primeros tramos de la fachada norte, parte de las de la fachada oeste, y las saeteras de los ábsides en la fachada este. Hoy la zona mejor iluminada del templo es el crucero, al que se abren varias ventanas desde el este, norte y oeste, consiguiendo diferentes efectos de iluminación en el transcurso del día.

En el tímpano de la puerta hay una interesante pintura de la Virgen. A los pies de las naves laterales otras dos puertas, hoy tapiadas, abrían estas naves hacia el exterior.

La iluminación original del templo está desvirtuada por las obras posteriormente realizadas.

Una especial mención merece el órgano. Situado aprovechando el tercer arco de separación entre la nave central y la nave sur, tiene acceso por el coro alto. Y constituye, sin duda, una muy valiosa pieza de la organería barroca.

La sacristía, a la que se accede desde al ala sur del crucero, es de gran amplitud y con anterioridad estuvo comunicada con el claustro. Cubierta con bóveda estrellada de tipo flamígero, está ornamentada con temas inspirados en las letanías lauretanas. Tres de los lunetos están decorados con frescos de Reiter, alusivos a la vida de San Bernardo. El cuarto luneto ostenta el escudo del monasterio.

La cabecera del templo presenta en su exterior una interesante conjunto de ábsides, formado por tres capillas semicirculares bien diferenciadas, más alta y más saliente la central que las colaterales.

Las capillas laterales son de paramento liso. Presentan en su centro una pequeña ventana algo abocinada y su cornisa se sustenta en una larga serie de modillones ornamentados con motivos geométricos.

La capilla central está flanqueada por cuatro columnas adosadas que culminan en capiteles, de los que tres de ellos están profusamente ornamentados. En los tres paños que quedan ornamentados entre las columnas se abren otras tantas ventanas saeteras, algo abocinadas. El ábside central se remata en una cornisa decorada con multitud de elementos geométricos; orlas entrelazadas, estrellas, orlas ajedrezadas, etc.

El crucero norte de la iglesia se abre al exterior por una puerta que en la distribución cisterciense recibe el nombre de «puerta de los muertos» por ser la que comunica con el cementerio. Su aspecto muestra los efectos del hundimiento que en sus inicios sufrió la fábrica del templo. En el tímpano de esta puerta está la inscripción fundacional, que presenta la particularidad de tener que ser leída de abajo hacia arriba:

— GALTERIO QUI BASILICAM ISTAM
[CONTRUXIT
— POSITUM EST HOC FUNDAMENTUM
[MAGISTRO
— EPS. AUTEM OVETENSIS JOHANES
[ABBAS VALLIS DEI JOHANES QUARTUS
— XV KALD. JUN II ERA MCCC LVI
[REGNANTE DNO. ALFHONSO
[IN LEGIONE
EL 18 DE MAYO DE 1218, REINAN-
DO ALFONSO EN LEON, SIENDO OBIS-
PO DE OVIEDO DON JUAN Y ABAD DE
VALDEDIOS JUAN CUARTO, SE PUSIE-
RON ESTOS CIMIENTOS BAJO LA DIREC-
CCION DEL «MAESTRO GUALTERIO»
QUIEN EDIFICO ESTA BASILICA.

En el tímpano de esta puerta está la inscripción fundacional, que presenta la particularidad de tener que ser leída de abajo hacia arriba.