Avilés

Avilés es un pequeño concejo de 25,34 kilómetros cuadrados de superficie que representa el 0,239% de extensión del Principado, situado en el centro de la costa asturiana y a 26 Km. de Oviedo. Está limitado por el mar Cantábrico y por los concejos de Gozón al este, Corvera al sur y Castrillon e Illas al oeste. Los núcleos de población con más habitantes en el concejo de Avilés son, por este orden: Avilés capital, Miranda, Heros, Caliero, Tabiella y Sablera.

Toda su superficie se reparte entre la rasa costera y los montes que lo cierran por el sur, aunque es la ría de Avilés que está encajada en la rasa, la que continúa al interior del Cabo Peñas y marca la morfología del territorio. La ría ocupa el 3% de toda la superficie, llegando después de tres millas de muelles hasta el centro de la ciudad que está en su orilla occidental que ha permitido el asentamiento histórico de la población, ya que esta hoya es baja y plana frente a las alturas de Carbayedos, Tuñes o El Estrellín en el lado opuesto.

Hablar de Avilés ciudad y Avilés concejo es sinónimo. En ella está el segundo puerto en importancia de la región, su posición central le da el privilegiado puesto de estar en el nudo de comunicaciones, incluido el aeropuerto de Asturias a 14 kilómetros.

 

Capital

Su capital con el mismo nombre del concejo (Avilés), está situada a la orilla de la ría, fue tierra de marinería y comercio y el primer puerto de Asturias.

Su rápida industrialización trajo una masiva emigración y con tal un gran crecimiento en todos los aspectos. Avilés es una de las tres ciudades más importantes de Asturias y la tercera en cuanto a población.

Su casco antiguo ha sido declarado Conjunto Histórico Artístico, en la villa se encuentran obras interesantísimas de carácter tanto religioso como civil, Calles como Galiana, Rivero, La Ferrería y San Francisco atestiguan su historia con magníficos edificios y soportales.

Entre sus obras arquitectónicas religiosas destacaremos: la parroquia de San Nicolás, la de Santa María Magdalena de Corros, la iglesia de Sabugo o la de Santa Tomas de Canterbury.

Entre sus obras civiles varios palacios: el de Valdecarzana del siglo XV, conocido como casa de Baragaña, el de Camposagrado, el de Ferrera y la casa de Rodrigo García-Pumarino, más conocido por palacio de Llano Ponte, estos de los siglos XVII y XVIII. Del siglo XVIII son también el Ayuntamiento, la Plaza Mayor, los Caños de San Francisco, el teatro Palacio Valdés, y el palacio de Balsera.

 

Demografía de Avilés

Estas dos palabras suelen ir unidas y en el caso del concejo de Avilés también. En un primer momento su economía se basa en los sectores tradicionales, los agrarios y artesanales.

Su proceso industrial despega de un modo lento en el siglo XIX en la que hay que destacar La Real Compañía Asturiana de Minas con capital belga que fue ampliando su influencia, pasando por el sector metalúrgico y químico, destacando del mismo modo su puerto, y la construcción de la dársena de San Juan de Nieva, exigencia de los nuevos buques de vapor. Aparece el Ferrocarril del Norte que llega en 1890 y esto acelera su industrialización, surgen fábricas de vidrio, tejidos, curtidoras. En 1890 se cuenta con teléfono y ya hay correo diario, se construye el nuevo puente de San Sebastián con material de hierro para derribar el de los Pilares con el fin de encauzar la ría y el puerto local.

En este siglo XIX, se realizan muchas otras obras como la Cámara de Comercio, el Asilo de Ancianos, los primeros Juegos Florales, la Escuela de Artes y Oficios y muchas otras que configurarán el Avilés del siglo XX.

