Belmonte de Miranda

Belmonte de Miranda, que se denomina así desde 1956, está situado en la zona centro occidental de Asturias. Su capital Belmonte se halla a 200 metros sobre el nivel del mar, aunque su territorio supera en un 70%, la media de 800 metros. Tiene una extensión de 208 km2. La AS-227 cruza longitudinalmente todo el sector occidental, y es su principal vía de comunicación. Este concejo está a 56 kilómetros de la capital de Asturias.

El concejo integra junto al de Somiedo, la comarca de Pigüeña. Belmonte de Miranda está limitado al norte con Salas, al este con Grado, al sur con Somiedo y Teverga y al oeste con Tineo. Los principales núcleos de población por orden de habitantes son: Belmonte su capital, Selviella, Villaverde, San Bartolóme, Boinas, Castañedo y San Cristóbal.

Tiene un espacio privilegiado desde el punto de vista medioambiental, con numerosos espacios vegetales y autóctonos. El sector suroriental del concejo forma parte del Parque Natural de Somiedo.

Su orografía está determinada por la Región de Pliegues y Mantos de Somiedo, con una antigüedad geoestructural de 350 a 550 millones de años, todos estos empujes orogénicos formaron unas barreras de montañas, cuyo principal eje, lo constituye la cuenca del río Piloña que actúa como un pasillo, atravesando de sur a norte todo el municipio.

Las cimas más importantes se alcanzan en la sierra de Manteca y su pico de mayor altitud es el de L´Horru que se eleva a 1.527 metros. Otros picos de esta misma sierra son: La Chana de 1.388, Los Calostros del Pousadoiro entre 1.428 y 1.474 metros, por el norte esta sierra se comunica con el macizo de peña Aguda, cuyo pico mas alto es El Courío de 1.017 metros. Hacia el sur por el margen derecho del río Pigueña, se alza la sierra de La Bustariega, su pico de mayor altitud es la Forca de 1.488 metros que marca los límites entre los concejos de Somiedo y Belmonte.

La belleza de su ecosistema, ha obligado a las autoridades a ampliar los límites del Parque Natural de Somiedo a las tierras limítrofes del concejo de Belmonte. Su secular aislamiento permitió su conservación, con una importante masa arbórea, en la que dominan las especies forestales autóctonas: bosques de robles, de espinares, de castaños, etc. Por encima de los 800 metros abundan las zarzas, helechos, habitando diversas alimañas como lobos, zorros, tejones, corzos, jabalís y algún oso.

Dentro de su fauna piscícola, el rey es el salmón en los numerosos cotos que hay en el Narcea. En el río Pigueña y sus afluentes, sigue habiendo salmones pero la especie predominante es la trucha. Esta recuperación ambiental es debida a toda la política de repoblación de los ríos del concejo.

 

Capital

Es la villa de Belmonte, parte de sus casas fueron construidas o ampliadas con las piedras de los muros del antiguo convento de Lapedo, teniendo entre estas construcciones, la que fuera la cárcel del partido judicial y que hoy es la biblioteca. Otros edificios de interés son: el Ayuntamiento de estilo neohistoricista de 1869 y el Juzgado erigido en 1926.

 

Demografía de Belmonte de Miranda

Su evolución difiere muy poco de la pauta de comportamiento de la montaña asturiana, de forma que el despoblamiento y la alteración de las estructuras son los rasgos más importantes en los últimos 100 años. Ha perdido unos 4.000 habitantes, aunque esta pérdida no ha sido ni constante ni homogénea a lo largo del siglo, ya que hasta los últimos treinta años el descenso fue moderado, produciéndose una auténtica fase de desolación, coincidiendo con las corrientes migratorias hacia los espacios industriales y mineros de la región. Tampoco la disminución ha sido homogénea, así las zonas más altas y peor comunicadas, donde la vida era más difícil, conocieron mayores perdidas. Mientras que las partes bajas, mejor comunicadas y más aptas para la agricultura y la ganadería sufrieron un descenso mucho menor.

Todo este descenso ha producido un cambio en la estructura demográfica, ya que el 40% de la población pasa de los 60 años y más del 62% supera los 40 años.

