Catedral de Oviedo: una ruta dentro

Una ruta cultural imprescindible con más de 30 puntos de interés. Son 45 minutos la visita con audioguías y 90 minutos o más si se hace con tranquilidad y acompañados de un guía de los casi 50 que están acreditados para informar sobre la Catedral, la Cámara Santa, el Museo de la iglesia, etc.
Porque son muchas las cosas para ver, muchas más de las que se piensan antes de iniciar el recorrido. Realmente es una grata sorpresa por la calidad y cantidad.
El reportaje fotográfico ha sido realizado siguiendo la ruta dentro de la catedral que sigue cualquier visitante y en las mismas condiciones de luz. Tratamos de ser lo más realista posible.
Museo de la Iglesia en la Catedral de Oviedo

Este conjunto catedralicio obedece principalmente a dos impulsos constructivos, el Gótico y el Barroco. Entre ambos, tuvo lugar una época innovadora, el Renacimiento, que también nos deja una huella con el recrecido de la torre gótica, en el s. XVI, trazado magistralmente por Rodrigo Gil de Hontañón.

El resultado final es la suma de numerosas reformas y adiciones que han ido enriqueciendo el monumento, hasta convertirlo en un organismo vivo que, tras su nacimiento como basílica en el siglo VIII de manos del rey Fruela I, estuvo creciendo hasta mediados de siglo XVIII, acogiendo siempre a los mejores arquitectos y escultores que, a su vez, sirvieron de motor para la evolución y progreso de las artes en Asturias.

Cámara Santa en la Catedral de Oviedo
Claustro en la Catedral de Oviedo

Tras la conclusión en el siglo XVIII del largo proceso histórico de crecimiento espacial y embellecimiento mueble que le habría proporcionado una imagen muy próxima a la actual, se inicia un largo periodo de paulatina decrepitud caracterizado por las modificaciones del interior del templo o de los espacios circundantes, así como por las reparaciones de los daños bélicos y revolucionarios de los años 1934 y 1936-37.

En los últimos años se vienen multiplicando las intervenciones en la Catedral, entre ellas las efectuadas en la torre, la cubierta y el tambor de la capilla de Santa María del Rey Casto, o en el claustro, el cual ha recobrado su antiguo esplendor tras una remodelación inaugurada en febrero de 2004.

El Salvador en la Catedral de Oviedo

Catedral de Oviedo (SANTA BASILICA CATEDRAL DE SAN SALVADOR). Monumento Histórico-Artístico (1931). Aunque gótica, se levanta sobre un templo del s. VIII (hacia el 761, reinando Fruela), dedicado a San Salvador y arruinado por el ejército árabe de Abd el Melik, que llegó a Asturias en el año 794. En tiempos de su hijo, Alfonso II, monarca rehabilitador de la capital astur, figura, entre las obras realizadas por el arquitecto Tioda, una basílica bajo la advocación del Salvador, sita junto al palacio real; este templo prerrománico se mantuvo hasta 1382-1388, que es cuando se erige la actual catedral gótica, a la que se fueron añadiendo dependencias hasta el XVIII. No obstante, conserva del prerrománico: la capilla de San Miguel, piso superior de la Cámara Santa (Monumento Histórico-Artístico, 1931), que contiene el grupo escultórico del Apostolado, las joyas de la monarquía astur y el Arca Santa con las reliquias; y la Torre Vieja (s. XII), campanario de la antigua basílica. Otros estilos posteriores al gótico están igualmente presentes: renacimiento y barroco en la girola y capillas laterales; barroco en la capilla del Rey Casto (Panteón Real, del s. XVIII). Las reliquias de Jesús en la Cámara Santa (torre de San Miguel) —Santo Sudario, algunas espinas de su corona o un fragmento de la cruz— convirtieron al templo catedralicio en segundo centro de peregrinación medieval en importancia tras Santiago de Compostela. Las dignidades eclesiásticas ovetenses trataron de subestimar la trascendencia santiaguesa, basándose en la presencia de esas reliquias; una canción atribuida a romeros franceses es clarificadora al respecto: «Quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al criado y deja al Señor».

En primer lugar es preciso destacar su torre —definida por Clarín como «poema romántico en piedra»—, que salió especialmente malparada, amputada, de la Revolución asturiana de Octubre de 1934 y del enfrentamiento civil de 1936; aunque con menor repercusión fue víctima, también, de otros contratiempos: rayos, tempestades, incendios, etc. De ochenta metros de altura —medidos desde el suelo hasta el pararrayos—, esta torre, de traza renacentista y gótica, es, sin duda, el componente más original y emblemático del complejo catedralicio. Se trata de una obra extraordinariamente estilizada y liviana, características favorecidas por el ingenioso y seguido retranqueo (acción de remeter el muro de fachada en la planta o plantas superiores de un edificio) de los cinco cuerpos que la integran. Otra de sus singularidades es que se trata de torre única, dada la falta de presupuesto para la erección de una segunda gemela. Su construcción, en el s. XVI, se prolongó durante unos sesenta años, y en ella intervinieron distintos arquitectos: Juan de Badajoz, Pedro de Buyeres, Pedro de la Tijera y Juan de Cerecedo, terminándose en 1587 bajo el pontificado de Cristóbal Rojas y Sandoval, personalidad que tiene su escudo de armas en el último piso.

La torre, el pórtico y la lonja constituyen, sin duda, uno de los mejores exponentes arquitectónicos de la corriente hispano-flamenca peninsular. Hay tres arcos —muy grande el central— que avisan de la presencia del pórtico y se adelantan a las tres portadas. La portada central, coronada por el gran relieve de la Transfiguración, tiene dos puertas gemelas con extraordinarias hojas de madera de nogal, ricamente decoradas con el Salvador (patrono de la Catedral), Santa Eulalia de Mérida (patrona de la Diócesis), o con motivos geométricos y florales.

Consta de tres naves; la central, alta y separada de las laterales por elevadas arquerías, posee en su testero un espléndido retablo mayor, del mejor tardogótico español, aunque realizado en época renacentista (1511-1530) por Giralte de Bruselas y Juan de Balmaseda; en él se representan distintos momentos de la vida de Cristo.

El altar mayor tiene, a su siniestra, el sepulcro de Juan Arias de Villar, obispo de la diócesis de Oviedo entre 1487-1498, con escultura orante; se encuentra vacío al ser trasladados sus restos a la de Segovia.