En este siglo, la villa logra su engrandecimiento cultural y económico. Su entorno es ocupado por las naves de factorías, viviendas para las familias obreras que acuden a trabajar en las minas y en las industrias, exigiéndose una nueva infraestructura, en la que hubo mucho de improvisación, pero que se va superando con nuevas calles, alcantarillado y agua a través del canal del Narcea. También se instalan nuevas industrias de metalúrgica y del vidrio, de las que ya gozaba de cierta tradición en el siglo pasado.

El trafico portuario adquiere nuevo ritmo, ya que pasa de puerto carbonero a mineralero y de productos acabados, procedentes de la industria de la zona. En todo hay que destacar el cambio social que también se produjo. Variando su emigración a las Américas, por colapso, a partir de los años cincuenta, por la llegada en masa de personas emigrantes venidos de toda España, que hace que la tendencia que había tenido Avilés durante años cambiara, multiplicando y rejuveneciendo su población. Este fenómeno es uno de los más destacables en toda la historia contemporánea de Avilés, ya que su consecuencia fue un proceso de industrialización y explosión demográfica salvaje, que trajo unas secuelas de difícil evaluación todavía hoy en día.

Todo este gentío venía al concejo buscando la promesa de una vida más fácil y un enriquecimiento que ayudara a toda la gente a salir de una España castigada por la posguerra, circunstancia ésta que pagó muy cara la ciudad de Avilés, ya que se produjo un déficit de viviendas, inexistencia de infraestructuras de saneamiento en los nuevos barrios obreros, que se dispersan por toda la ciudad y lo más destacable, una contaminación que rompía todas las reglas de la salud. Si podemos encontrar, de todas maneras, una parte positiva en todo esto y es que se situó con una segunda generación que llega a ser la de mayor densidad de población juvenil de toda Europa.

 

Historia de Avilés

Las primeras noticias de la presencia humana en el concejo datan de la Prehistoria. Por los pocos restos que nos han llegado —un hacha del Paleolítico Inferior y tres del Neolítico, estas últimas encontradas en La Rocica—, esta presencia fue más bien escasa.

Se desconoce, igualmente, si en el concejo existieron castros. Hay mucha vaguedad también sobre el origen de Avilés. Se supone que proviene de un asentamiento romano cuyo poseedor se llamaba Abilius. Se han encontrado escasos y dispersos materiales de ese período: un capitel de mármol, de orden corintio, reutilizado como pila bautismal en la iglesia de San Nicolás de Bari, y monedas romanas en la ría, Sabugo, Llaranes y La Carriona.

Avilés es el primer núcleo de población del concejo del que se tienen noticias escritas. Aparece mencionado por primera vez en un discutido documento de Alfonso III, fechado en el año 905. En él, el rey y su mujer, Jimena, hacen donación a la Iglesia de Oviedo de las iglesias de San Juan Bautista y Santa María de Avilés.

Ya por entonces el puerto de Avilés era el principal acceso marítimo de la región. Para defenderlo de las incursiones de los piratas normandos, Alfonso III, a comienzos de su reinado, ordenó la construcción del castillo de Gauzón en la desembocadura de la ría.

Posteriormente, al parecer en el año 1092, Alfonso VI concedió a la villa el fuero de Sahagún, confirmado en 1155 por Alfonso VII. Avilés se convierte en señorío de realengo y a sus vecinos se les otorga, entre otros privilegios, el de no pagar impuestos de tránsito «desde la mar hasta León».

Estas concesiones reales reactivaron las actividades mercantiles del concejo, convirtiendo a Avilés en uno de los más importantes centros económicos de la región. La principal industria era la de la sal. Al principio se explotaron las salineras del litoral comprendido entre la desembocadura del río Nalón y la ría de Avilés, pero a medida que la demanda y los beneficios fueron creciendo se empezaron a importar de Francia (Bourgneuf y La Rochela), Portugal (Alcácer do Sal, Setúbal, Aveiro) y Andalucía (Puerto de Santa María). De Avilés la sal se distribuía por toda Asturias y León.