La actividad económica de esta población continua centrada en el sector primario, presentando una agricultura dirigida básicamente hacia el autoabastecimiento. Por lo que respecta a su cabaña ganadera cada año que pasa desciende más. El sector secundario es casi irrelevante, recientemente se ha puesto en marcha el Proyecto río Narcea, para la explotación aurífera, pero su repercusión laboral es mínima, pues la mayor parte del personal es foráneo.

 

Historia de Belmonte de Miranda

Las vías de comunicación históricas que atraviesan el actual concejo asturiano de Belmonte de Miranda: la Calzada de la Mesa (por el cordal Este), el Camín Francés (por el cordal Oeste) y el Camín Real (siguiendo el valle del río Pigüeña), han funcionado como ejes articuladores de la actividad socioeconómica de este territorio a lo largo de las diversas etapas históricas. Por ello, se convierten en un estupendo elemento guía para la exposición del devenir histórico del concejo.

Los datos históricos más antiguos se remontan a época paleolítica, habiéndose localizado varias piezas talladas en la sierra del Pedroriu. Sin embargo, para el periodo prehistórico, la mayor riqueza con la que cuenta nuestro municipio son las necrópolis tumulares (megalitos) que jalonan dos de las vías de comunicación antes mencionadas: la Calzada de la Mesa y el Camín Francés. Esto pone de manifiesto la antigüedad de estos caminos y resaltan su carácter de elementos organizadores de las actividades socioeconómicas de los pobladores prehistóricos.

Los megalitos son sepulcros funerarios utilizados durante el Neolítico y el Bronce Antiguo y concebidos como elementos arquitectónicos en el paisaje. Destacan del entorno por un montículo artificial que cobija una cámara adintelada construida con lajas de piedra.

A lo largo del discurrir de la Calzada de la Mesa, se localizan varios yacimientos megalíticos en las sierras de Porzabezas y del Pedrorio creando un paisaje peculiar. Estos enterramientos funerarios funcionan como un lenguaje simbólico que permite delimitar el área de actuación de una comunidad en sus actividades de caza y recolección.

Similar disposición en relación con el Camín Francés tienen las necrópolis de La Sierra la Cabra, Peña Manteca, Sierra del Quintanal, Sierra de Biegega y Couríu, situándose en las líneas de cumbres y marcando el discurrir de una vía de paso que, al igual que la Calzada de la Mesa, será utilizada posteriormente hasta el siglo XIX.

De estas poblaciones prehistóricas conocemos sus lugares de enterramiento, pero no los de habitación. También tenemos noticias de su universo mental a través del «ídolo de Llamoso», escultura con formas ginecomorfas, cuyo hallazgo fortuito hace difícil su atribución cronológica.

La Edad del Hierro está representada por la aparición de los recintos castreños. Son poblados fortificados, situados en lugares con un amplio control sobre el territorio cercano, sus recursos y sobre las vías de comunicación. De esto da fe la situación del castro de Vigaña o el de Ondes, que poseen un importante dominio visual sobre el paso del Camín Real que discurría por la margen del río Pigüeña.

Éste es el tipo de poblamiento que se encuentran los romanos cuando se lleva a cabo la conquista del Norte peninsular en el siglo I d.C., atraídos por las posibilidades que ofrecían los yacimientos auríferos de la zona.

El Imperio Romano trae consigo la imposición de una organización superior y la especialización de los diversos territorios buscando la complementariedad. Las zonas geológicamente ricas se destinan a la explotación minera; en las más aptas para la actividad agrícola-ganadera aparecen establecimientos que producen lo suficiente para abastecer a las zonas mineras.

Esta complementariedad puede observarse en Belmonte de Miranda: la actividad minera se concentra en la sierra de Begega, donde antiguos castros como el de Boinás se siguen utilizando como lugares de poblamiento, a la vez que se crean otros establecimientos relacionados con los trabajos específicos de la minería. En el resto del territorio se mantienen los castros y surgen asentamientos de carácter agropecuario y sin estructuras defensivas, las villae; desde ellas se controla la actividad de todo el territorio. Éste es el caso del yacimiento situado en las inmediaciones de Cezana.

Durante todo el periodo romano siguen jugando un papel preponderante las tres vías de comunicación antes mencionadas, tanto para las relaciones con los territorios vecinos como para el traslado del material aurífero.

Sobre las gentes que ocupaban estas tierras en época romana y trabajaban en las minas auríferas nos aporta información la lápida funeraria de Villaverde. En ella se menciona a una niña de doce años, llamada Bodocena e hija de Aravo, que vivió en estos parajes en la primera mitad del siglo I.

Lo que resulta poco conocido en Asturias en general y en Miranda en particular es el paso de la época tardorromana a la medieval y cómo se produce la transformación de un mundo de castros y villae en el mundo de las aldeas de los siglos X y XI.

La aparición de estas aldeas —que se han mantenido hasta la actualidad— está relacionada con el crecimiento agrario altomedieval, ocupando lugares llanos y, sobre todo, colonizando las vegas de los ríos. Así, surgen un sinfín de pueblos que, como los situados en la ría de Miranda —la vega que crea el Narcea a su paso por Belmonte—, centran su actividad en la producción agrícola, destacando como producto de mayor importancia la escanda para la elaboración del pan.

Desde el siglo VIII al XII, el actual municipio estaba dividido en dos circunscripciones: Miranda —la margen izquierda del río Pigüeña— y Salcedo —la margen derecha—. Cada una poseía una fortificación desde la que se controlaba el territorio y de las cuales aún hoy podemos apreciar mínimos restos en el Pico Cervera (Dolia) y en la Peña El Castiellu (Carricedo).

Pero será el monasterio de Santa María de Belmonte (antiguamente denominado Lapedo) la institución que regirá los designios de este territorio desde el primer cuarto del siglo XI. Fundado en el año 1032 en la villa de Lapedo, a lo largo de los siglos siguientes se fue haciendo con innumerables posesiones en Miranda y en los concejos limítrofes. Aún se conservan en las inmediaciones de Belmonte restos de lo que debió de ser la esplendorosa construcción románica de este cenobio.

Al monasterio también pertenecía una herrería, ya desaparecida, y un machucu que aún puede ser visitado en Alvariza. De su existencia tenemos constancia en el siglo XVI, pero su origen es, indudablemente, anterior.

Este monasterio acabó generando un pequeño núcleo de población, Lapedo, cambiándose a lo largo del siglo XII el antiguo nombre por el de Belmonte, lugar donde radica actualmente la capital.

En este mismo siglo se produce una importante reorganización administrativa que afectará a este territorio. Por orden real se fundan nuevas entidades de población que se convertirán en cabezas administrativas, las polas. En el lugar de Agüera se funda la puebla de Miranda y Somiedo, que debido a problemas con el cercano monasterio de Belmonte, acabó por trasladarse a Somiedo, dando lugar a lo que hoy conocemos como Pola de Somiedo.

Los siglos bajomedievales (XIV y XV) están protagonizados por unas familias nobles —los Quiñones y los Miranda—, a quienes pertenecieron las dos torres señoriales que se conservan, la de Quintana y el lienzo de la de Montovo. Esta nobleza se hace con el poder que hasta el momento había tenido el monasterio de Santa María de Belmonte, dando un gran protagonismo a la actividad ganadera y propiciando la aparición de un grupo social diferenciado, los vaqueiros de alzada. Su germen es la mano de obra servil que se ocupaba de los rebaños señoriales —los vaqueros—, realizando una trashumancia estacional desde los pastos de verano (situados en la cabecera del valle, en Somiedo). Este proceso, que se inicia en la Baja Edad Media, se prolonga durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Aún hoy pueden apreciarse las peculiaridades morfológicas que presentaba el hábitat de invierno en las brañas de Villaverde, Santa Marina, El Pontigo, Modreiros y Carricedo.

En el siglo XVIII aún se mantienen varias jurisdicciones en este territorio: el coto monástico, que integraba la actual parroquia de San Julián de Belmonte, el antiguo territorio de Salcéu, incluido en el vecino municipio de Grao; el concejo de Miranda constituido por Miranda la Alta y Miranda la Baja, separadas por el coto monástico.

No será hasta el siglo XIX cuando el municipio adopte la fisonomía que tiene en la actualidad. Las reformas liberales y la desamortización propiciaron la integración del coto señorial en el concejo y la antigua capital, situada en Leiguarda-Silviella, se traslada a Belmonte. En 1886 los vecinos de las parroquias de Salcedo-Ondes, Llamoso y Montovo piden su incorporación a Miranda, conformándose definitivamente la actual territorialidad. El nombre de Miranda, de raigambre altomedieval, se cambia en 1956 por el de Belmonte de Miranda.