La importancia de este comercio fue tal que la Corona instaló en Avilés el alfolí —centro de almacenaje y redistribución de la sal— más importante de Asturias.

Otras actividades económicas relevantes fueron las importaciones de vino, de paños de La Rochela (Francia) y Flandes, o la actividad pesquera de altura. El auge de las peregrinaciones jacobeas influyeron también en el desarrollo de Avilés.

Desde el siglo XII la villa de Avilés se convirtió en el principal puerto de la región y en la segunda ciudad más importante de Asturias, después de Oviedo. Esta importancia se acrecienta aun más cuando Fernando IV, en 1309, concedió a Avilés por alfoz los territorios de Gozón, Carreño, Corvera, Illas y Castrillón.

El núcleo urbano de Avilés creció a la par que sus actividades mercantiles. A finales del siglo XIII contaba con unos 300 vecinos: 1.200 habitantes, aproximadamente. Una muralla, con cuatro puertas, cercaba el núcleo urbano, donde se encontraba el centro comercial y artesanal. El principal edificio era la iglesia de San Nicolás de Bari, patrono de mercaderes; se construyó a finales del siglo XII o principios del XIII.

Extramuros, en un promontorio al otro lado de un brazo de la ría, se alzaba el poblado de pescadores y marineros de Sabugo. Para atender a esta población se erigió el templo de Santo Tomás. Ambos emplazamientos se comunicaban mediante un puente.

En todo este período de la Edad Media, Avilés participó activamente en los asuntos regionales, formando hermandades con otros concejos para defender sus intereses, hacer frente común para luchar contra los frecuentes desórdenes o los deseos de dominio de los grandes señores feudales.

El fin del Medievo marca el comienzo del declive de Avilés. En 1478 un gran incendio afectó a buena parte de la villa. Para amortiguar el desastre, los Reyes Católicos, el 15 de enero de 1479, concedieron un mercado franco los lunes, que todavía continua celebrándose. Otro factor de decadencia se deriva del empeoramiento de la navegación por la ría debido a la proliferación de los arenales. Por último, el descubrimiento de América modificó las principales rutas comerciales, relegando a Avilés a un plano secundario. A pesar de ello el puerto aún mantuvo en el siglo XVI una situación privilegiada, concediéndosele, en 1528, autorización para el comercio americano.

En el aspecto nacional e internacional, cabría destacar las aportaciones del concejo de Avilés y su alfoz a las campañas militares de los Reyes Católicos y a la política imperial de Carlos V y Felipe II. En el descubrimiento y colonización de América esta participación fue la mayor de todos los concejos de la región. Esta presencia avilesina se dejó sentir con más fuerza en la segunda mitad del siglo XVI, cuando Felipe II encomendó a Pedro Menéndez de Avilés la conquista y colonización de La Florida. Cerca de dos centenares de avilesinos participaron en esta y otras empresas de Indias. Sobresalieron las familias de los Alas, los Menéndez, los Solís, los Miranda, etc.

En las dos centurias siguientes el concejo de Avilés pasó por diversos avatares: hambrunas diversas, un nuevo incendio en 1622 y terremotos en los años 1761-1762 y 1765.

En 1762 los ingleses conquistaron el castillo de San Juan de Nieva que protegía la entrada de la ría. En breve tiempo los avilesinos reaccionaron y lograron expulsarlos.

En lo económico, el puerto de Avilés siguió siendo el principal de la región. La industria artesanal experimentó una diversificación en la segunda mitad del siglo XVIII, creándose fábricas en Villalegre —martinete de cobre— y sobre todo en Miranda —fábricas de alfarería y loza, lienzos, etc.

En la guerra de la Independencia los habitantes del concejo opusieron resistencia a la invasión francesa. El hecho más destacado se produjo en los altos de Valliniello. Ese día, el 18 de mayo de 1809, los vecinos de la comarca, mal armados y peor organizados, se enfrentan a las tropas invasoras sufriendo un gran descalabro. Dos días después los franceses entran en la villa de Avilés. La ocupación de la zona duraría hasta junio de 1811.

Durante las turbulencias políticas del siglo XIX y principios del XX, los avilesinos se mantuvieron siempre del lado constitucional, lo que les acarreó duras represiones, sobre todo en la llamada Década Ominosa (1823-1833) del reinado de Fernando VII.

El siglo XIX y sobre todo el XX trajeron grandes cambios socioeconómicos y urbanísticos. La llegada del ferrocarril a la Villa (1890), la entrada en funcionamiento del muelle de la dársena de San Juan de Nieva y la repatriación de capitales indianos propician un desarrollo industrial sin precedentes del concejo y, sobre todo, de su capital.

Entre las industrias que se instalan en estos años de fin de la centuria decimonónica y comienzos del XX destacan la Azucarera de Villalegre (1898) y La Curtidora (1900).

Tras el paréntesis de la Guerra Civil, Avilés experimentará su definitiva industrialización. En 1950 se funda en las marismas de la ría la Empresa Nacional Siderúrgica, S.A. (ENSIDESA), encendiéndose su primer horno alto siete años después. En 1953 Cristalería Española S.A. se instala también a orillas de la ría avilesina. Le sigue, pocos años después, Asturiana de Zinc. En torno a estas grandes industrias de base se crearon un sinfín de medianas y pequeñas empresas auxiliares.

Las nuevas industrias y la numerosa mano de obra que ello conllevó —la mayor parte venida de fuera de la región— alteró profundamente la fisonomía de Avilés. La búsqueda de suelo urbanizable obligó, entre 1818 y 1820, al derribo de la mayor parte de la muralla medieval y a desecar las marismas que separaban la villa del barrio de Sabugo, construyéndose en el lugar una manzana de casas para la burguesía. Este pujante grupo social también acaparó la nueva calle de La Cámara, convirtiéndola en la principal arteria comercial de Avilés.

Los indianos, por su parte, edificaron numerosos viviendas, tanto en el casco antiguo como por los alrededores (Villalegre).

La instalación del complejo siderúrgico de Ensidesa y de otras grandes empresas en la década de los cincuenta trajo a la ciudad en poco tiempo una riada de inmigrantes. La falta de una previsión urbanística imposibilitó la absorción de tantos trabajadores, lo que determinó un crecimiento exterior y especulativo de Avilés. Pasados los primeros momentos de descontrol e incertidumbre, se empezaron a construir barrios de obreros. Las propias empresas o el Estado llevaron a cabo esta tarea. Ensidesa edificó, entre otros, los barrios de Llaranes y Trasona para los obreros, Las Estrellas (La Rocica) para los técnicos medios y una urbanización en el centro de Avilés (calle de González Abarca) para los ingenieros y directivos. Por su lado, Cristalería Española construyó los poblados de Jardín de Cantos y La Maruca para sus obreros y técnicos, respectivamente.

Gracias a la iniciativa estatal y privada surgen nuevos barrios, entre otros, Buenavista, La Carriona, Versalles y La Luz.

La crisis económica de los años setenta y ochenta propició el declive industrial de una comarca especializada en la industria pesada y sujeta a decisiones ajenas a ella.

 

Patrimonio en Avilés

Su arte va del románico al modernismo, dejando las más variadas escuelas su huella, tanto en el estilo religioso como en el civil.

La villa tiene declarada, zona de interés Artístico Monumental, el centro antiguo por el conjunto de edificios, palacios, calles, pórtico e iglesias. De entre ellas podemos destacar:

La actual iglesia de San Nicolás de Bari, construida en los siglos XII y XIII. Destaca su portada principal románica en la que hay algunos capiteles primitivos identificables. Este templo sufrió profundas modificaciones que han desvirtuado la obra primitiva, en 1499 se construyó a cargo de Pedro Solís una capilla adosada al muro norte de la nave, es una obra gótica influida por la catedral de Oviedo.