La evolución del concejo a lo largo de los siglos XIX y XX está ligada a la actividad agropecuaria. En el siglo XX cobra especial importancia el aprovechamiento eléctrico de las aguas del río Pigüeña, conservándose este patrimonio industrial en los pueblos de Puente San Martín, Silviella y Fontoria.

 

Patrimonio en Belmonte de Miranda

Su historia artística está unida hasta el siglo XIX, al monasterio cisterciense de Santa María de Lapedo, el cual fue enriquecido a lo largo de los siglos por monarcas y particulares, siendo uno de los más poderosos de todo el Principado de Asturias. Con la Desamortización de Mendizábal, su estructura fue destrozada rápidamente, quizás por el odio de la gente del lugar, debido a la opresión de los monjes sobre la zona. Del monasterio sólo quedan tres leones, el pintor F. J. Parcerisa, realizó una litografía del claustro que era espacioso de orden Toscano, con pórtico bajo, galería alta y abierto a todos los rayos del sol. El ayuntamiento de Belmonte de Miranda, utilizó los materiales procedentes del monasterio para construir obras civiles.

Entre estas obras arquitectónicas están:

  • La torre de Quintana: del siglo XV, reformada con añadidos, es un edificio de tres pisos levantados con mampostería y sillar, en las paredes se abren saeteras y ventanas de diversas formas, en el último piso destaca un matacán en voladizo para su defensa.
  • El Palacio de Cienfuegos, a orillas del Pigüeña en el pueblo de Aguira, es un monumento Histórico Artístico del siglo XVII. Es un palacio-casona típico de la construcción local, sin ornamentación escultórica, sólo con el escudo en la fachada. Edifico rectangular con cuatro fachadas, patio central, torre posterior y capilla. En la fachada principal están los balcones con disposición simétrica, puerta amplia y con dintel, sobre ella el escudo de los Cienfuegos. En la fachada posterior destaca la torre con la puerta en el centro y encima un balcón con repisa rectangular. Sobre la cornisa original se ha levantado un tercer piso. En el patio, la galería de madera está sustentada por columnas de piedra con capiteles de caras planas. La Capilla está en el extremo derecho, es de planta cuadrada y se cubre con bóveda. Carece de decoración exterior, excepto por un arco sobre la puerta y dos ventanas pequeñas en los laterales. Todo el conjunto está construido con mampostería.
  • La Iglesia de San Martín de Leiguarda, con orígenes del siglo XV, pero ampliada en los siglos XVII y XVIII y añadido el pórtico en el XIX. Lo más destacable es la portada en arco de medio punto despiezado en grandes dovelas y enmarcado por alfiz con bolas enfiladas.
  • La Iglesia de San Bartolomé de Miranda, es sencilla con una sola nave y dos capillas del siglo XVII.
  • El Juzgado de Belmonte, promovido por doña Concha Heres, esposa de un emigrante a Cuba. El edificio se hizo en 1.926, de estilo montañés, con dos plantas y torre en esquina. Como curiosidad, Concha Heres no lo donó, lo alquiló como juzgado.

 

Fiestas en Belmonte de Miranda

La villa de Belmonte celebra la fiesta de San Antonio, o el día de la Gira, que es último domingo de agosto. Otras fiestas del concejo que se destacan son: la de San Fructuoso que se celebra en Agüero el mes de julio, la de San Julián el 7 de enero en la misma localidad, la romería campestre de La Corredoira el primer domingo de septiembre, y los Dolores el tercer fin de semana de septiembre.

 

Gastronomía típica del Concejo de Belmonte de Miranda

Un plato propio de esta tierra es el «sollombo a la manteiga» (chuleta de cerdo, deshuesada y adobada con pimienta, sal y ajo). Pero sobran las propuestas para el buen comer: «cabritu» al horno, fabada, pote de berzas, «arveyos» (guisantes) con jamón, carne roxa; y en postres, arroz con leche, «frixuelos» (especie de crepes: llevan huevos, leche, corteza de limón rallada, anís, todo ello revuelto; luego, se añade un poco de harina para espesar un poco y a continuación se fríe, añadiéndoles posteriormente azúcar; a veces se les rellenan, por ejemplo, con mermelada), «queixadiellas» (empanadillas con nuez y avellana), o el queso «afuega’l pitu» en su variedad blanca…