La capilla de los Alas, un edificio funerario independiente del siglo XIV, del periodo de transición del románico al gótico. Su elemento más característico es la bóveda con una estructura cubierta.

La iglesia vieja de Sabugo, comenzada en el siglo XIII, tardó bastante en finalizarse, es una iglesia románica, con dos portadas, una al sur perteneciente al románico tardío y otra principal del protogótico definido. En 1740 se sustituyó la cubierta de madera por la bóveda actual

Dentro de su estilo civil podemos destacar varias casas y palacios.

Casa de Baragañas. Es el único testimonio de la arquitectura civil medieval, su fachada es la clásica de un establecimiento mercantil abierto hacia la calle con grandes arcos apuntados.

El actual edificio del Ayuntamiento del siglo XVII, que sigue en su construcción la pauta postherreriana, está situado en un triángulo formado por el Ayuntamiento, la casa de García Pumarino y el palacio del marquesado de Ferrera.

El palacio de Ferrera, construido en los siglos XII y XIII, edificio de gran sobriedad en el que destaca la irregular planta de la torre, que es de escuadra, también se destaca su fachada principal, con balcones adintelados y el escudo de armas del marqués.

El palacio de García Pumarino, edificio del siglo XVII mantiene una armonía de fachada con el Ayuntamiento, fue construido por el indiano avilesino Rodrigo García Pumarino. Incorpora al soportal siete arcos hacia la calle y ventana sobre cada uno de ellos, los laterales acogen un balcón en el piso superior. Hoy en día alberga la salas cinematográficas “Marta y María”.

Otros edificios notables a destacar son: la iglesia de Santo Tomas de Canterbury en Sabugo, de estilo neogótico diseñada por Luis Bellido, el teatro Palacio Valdés, edificio neobarroco de Manuel del Busto, la escuela de Artes y Oficios y el Gran Hotel, obras ambas de Armando Fernández cueto, o el Hospital de Caridad obra de Manuel del Busto y Tomás Acha

También tenemos que destacar la colonia de emigrantes de Villalegre obra de Arturo Fernández Cueto, en esta colonia de cubanos/as se desperdigaron suntuosas residencias, resultado de su triunfo ultramarino, toda esta colonia aparece oculta en todo el desarrollo urbanístico de los años sesenta.

También merece destacar él edifico de la Curtidora hecha bajo el estilo arquitectónico industrial, es un edificio de estilo neorrománico que combina materiales y adornos, dando una estética no reñida con una actividad industrial, ya que su fachada era la mejor publicidad para la fábrica.

 

Fiestas en Avilés

Sin duda Avilés es la ciudad asturiana festiva por excelencia. Este hecho no es ajeno a dos factores: uno el haber contado en la década de los ochenta, con una de las poblaciones con mas jóvenes de Europa y dos, el carácter alegre y festivo de los avilesinos y avilesinas que han sido capaces de potenciar y resucitar a escala nacional, su carnaval o antroxu. Entre sus fiestas destacaremos.

Enero: la Cabalgata de los Reyes Magos.

Febrero: Carnaval o Antroxu, esta fiesta es declarada de Interés Turístico Regional, entre sus actos destaca el que se celebra el sábado: El Descenso Fluvial de Galiana, donde el público riega a los y las participantes y las embarcaciones que compiten bajan deslizándose por la cuesta de Galiana por un mar de espuma, el martes tiene lugar el Desfile de Carnaval.

Marzo-Abril: se celebra la Semana Santa, de martes hasta el viernes, seis cofradías sacan sus pasos profesionales, teniendo especial relevancia, las procesiones del Santo Encuentro, la del Santo Entierro y la de la Soledad. El domingo y el lunes de Pascua es la fiesta del Bollo, declarada de Interés Turístico Nacional e Internacional, celebrando su centenario con una comida en La Calle, que se llena con mesas y manteles por todo el centro histórico para que coman unas diez mil personas en cada edición, rozando los Guinnes en el 2.001 con unas once mil. En esta comida, se degusta el famoso bollo escarchado que es una peculiar especialidad avilesina.

Mayo-Junio, el martes siguiente al séptimo domingo después de Pascua, es la fiesta del Puchero, donde una pareja de novios vestidos de forma tradicional asturiana, rompen un cántaro y se besan tantas veces como trozos hay, es una ofrenda a la fertilidad que tiene una antigüedad de doscientos años.

Junio. A media noche del 24 es la Danza Prima de San Juan, miles de avilesinos/as se reúnen alrededor de una gran hoguera en la Plaza de San Juan. Entorno al 29 es la verbena de San Pedro. A media noche se baila la Danza Prima de San Pedro, que se inicia en la plaza de España y termina en la capilla de San Pedro

Julio: en torno al 16 Fiestas del Carmen, a medianoche se baila la Danza Prima del Carmen, se inicia con el canto de la Salve Marinera en la calle Galiana y se desciende hasta la plaza de España. El día 22 Fiesta de Nuestra Señora de la Magdalena en el barrio del mismo nombre. El 26 a medianoche, se baila la Danza Prima de Santa Ana en la plaza de la Merced.

Agosto: hay un sinfín de fiestas en diferentes barrios como el de Llaranes, Miranda, El Carbayedo. En este mes son las Fiestas de San Agustín donde toda la ciudad bulle de actividad, para festejar a su patrón .

Septiembre: el día 8 en el barrio de Versalles, celebra sus fiestas la Virgen de Covadonga, que es a su vez la patrona de Asturias.

 

Naturaleza en Avilés

  • Monumento Natural Charca de Zeluán y Ensenada de Llodero
  • Estado legal: Declarado por Decreto 100/2002
  • Superficie: 0.2341 km2
  • Localización: Concejos de Avilés y Gozón
  • Accesos: Desde Avilés por la Carretera Local AS-238
  • Vegetación representativa: Comunidades de marisma halófila. Comunidades dunares
  • Fauna representativa: Aves migradoras, principalmente limícolas

Otras figuras de protección: Incluido en el Paisaje Protegido Cabo Busto-Luanco, Lugar de Importancia Comunitaria de Cabo Busto-Luanco y en la Zona de Especial Protección para las Aves Cabo Busto-Luanco.

La Ensenada de Llodero, en el concejo de Avilés, es un brazo lateral que se abre a la margen derecha de la ría de Avilés. Llodero conserva unas trece hectáreas de marisma que constituyen el último vestigio de lo que debió ser un estuario de importante influencia mareal.

Muy cerca de la ensenada se sitúa una charca, de apenas media hectárea de extensión, que es periódicamente inundada por las aguas del mar, a través de un colector que la conecta con la marisma. La Charca de Zeluán se sitúa en el vecino concejo de Gozón y es desde hace años lugar de reunión y estudio para los ornitólogos locales. Para ello se ha construido un observatorio que permite el desarrollo de la actividad sin ocasionar molestias a las aves.

La Ensenada de Llodero es un estuario lateral a la ría de Avilés que se abre merced a la desembocadura del pequeño Arroyo de Vioño. Originalmente debió constituir una amplia marisma halófila.

Sin embargo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX sufrió profundas transformaciones que hicieron que apenas se reconozcan hoy los elementos naturales característicos del estuario. El área conserva no obstante gran valor como lugar de refugio de aves limícolas en los pasos migratorios y alberga las últimas comunidades de vegetación marismeña de lo que fue el gran estuario de Avilés. :

La mayor parte de la ensenada, descubierta sólo durante la bajamar, aparece poblada de comunidades de algas en las que domina la muy común Fucus spiralis.

Los últimos retazos de vegetación de marisma se sitúan casi en la bocana y se limitan a fragmentos de las comunidades características de la marisma halófila, que en otro tiempo debieron poblar la mayor parte del estuario de Avilés. Se trata principalmente de matorrales de sosa de las salinas (Sarcocornia perennis) y, en las áreas topográficamente elevadas y mejor drenadas, salobreña (Halimione portulacoides). En algunos puntos de deficiente drenaje aparece además la acelga salada (Limonium vulgare). Tanto ésta última como la sosa de las salinas son plantas protegidas legalmente a través del Catálogo de Flora Amenazada del Principado de Asturias.

Se conservan fragmentos de las comunidades de vegetación de playas, en las que aparecen especies como Cakile maritima subsp. integrifolia o Salsola kali. Por detrás de éstas, se reconoce un pequeño cinturón de duna blanca y por último una amplia franja de duna gris, en la que aún se conservan poblaciones de la lechuguilla dulce (Reichardia gaditana) y la espigadilla de mar (Crucianella maritima), catalogada la primera como especie de interés especial y la segunda como especie sensible a la alteración de su hábitat.

En lo relativo a la fauna, el principal interés de la Charca de Zeluán y la Ensenada de Llodero radica en su capacidad para albergar poblaciones de aves limícolas migradoras. La ría de Avilés destaca, junto con las de Villaviciosa y el Eo, por ser uno de los tres enclaves de la costa asturiana de mayor interés como refugio de aves limícolas en sus rutas migratorias. Baste señalar que se estima el paso anual de entre veinte mil y treinta mil aves, habiéndose llegado a censar en los años más favorables del orden de cuarenta mil.

Cormorán grande: De entre las recogidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas destaca la presencia de zarapito real (Numenius arquata), ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus) o cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). Otras, como el andarríos chico (Actitis hypoleucos), a pesar de no figurar en el catálogo de protección, han sido consideradas como especies singulares por el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias (PORNA).

De las aves presentes en la ría, las limícolas son sin duda las que presentan un mayor grado de dependencia de los recursos que ofrece la ensenada de Llodero.

Durante verano e invierno la presencia se limita a menos de cien aves diarias, que se elevan hasta cuatrocientas en el paso postnupcial y hasta más de un millar en el paso de primavera. Durante la bajamar las aves se encuentran repartidas por toda la ensenada, pero a medida que sube la marea se concentran en la playa y el Islote de la Llera, para finalmente ocupar en exclusiva este último lugar.

Especies como el combatiente (Philomachus pugnax) y los archibebes, sobre todo el archibebe común (Tringa totanus), se hacen mucho más frecuentes que en otros humedales del litoral cantábrico, llegándose a censar en la zona el setenta y el veinticinco por ciento, respectivamente, de los censados en la costa cantábrica. El primero parece preferir el área menos salina de la Charca de Zeluán a las marismas de la ensenada. Los segundos son frecuentes en ambos ambientes.

Además tienen presencia abundante el chorlitejo grande (Charadrius hiaticula), el chorlito gris (Pluvialis squatarola), el correlimos común (Calidris alpina) y la aguja colipinta (Limosa lapponica). En la charca crió durante varios años la gallineta (Gallinula chloropus), sin embargo hace años que no se detecta nidificación, posiblemente debido a la predación de zorros sobre las polladas.

 

Gastronomía típica del Concejo de Avilés

En su oferta culinaria descuellan los estupendos guisos a base de todo tipo de pescados y mariscos; no hay que olvidar que el puerto pesquero de la ciudad es el primero de Asturias y uno de los más importantes de España en volumen de capturas. La merluza a la avilesina es el aporte local a la excelente gastronomía marinera regional. Otras especialidades muy a tener en cuenta son los pimientos rellenos de manos de cerdo, la sopa de pescado, la caldereta, las sardinas al vino, la ternera guisada con «arveyos» (guisantes), y en repostería, el bollo escarchado de Pascua, una tarta de tipo capuchina, las marañuelas de Avilés y el arroz con leche, entre otras dulcerías.